Revelaciones inéditas

Marilyn y JFK, a la altura del suelo

Un periodista francés, Francois Forestier, se ocupa en su libro “Marilyn y JFK” de bajar a una patética realidad a dos personajes mitológicos del siglo XX: John Kennedy y Marilyn Monroe, que mantuvieron una relación enfermiza y trágica, sobre todo para ella.

Catalina Guerrero

Agencia EFE

“Es hora de desmitificar una época”, escribía James Ellroy en “América”. François Forestier se lo toma al pie de la letra para bajar del pedestal a Marilyn Monroe y a John Fitzgerald Kennedy, dos “monstruos de egoísmo, de locura, de poder y de dinero”.

El idilio entre la estrella de Hollywood y el presidente de Estados Unidos lo conoce todo el mundo, pero la relación que mantuvieron durante una década nunca había sido contada en detalle hasta que el escritor y periodista francés François Forestier la ha puesto blanco sobre negro en el libro “Marilyn y JFK” (Aguilar).

“Para mí, la historia de amor, si se puede llamar a eso así, de John Kennedy y Marilyn es una historia entre dos monstruos completos, de egoísmo, de locura, de poder, de dinero. Pero por momentos, hay pequeños claros en esa noche negra, un poco de humanidad, y es eso lo que me conmueve”, explica Forestier en entrevista con EFE.

Analizados con lupa, estos dos mitos del siglo XX son “patéticos”, dice el periodista de “Le Nouvel Observateur”, quien considera, no obstante, que el “patetismo” y el “absurdo” son los principales ingredientes de la condición humana.

Si algo tuvieron en común Marilyn y JFK fueron “dos malas vidas”, asegura Forestier. Ella debutó en un mundo “sórdido”, del que nunca saldría. Era una “manipuladora”, “una prostituta”, que se inventó la historia de “niña huerfanita con necesidad de afecto”. En público, es “deslumbrante y sexy”, el resto del tiempo es Norma Jeane, “una chica que se desprecia, que no se lava, que se muere del terror incontrolable que le provoca la cámara” y que “se atiborra de productos químicos”.

Él, aquejado del Mal de Addison, de su eterno dolor de espalda y de enfermedades venéreas reiteradas, “también está cebado con medicamentos”, un médico le inyecta “anfetaminas a grandes dosis”, también toma cocaína y más adelante probará el LSD, según Forestier.

Es, además, el “Speedy González del erotismo”, un “eyaculador precoz”, se pasa “la mitad del tiempo pensando en mujeres y la otra mitad acostándose con ellas”.

No tiene vocación de servicio público, lo único que le gusta son los juegos de poder, y llega a la Casa Blanca gracias al dinero de su padre, Joe Kennedy, “un verdadero gánster”.

De alguna manera, según Forestier, esos dos estaban hechos el uno para el otro y “quizá -concede- se amaron”.

La obra

Dividido en dos partes, “El ascenso de Marilyn” y “La ascensión de JFK”, el libro, que contiene “cero de ficción”, según su autor, comienza con la descripción milimétrica del asesinato de JFK en Dallas el 22 de noviembre de 1963.

Y concluye el 4 de agosto de 1962 en Los Ángeles, con Marilyn muriendo “como había vivido: a la deriva. Desnuda, sujetando el auricular, con pastillas al alcance de la mano, en una casa vacía, sola”, víctima de una sobredosis de barbitúricos.

Unos dos meses antes, el 24 de mayo, seis días antes de su cumpleaños 36, Marilyn había recibido la llamada de Peter Lawford, el cuñado de JFK que surtía al presidente de mujeres de Hollywood.

“Marilyn, sólo has sido un polvo para Jack”, cortó de cuajo Lawford ante la resistencia de la actriz a la orden de que no debía ponerse más en contacto con el inquilino de la Casa Blanca.

Unos días después, el 8 de junio, fue despedida por la 20th Century Fox. Su carrera había acabado.

Y el último fin de semana de julio, en vísperas de su muerte, fue violada por uno de los mayores enemigos de los Kennedy, el mafioso Sam Giancana, y uno de sus hombres. La escena fue fotografiada. Frank Sinatra quemó las fotos con su mechero.

Entre este trágico final y el primer encuentro de Marilyn y JFK sólo habían transcurrido ocho años. Él era un joven senador, ella, que ya era una de las mujeres más deseadas del mundo, le dio un papelito con su número de teléfono.

La primera cita de este romance la preparó Peter Lawford, “guapo, divertido, encantador, pero mediocre y que siempre vivió a la sombra de alguien”.

La última noche la pasaron en el hotel Carlyle, de Manhattan, para cerrar la memorable velada en la que Marilyn le cantó el lascivo “Happy birthday” a “The Prez”, como le llamaba cariñosamente a JFK, con motivo de su 45º cumpleaños.

Marilyn y JFK, a la altura del suelo

Reunir a John y Marilyn para una foto fue posible solamente en las figuras de cera que se realizaron para el Museo de Madame Tussauds de Berlín. En su libro, Forestier describe a los personajes como “dos monstruos completos”.

Foto: Archivo El Litoral