Contra el maltrato equino

M. Cristina Pagani e Indiana Grilli.

Presidente y secretaria Asociación para Erradicar el Maltrato Equino.

Señores directores: SOS Caballos es una asociación sin fines de lucro, formada recientemente con el único objetivo de trabajar para la erradicación del maltrato equino y la tracción a sangre animal.

Es nuestra intención, difundir la asociación y nuestro trabajo, como así también, la problemática que nos ocupa. Por esta razón nos dirigimos a ustedes para difundir la creación de esta asociación.

Los pájaros, III

Rubén Elbio Battión

¿Qué extraño pájaro revolotea en mi interior? ¿Será porque los pájaros son la poesía del aire? Con las viejas plumas, antes, se escribió la historia; con las nuevas, hoy, se ofrece el paisaje de la libertad. ¿Me regalarán los pájaros el salmo final? Ellos nos deleitan con sus zigzagueantes acrobacias en el aire, lo penetran, lo sacuden, lo gozan... Aún en sus jaulas, bendicen al sol. Desde ella miran las lejanías de la vida y mantienen los cantos del infortunio; pero también tienen sus trinos el florilegio del saludo: ¡Buenos días, luz!

¿Quién no ha tenido un pájaro entre sus dedos y no ha sentido su corazón apresurado? Se explica: apresar un pájaro es tener un espejo roto en la raíz del alma. En cambio, soltar un pájaro es sembrar un interno rubor de felicidad, para lograr dos pentagramas felices. Cuando llega la noche, las estrellas velan sus descansos y sus sueños. Ellos no lloran porque las lágrimas quedan en las estalactitas de sus almas. La nieve nunca enfría sus corazones, pues el resplandor del fuego injerta tibiezas en sus plumas. Nada turba su soledad; ellos saben esperar. Nada turba la soledad del hombre: ellos saben rezar.

Los pichones inician el fuego de la vida, y los nidos quiebran los azotes de la intemperie. Los niños crecen en las hamacas maternales, y en los pechos de mamá titila la salud segura. Todo es armonía en natural amparo, y todas las fortalezas son las palmas de Dios en protección creciente. Sus trinos ponen miel al silencio de mi alma y su compañía quiebra dulcemente mi inveterada soledad.

“Dejad que los pájaros vengan a mí”, que sus plumas de algodón rocen mis manos callosas, y su eterna juventud suavice mi ósea senilidad. Que yo aprenda a morir en fecundo silencio y en serena lejanía, con una sosegado apartamiento bajo el amparo de Dios. Morir como los pájaros, con las alas tibias para un corazón de frío, sin lágrimas ni arrepentimientos, con el alma transparente rodeada de luz y esperanza, recogido en mí con el resumen de un paisaje de viejos afectos y natural policromía. Solo. Con Dios.

Amigos, ¿habrá un árbol celestial que cobije también las almas de los pájaros?