llegan cartas
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50 años de médico
Dr. Juan Carlos David
Diplomado como médico el 1º de marzo de 1960
Señores directores: 50 años es un largo trayecto en la vida del hombre.
50 años de médico es un más largo trayecto, pero compartido con quienes confiaron en la ciencia y arte del mismo.
Y es un buen momento para agradecer.
Agradecer primero a la Argentina, que cobijó a mi padre adolescente venido de la lejana Siria y, pese a ser semianalfabeto en dos idiomas, le permitió aprender el oficio de panadero, y en la hermosa Santa Rosa de Calchines, conocer a mi madre, criolla de pura cepa, amarla y formar la familia de la cual provengo.
Agradecer a la estructura de Educación de mi Argentina, que permitió que, pese a los modestos recursos obtenidos por mis padres, trabajando de sol a sol, pudiéramos los tres hermanos llegar a médicos, culminando el circuito virtuoso del trabajo honrado.
Agradecer a la estructura de la Salud Pública de mi Argentina, que permitió que solamente por mérito a mi trabajo y capacitación pudiera escalar en mi carrera burocrática, desde el menor cargo en su estructura hasta ministro de la misma, en mi querida Santa Fe.
Agradecer a la Universidad de Rosario, y especialmente a la Universidad del Litoral, que abrieron las puertas a mi vocación docente, cumpliendo cabalmente con la oración de Maimónides, que me impuse personalmente, y el juramento de Hipócrates, sobre el cual juré.
Agradecer a todos mis alumnos, con los cuales pude establecer la difícil relación de amigo y consejero mientras respetábamos a ultranza la de profesor-alumno.
Agradecer a todas las escuelas, donde pude establecer contactos con los niños, y permitirme aprender sobre sus vidas y vivencias, mientras compartían mis inquietudes sobre su desarrollo.
Agradecer a este diario y a todos los medios audiovisuales, que me honraron, permitiéndome difundir mi opinión y experiencia, sobre todos los temas que pudieran interesar a la opinión pública.
Agradecer a mis amigos, los que lloraron y rieron conmigo, sin importar otro interés que nuestro mutuo apoyo en las buenas y en las malas.
Agradecer a mi esposa, ausente sólo en lo físico, que soportó estoicamente todas las tribulaciones que le impuse, y que prácticamente crió sola a 4 hijos, excelentes personas y honestos ciudadanos, que, aparte de satisfacciones, me dieron (hasta ahora) 8 hermosos nietos, que serán nuestra prolongación.
Y, finalmente, agradecer a todos los padres con los que tuve el privilegio de compartir, confiando en mi ciencia y arte, el cuidado y desarrollo de lo más valioso que puede tener un ser humano, tal es un hijo.
Éste es un buen momento para agradecer, y para lagrimear sin pudor, como estoy haciendo, cuando pienso que he cumplido cabalmente lo que me impuse a los 24 años de edad: encarar mi profesión con humanidad, humor y humildad.