EDITORIAL

Malvinas y el petróleo

 

La política diplomática exige que un reclamo justo sea tratado con procedimientos apropiados. Si este principio vale en general, con más razón mantiene vigencia en lo particular y, en este caso, lo particular es el reclamo de la Argentina por la soberanía de Malvinas. En principio, estimamos que hay que decir que la protesta de la Argentina por la exploración de reservas petroleras en las islas es justa, pero conociendo los antecedentes en la materia hay que agregar que esa protesta no puede transformarse en un recurso demagógico o en un argumento para incitar el belicismo o el nacionalismo en sus peores variantes. A quienes no están convencidos de estos argumentos procedimentales habría que recordarles que la carta bélica ya la hemos jugado con el resultado conocido.

Una diplomacia inteligente debe concitar no sólo el apoyo de los países latinoamericanos, sino la neutralidad, aunque más no sea, de las grandes potencias. Asimismo, a nadie se le debe escapar que el mundo está cambiando aceleradamente, el centro de gravitación económico internacional gira hacia el Pacífico, lo que representa un escenario favorable para nuestro reclamo.

Por su parte, el liderazgo de Brasil en la región demuestra que su solidaridad con la Argentina es, al mismo tiempo, la solidaridad con su propia causa. El discurso de Lula de alguna manera reflota la doctrina Monroe, pero esta vez a favor de Brasil. La consigna del presidente carioca muy bien podría traducirse en los siguientes términos: América para los brasileños o, por lo menos, para América del Sur.

No es un secreto para nadie saber que Itamaraty reclama que Brasil se incorpore al Consejo Superior de las Naciones Unidas. Este pedido lo viene haciendo desde hace rato y, a medida que pasa el tiempo, es cada vez más insistente. Su discurso del otro día apunta en esa dirección. Hablar de un orden diferente del establecido después de la Segunda Guerra Mundial implica naturalmente que Brasil debe incorporarse a ese orden en su flamante condición de gran potencia.

Tampoco se ignora que este país viene realizando exploraciones en su plataforma continental para extraer petróleo y que, hace unos meses, le ha hecho un ofrecimiento a la Argentina para realizar en nuestra plataforma una exploración en conjunto. Esta estrategia responde a la demanda del petróleo mundial, aunque se entiende menos la pasividad de la Argentina, resignada a jugar un rol abiertamente subordinado en la región.

Puede que la solidaridad de Brasil con la Argentina sea sincera, pero es en primer lugar -como corresponde a toda política de gran potencia- una solidaridad con sus propios intereses nacionales. Los brasileños no quieren que Inglaterra explote el petróleo en esta región porque ellos aspiran a cumplir con esa tarea. La situación es compleja y los intereses en juego son grandes. En ese contexto, las retóricas sentimentales tienen poco lugar, porque lo que importan son los hechos y las estrategias que apunten a modificar en un sentido o en otro las actuales relaciones de fuerza.