Llegan cartas

 

Detectar la sordera

 

Lilia Beatriz Santander de Ayala.

DNI: 2.078.555.

Señores directores: En El Litoral del 13/4/10 leí una noticia que me llenó de alegría y por la cual felicito al gobierno provincial, respecto de proveer al hospital Alassia de un equipo de Potencial Evocado Auditivo.

Sabemos que este aparato permite descubrir tempranamente la sordera. Además, al estar en el hospital público, puede llegar a toda la población.

Quienes trabajamos con niños sordos (ya desde 1951) hemos comprobado que, contando con un diagnóstico temprano, orientación médica especializada y una asistencia educativa adecuada y oportuna, el niño sordo puede desarrollar su lenguaje y lograr una buena comunicación.

Antes nos llegaban los alumnos cuando los padres advertían que no hablaban, generalmente después de los dos años. Entonces ya habíamos perdido demasiado tiempo.

A pesar de esas limitaciones, hoy sabemos de ex alumnos que se desempeñan como seres socialmente integrados, buenos trabajadores y buenos ciudadanos.

Felizmente, desde ahora, los bebés sordos podrán ser equipados con audífonos antes del año, con todos los beneficios que esto representa.

Agradecimiento

 

Carlos Pezzone Piazza.

DNI: 8.322.407.

Señores directores: Carlos Pezzone Piazza agradece a la enorme cantidad de donantes de sangre, amigos, conocidos y anónimos que ayudaron a superar una situación extrema de salud, lo que, si bien originó la pérdida de un miembro, pudo salvar su vida, lo que demuestra la enorme solidaridad de nuestro pueblo.

Agradece también a los médicos, enfermeras, mucamas y todo el personal en general del Sanatorio Diagnóstico, que han demostrado su altísima profesionalidad.

En el nombre del padre

 

Ana María Piedrabuena

Ay, qué de cielo tus manos esta tarde./ Ay, tanto viento ajado entre las rosas./ Canta, niña, tu nana balbuceante.// Padre: es de espuma la voz, y hay disparos de mar en el silencio./ Sin velero, sin rosa de los vientos: ay, son de la memoria rebelada;/ Pregona, corazón: qué zozobra de albas y horizontes y de alta gaviota ya olvidada.// Danza, niña, distancia y claridad, en ventanas al verde de la siesta./ Pequeña vagabunda entre jazmines: ay, guantes sin conejo y sin galera./ Es de nube el mirar que te reclamas. Tiene cielo y azahar tu madrugada.// Padre: ya no hay cáliz ni sangre: apenas un gorrión guardián y desalado,/ sobre página entera y prometiente, con milagros de tintas acalladas./ Hay secretos caminos que no encuentran. Voluntad de hormiga en la llovizna.// Padre es de estrella y de arena esa palabra que acaso no deseaste./ Canta, niña, tu nana repetida, como si hubiera fuego en la ceniza./ Baila, incesante cántaro sin manantial cercano. Celebra al colibrí que te acompaña.// Ay, qué pena tan antigua de barca hendida en ocaso de bruma y desafío./

En qué espejo, con qué nombre decir: -tal vez mañana, entre las olas.../ Ay, Padre: cristal del corazón sin amenaza. Calma, niña, tu endecha malherida.