Al margen de la crónica
Al margen de la crónica
Marzo
Empieza marzo y con él despierta en nosotros esa sensación de que los engranajes de la rutina anual (ya aceitados en febrero) se ponen en marcha. Las clases empezarán (o deberán empezar en algún momento); se retoma la actividad judicial, legislativa y deliberativa; las mesas de exámenes en las facultades dan sus últimos turnos antes del ciclo académico. Vuelven de a poco a acomodarse las piezas de un cierto orden establecido.
Da un poco de miedo marzo. Tiene eso de cuenta regresiva (el año es corto y pasa rápido, piensan los más ansiosos y obsesivos, presos de la tiranía del calendario). Y ya no nos queda otra que empezar a asumir los desafíos personales asumidos en aquellos íntimos juramentos de fin de año (en 2010 dejaré de fumar, o comenzaré el gimnasio, o me haré los chequeos médicos pendientes, y un largo etcétera). No hay más margen: llegó el momento de afrontar las promesas autoimpuestas.
Es cierto que en ciernes, el 2010 no tiene nada de alentador (a juzgar por las variables económicas, los aumentos de impuestos, el bolsillo escaso, los paros, etc.). Pero esa sensación permanente de crisis (un agente patológico muy propio del código genético del ser argentino) tiene su contracara auspiciosa: la esperanza de la oportunidad. Y esa necesidad de envalentonarse y sacar pecho ante el año y guapear: “Este año debe ser el mejor”, nos tratamos de convencer.
Pero -es bueno recordarlo- lo bueno no nos aparecerá por un golpe de suerte, ni por un giro del destino, ni porque la buena fortuna está de nuestro lado. A lo bueno habrá que buscarlo incansablemente, con la pasión del compromiso hacia un proyecto, la constancia y el convencimiento de que lo que afrontamos vale la pena. Tendremos entonces que arremangarnos y empezar a gastar las suelas de nuestros zapatos. Habrá que trabajar, y mucho. No hay misterios.
Marzo es el mes donde comenzamos a reparar errores, a tomar revanchas pendientes de batallas perdidas, a resolver asuntos que nos quedaron a medio terminar, a poner en orden nuestro papeles. Sugerencias: plazos cortos, objetivos accesibles; racionalidad y prudencia en las decisiones; aperturas hacia en otro (el individualismo nunca es buena guía). Seguridad sin arrogancias. Humildad sin gestos falsos. Marzo es, de una u otra forma, el inicio de una nueva oportunidad.