CONFERENCIA

Osvaldo Bazán: “Cuando se habla de monopolio, me suena a cinismo”

DE LA REDACCIÓN DE EL LITORAL

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La propuesta fue “jugar a una conferencia de prensa, a que vino alguien con quien podemos coincidir o discrepar, y ver cómo construimos algo. Juguemos a abrir los ojos y los oídos”, invitó Serruya. Fue el disparador para que estudiantes, docentes y trabajadores del periodismo y de la locución intercambiaran ideas con Osvaldo Bazán. La sede fue el Instituto Nº 12, de Saavedra 3076; la escenografía: un sofá blanco y una mesa ratona.

Recuerdos de la infancia, de su deseo siempre claro de ser periodista, de los viejos que fruncían la cara y proponían Medicina o Abogacía, de la suerte que vino a darle el empujón y lo llevó a meterse dentro de la radio que escuchaba la madre: Bazán habló de su historia de 46 años y después pidió preguntas, incómodo ante la situación de cientos de miradas expectantes.

“Cuando iba a Santa Fe o a Rosario, para mí era como ir a Hollywood. Todos los datos de la biografía indicaban que me podía ir mal. Encima, tenía algunos problemas en la vida privada, mi sexualidad rara...”, recordó. Hasta que se fue a La Plata, se sentó en un aula y escuchó la palabra de un docente, de esas que quedan bien grabadas: “Todos ustedes están más cerca del fracaso que del éxito”.

“Pensé: o me largo a llorar, y se enteran todos, el primer día de clases, de que soy maricón; o hago lo posible para que lo que el tipo está diciendo sea mentira”, contó. Hizo lo posible: desafió el presagio.

“Seguramente a ustedes les habrán dicho: cómo vas a trabajar en un medio, si no conocés a nadie, y es todo una transa. Lo que puedo decirles es: va a depender de ustedes, en gran parte. Si cuando presentan un currículum lo hacen con errores de ortografía, va a ser difícil empezar. Es medio básico lo que estoy diciendo, pero pasa, y a mí me asombra. Hay algo que no necesariamente tiene que ver con la formación que pueden dar los institutos, sino con el propio interesado. No es imposible trabajar en un medio, no es cierto que estén más cerca del fracaso que del éxito. Pero sí depende mucho de la voluntad que le pongan”, sostuvo.

EN EL MISMO LODO

“Estamos en un momento donde el periodismo está muy vapuleado: se habla de nosotros como simples mercenarios que hacemos lo que los dueños de los medios quieren. Eso no es necesariamente así. Yo estoy trabajando en medios desde 1984, en todo tipo de medios, desde radios comunitarias (de esas que son la chapa, el micrófono y el aire) hasta otros lugares. Uno siempre sabe que tiene intereses y deseos que no siempre coinciden con los del dueño del medio en el que trabaja. Digo: ni con la dueña de Clarín, ni muchas veces con el tipo del barrio marginal en el que trabajaba. Son otros intereses, y están en tensión siempre. Nuestro interés no es ser dueños de medios, sino ser periodistas”, dijo.

“En ese sentido, uno sabe cuáles son los límites entre los que se puede manejar, y todos los días trabaja contra esos límites, trata de superarlos, trata de ver de qué manera es más inteligente que aquellos que ponen esos límites. Uno no está obligado a decir aquello que no quiere decir”, insistió.

“No es cierto todo este discurso que se ha instalado. Tengo un montón de amigos que trabajan de esto, desde hace muchos años, en Rosario, en Buenos Aires, en Córdoba, en Mar del Plata, en Mendoza: el universo del periodismo argentino no es así como se pinta en este momento”.

NATURALEZAS

“El diario es el espacio de reflexión, un lugar que no tienen la radio ni la televisión. Soy bastante desencantado de la tele en general: me parece que por la propia naturaleza del medio, allí el periodismo sólo puede ir en cuentagotas. Cuando trabajás en un diario, ponés cinco diarios ahí, y el tipo elige. Cuando hacés periodismo en televisión, el tipo cambia de canal y está Susana Giménez: tenés que enfrentarte con el entretenimiento necesariamente porque, si no, no te miran. Y si no te miran, no sirve de nada lo que hagas. El equilibrio es muy embromado. Hay que ser muy creativo para que una charla, un debate, una entrevista puedan ganarles a todas las otras opciones que la tele te ofrece”.

El periodista dio una charla en el Instituto Nº 12. Frente a estudiantes de periodismo y locución, habló de su experiencia y del panorama actual de los medios.

Periodismo de periodistas

“Hoy estamos en una carnicería que no nos conduce a nada: las barbaridades que decimos de nosotros mismos no nos sirven. Nos conocemos, al menos en Buenos Aires, todos sabemos quiénes somos.

“Yo estoy de acuerdo con el periodismo de periodistas, me parece democrático. No puede ser que nosotros hablemos de los conflictos que hay en cualquier otro gremio, y no de los nuestros. Eso es una cosa. Ahora, el ataque personal todo el tiempo, con el sumario en la mano (“vos trabajaste en tal lado, vos trabajaste en tal otro”), nos hace mucho mal.

