Kirchner, Chávez y un trasfondo oscuro
Las denuncias sobre las presuntas coimas que debían pagar los empresarios argentinos que querían vender sus productos a Venezuela ha creado una situación que merodea el escándalo político, además de convertirse en un tema sobre el que la Justicia deberá dar su fallo.
Como es de prever en estos casos, los funcionarios del gobierno argentino no sólo han expresado su inocencia, sino que han denunciado una maniobra política en su contra, argumentos de fuerte carga retórica que no aportan nada nuevo al caso bajo sospecha.
La relación viciosa que el gobierno argentino mantiene con Venezuela hace rato que debería haberse despejado. Por el contrario, lo que se ha hecho hasta la fecha es ocultar, disimular y, en el último de los casos, acusar a la oposición. Cuando en su momento Antonini Wilson fue interceptado en la aduana argentina con una valija repleta de dinero, la respuesta del gobierno fue inapropiada desde todo punto de vista. Las versiones acerca de remesas de dinero para financiar la campaña electoral de Cristina Kirchner o para aportar a los movimientos piqueteros afines al oficialismo, nunca fueron desmentidas con argumentos convincentes.
Ahora sale a la luz otro escándalo, que demuestra que la relación entre Chávez y Kirchner tiene un doble carril: el formal pero esmirriado de la Cancillería, y otro, vigoroso e informal, ligado al Ministerio de Planificación. Las denuncias del ex embajador en Venezuela, Eduardo Sadous, son significativas. Los esfuerzos del ministro De Vido y de los principales operadores del oficialismo para desprestigiarlo o descalificarlo demuestran que el poder no está en condiciones de desmentir las acusaciones y por tanto recurre al insulto, la calumnia y, en definitiva, la mentira.
Para encontrar algo parecido hay que remontarse a José López Rega, quien como ministro de Bienestar Social de los sucesivos gobiernos justicialistas de Héctor Cámpora, Raúl Lastiri y Juan Perón, tenía a su cargo las negociaciones petroleras con Libia.
La Justicia, de todos modos, será la que tenga la última palabra; pero desde el punto de vista político y diplomático lo que sucede es de una irregularidad tal que avergüenza. Las relaciones entre Chávez y los Kirchner suelen justificarse en nombre de la ideología. Según este “relato”, Kirchner y Chávez encarnan proyectos emancipadores en América Latina, aunque la realidad, la pobre y obstinada realidad, no es tan condescendiente y muestra claras huellas de negocios y codicia.
Quienes intentan justificar lo ocurrido relativizan la situación diciendo que corrupción hay en cualquier gobierno y que ningún empresario debería escandalizarse porque le cobren un “diezmo” para hacer negocios en el extranjero. Los que así razonan no hacen más que poner en evidencia la naturaleza cínica del poder que ejercen y una lógica contaminante que sólo puede llevar al aniquilamiento de la confianza pública y un gravísimo daño al sistema democrático.




