Comparaciones
José María Chartier.
DNI: 6.191112. Ciudad.
La pasión sin el saber, es ciega; el saber sin la pasión, es vacío.
No perdamos a la gente que queremos; a la larga nos puede afectar y hacer daño.
En un sistema democrático no puede haber dictadores. El amor no tiene cura y es la medicina para todo mal.
En la vida hay una sola cosa; poder trabajar para seguir viviendo. Hoy, en un Estado de Derecho, el Derecho es torcido. En política no hay persona perfecta sin educación, nada de todo lo maravilloso de la naturaleza se puede apreciar y disfrutar. Abriendo las fronteras del mundo, se encontraría el hombre con el hombre. El amor debe ser una solución, no un problema. Siendo humilde comprenderás y perdonarás todas las agresiones. La avaricia degrada al organismo. La educación es el cimiento de la vida y del amor. Lo constructivo queda, lo conversado pasa. A veces me pregunto qué sería de mi vida sin mí.
En todos los problemas la solución creará nuevos problemas. Si tenemos desconfianza, nunca llegaremos a tener fe en la vida. No temblar, a pesar de los años. Todas las calles tienen una evocación distinta.
Si no te sigues a ti mismo, no sigas a nadie. Quien no vive la felicidad no vive la vida. Quien puede trabajar debe sentirse un privilegiado. Para estar bien despierto, hay que estar bien dormido.
Nosotros somos un país que actúa con furor, nos falta el sentido de la continuidad.
Las disposiciones duran quince días, luego se encajonan. Al quedarnos callados el conformismo se apodera de nosotros. En los tiempos de crisis volvamos la vista un poco hacia el pasado; quizás encontremos el resultado del porqué estamos como estamos.
La promesa de los poderosos nunca llega a los más débiles. No busquemos los problemas, ellos vienen solos.
Si morimos en paz, valió la muerte.
Las flores se humedecen con las lágrimas del rocío.
Cual ajedrez
Dolly Campana
LC: 10.049.195.
El tablero de la vida, cual tablero de ajedrez, está repartido de tal manera que los peones llevan siempre las de perder, apurados por los caballos que les imponen su temor haciendo caso a las torres, con las leyes de rigor, dictados por los alfiles cuidadores de los reyes, que van y vienen con soltura, cual políticos en la tribuna. Se juega la partida y todos piensan en comer, pero quienes siempre quedan devorando a la población son los señores reyes, que sin mucho pensar evitan el jaque mate para poder siempre ganar.