“Además me parece que tenemos mucho vedetismo, sobre todo las figuras más reconocidas; y que nos importa mucho el aplauso. Una de las cosas que más censura produce, y que jamás se dice, es el público. El público está esperando que vos digás determinada cosa, y no te permite decir otra. Si yo, como periodista de espectáculos, digo: “Serrat hace veinte años que no hace un buen disco’; “Les Luthiers hace veinte años que no tienen un chiste nuevo’, me matan. Eso no se puede decir: el público lo determina.

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El encuentro estuvo organizado al modo de una conferencia de prensa. Fue moderado por el profesor y periodista Ricardo Serruya.

Foto: GENTILEZA PRODUCCIÓN

Malas palabras

“Cuando yo empecé a trabajar en televisión, decir homosexual era un insulto. Hoy es un insulto decir homofóbico: fue un aprendizaje que tuvieron que hacer los medios”. Su condición de gay apareció en la charla a modo de chistes, anécdotas, preguntas.

“La sociedad ha cambiado mucho, y va a cambiar mucho más. En 2002 yo dije que los de TVR eran nazis, porque eran absolutamente homofóbicos. Rápidos de reflejos, Claudio Morgado y Fabián Gianola me invitaron al programa. Cuando finalizó me pidieron un puntaje, y yo dije, en tono de broma: les pongo tres. No les gustó, y casi no me saludaron. Pasaron diez años: uno de esos conductores hoy es director del Inadi. Lo cual habla muy bien de él, y de la sociedad que tenemos. “Yo aparecí como “puto famoso” en una tapa de la revista Noticias, donde hablaba de la “salida del closet” de gente conocida. Ahí yo decía que era gay”.

“No me molesta que la tele muestre al gay como una loca desaforada, porque también hay locas desaforadas, que tienen todo su derecho a serlo. En ese punto tenemos un poco de homofobia los mismos homosexuales. Lo que me molesta es que sea la única muestra que hay: que no haya otras”.

Perfil

Nació y vivió hasta 1982 en Salto Grande, 50 km al norte de Rosario. Estudió periodismo en la Universidad de La Plata. Desde 1984 hasta 1995 trabajó como periodista en Rosario en radio, televisión y diarios. En 1996 se radicó en Buenos Aires, donde trabajó para los diarios Página/12 y Perfil. Fue redactor de las revistas Noticias, Espectador y Veintitrés. Condujo los programas “Se fueron todos” y “Tenemos que hablar”, en TN. Fue columnista del programa Mañanas Informales, con Jorge Guinzburg y Ernestina Pais. Publicó tres novelas: “Y un día Nico se fue” (2000), “La más maravillosa música una historia de amor peronista” (2002), y “La canción de los peces que le ladran a la Luna” (2006). En 2005 publicó “Historia de la homosexualidad en la Argentina, de la Conquista de América al Siglo XXI”.

Punto por punto

La pauta oficial. “Los nuevos medios en la Argentina, los que no son hegemónicos, necesitan -y esto es grave- publicidad oficial. Página/12 tuvo, en todo 2009, 115 mil pesos diarios de publicidad oficial. Crítica, 5.000 pesos diarios. Un diario como Página, para existir, necesita tres millones de pesos por mes. Eso da, al año, 36 millones. El año pasado el Estado puso en ese diario 40.600.000 pesos. Me pregunto si es un diario privado; me pregunto hasta dónde tiene libertad.

Los multimedios. “Se está formando un multimedios, de un señor llamado Szpolski, que en 2002 tenía sólo un periódico universitario que cerró. Ahora es dueño de Radio Del Plata, las revistas Siete Días, Veintitrés y Newsweek, los diarios Miradas al Sur y Tiempo Argentino; saca muy pronto un canal de TV por cable: todos ellos son medios deficitarios a nivel económico; todos tienen el apoyo del Estado. Por eso, cuando se habla de los monopolios, a mí me suena a cinismo; así como hay que decir que Clarín es dueño de casi todo lo que vemos. Cuando entre esos dos grandes hay una guerra, el primero que pierde es la verdad.

La Ley de Medios. “En principio estoy a favor, porque era necesaria. Pero creo que haberla puesto en medio de esta batalla desvirtúa las cosas. Que no se haya incluido un solo párrafo respecto de la publicidad oficial es grave. El uso del gobierno para sacar solamente una ley antimonopolio la desvirtúa, en cierta medida, porque ya había una ley antimonopolio: se podría haber aplicado. El mapa de medios de la Argentina es retrógrado, y la ley puede ser que lo vaya a cambiar. Sin embargo, desconfío de las intenciones de unos cuantos de los actores. Además, pienso que no tenemos todavía, a nivel de comunicación, un Estado lo suficientemente libre como para separar medios oficialistas de medios oficiales. Me habría gustado que la ley hubiera sido más clara al respecto”.