En el Bicentenario
La agenda ambiental y el interés nacional
Fernando Ardura (*)
Los dos problemas más graves que caracterizan a la cuestión ambiental en la Argentina son de índole política: en primer lugar, la negligencia estatal y social; y en segundo lugar, la mentalidad colonizada de muchos funcionarios públicos y de un amplio rango del universo de las organizaciones no gubernamentales “ecologistas”.
Desde que tenemos memoria escrita, la historia nos muestra que hay conglomerados humanos que deciden sus destinos y otros a quienes el destino les es impuesto. Una Nación soberana, en el marco de la globalización, es aquella que tiene claramente identificados sus intereses nacionales, establece una agenda de objetivos acorde y ejerce voluntad política para alcanzarlos.
El abordaje de la cuestión ambiental expresa dramáticamente el problema de la carencia de voluntad estatal y comunitaria, y el de la soberanía en nuestro país, casi más que cualquier otra política de Estado, por la persistencia de una estrategia fundada en la vacuidad (de políticas públicas) y en la adquisición de “paquetes” ideológicos y tecnológicos en la feria del ilusionismo internacional.
Aparecemos acompañando el liderazgo internacional de Australia en la defensa de los arrecifes coralinos (que Australia tiene, pero Argentina, no), embanderándonos con Bolivia en la prioridad indigenista (0,7 % de la población argentina), participando de absurdas campañas antinucleares (afectando directamente los intereses nacionales) y criticando a la agricultura y a los “yuyos malsanos” que constituyen un factor clave de la riqueza de nuestro país.
La primera impresión es que se trata del reino de la estupidez; pero, no, estamos ante el reino de la mezquindad, promovido por la desidia y los intereses de círculo. La desidia de funcionarios que no tienen la menor idea sobre la temática ambiental y ejercen la conducción de los organismos técnicos ambientales, y el interés de esos mismos funcionarios y algunas ONGs locales que se ofrecen como “operadores” de las agendas de las ONGs internacionales.
¿Qué hacer para cambiar esta realidad?
En primer lugar, y si queremos tener futuro como Nación, debemos reconvertir ese mundo de decisión en el campo ambiental, como en el campo educativo, otro drama nacional.
No es difícil esa reconversión si hay voluntad política, porque la Argentina es el país con mayor capacidad técnica instalada de América Latina en materia ambiental.
Los cuadros técnicos que sobreviven en los pliegues de la administración pública, los que trabajan en el sector privado, los del Inta, los de Parques Nacionales, los del INA, los del Inti, los de las áreas de recursos hídricos, los de las universidades, las ONGs comprometidas con el interés nacional y las nuevas camadas de científicos y técnicos constituyen un reservorio que ya quisieran poseer algunos países desarrollados (y que posiblemente terminen poseyendo por nuestra “emigración de inteligencia”).
Ellos ponen en debate permanente e innovador la agenda ambiental nacional, y plantean las estrategias sectoriales que deberían conformar un programa. Sólo falta la voluntad política de cambiar la desidia y la compra de espejitos de colores (ideológicos y técnicos) por el aporte de la mayor potencia científico-tecnológica ambiental de la región: nuestro propio país.
Nuestra agenda ambiental
Debe estar signada por el interés nacional en el primer tercio del siglo XXI, dotando de sustentabilidad a un modelo de desarrollo combinado, que ya se está definiendo.
a) Como tercer proveedor global de alimentos agrícolo-ganaderos, deberemos tener una política enérgica de ordenamiento territorial para la conservación de suelos, de cuencas hídricas, de pasturas y bosques nativos; y como octava potencia mundial de recursos pesqueros, una clara estrategia de conservación del mar argentino. Sin conservación y manejo sustentable de nuestros recursos, avanzaremos rápidamente hacia su agotamiento y a la pérdida del soporte natural de nuestra producción.
b) Como país industrial intermedio, tendremos que apuntar a la reconversión tecnológica basada en la eficiencia energética, la reducción de gases de efecto invernadero, la producción de bienes y servicios certificados que nos permitan competir en el mercado internacional superando las barreras paraarancelarias de carácter ambiental impuestas por el mundo desarrollado, el reciclamiento de residuos, y la mitigación y supresión de los graves impactos negativos que sufre la gran cuenca hídrica del Paraná-Del Plata (70 % del parque industrial de nuestro país y 50 % de la población).
c) Como país de servicios tecnológicos, tendremos que desarrollar las áreas de biotecnología (ya somos líderes regionales) y de servicios ambientales, a nivel nacional y en el mercado mundial, creando una formidable y creciente fuente de riqueza y de empleo.
d) La diversificación de nuestra matriz energética, priorizando la innovación y el desarrollo de las tecnologías eólica, nuclear, solar, hídrica limitada, hidrógena, de residuos orgánicos y biocombustibles no alimenticios, nos permitirá el autoabastecimiento relativo, la exportación de tecnología, insumos y saldos, y la liberación relativa/progresiva de nuestra actual dependencia de los combustibles fósiles, reduciendo la emisión de gases de efecto invernadero.
e) Como potencia nuclear no armamentista, debemos ser parte del liderazgo global en el desarrollo de tecnología nuclear con fines pacíficos y en la innovación y el establecimiento de las salvaguardas ambientales del sector, volcándonos de lleno a un mercado regional y mundial que crece exponencialmente en su demanda.
f) La marca Argentina-Tango, en lo cultural, y Argentina Natural, se está convirtiendo en una de las más atractivas y sostenidas demandas del mercado internacional (la primera en América del Sur, superando a Brasil), lo que nos exige la protección de los paisajes naturales que constituyen nuestra oferta. Debemos desarrollar servicios turísticos sustentables, transportes no contaminantes, ampliar el sistema de parques nacionales, crear áreas protegidas provinciales, fomentar corredores ecológicos de bosques y humedales. Vendemos naturaleza y diversidad biológica, éste es el sector de la economía local que más puestos de trabajo generó en la última década.
g) Desde el punto de vista ecosistémico, nuestro país comparte el 50 % de sus recursos naturales, fundamentalmente biodiversidad y agua dulce, con sus vecinos limítrofes. Debemos plantear una política de manejo compartido de esos recursos con Chile, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, afianzando una política ambiental que refuerce el proceso de integración regional.
Si fijamos la agenda ambiental en los intereses nacionales, vamos a crear extraordinarias oportunidades de inversión, de innovación tecnológica, de empleo y de desarrollo sustentable. Y vamos a superar las calamitosas políticas extractivistas que agotan nuestros recursos naturales, contaminan nuestras fuentes de agua dulce y cuencas hídricas, expolian el mar argentino y destruyen nuestra riqueza minera, sin generar ningún beneficio a la comunidad nacional.
La agenda nacional deberá definir la responsabilidad argentina en el marco internacional y ante el cambio climático global que ya nos afecta:
a) Nuestro país deberá proponerse el liderazgo de la cuestión ambiental en América Latina.
b) Debemos asumir un rol activo en las diferentes convenciones internacionales ambientales de las que somos Estado-Parte (de jerarquía superior a las leyes nacionales), y no como ahora, que no asistimos a conferencias por falta de financiamiento.
c) Como Estado-Parte del Tratado Antártico y país clave por ubicación geográfica, debemos intentar crear un liderazgo asociado a Brasil y Chile, para la conservación y posible uso sustentable de recursos a futuro, y al desarrollo del ecoturismo en la actualidad.
d) La Argentina no puede seguir cruzada de brazos frente al cambio climático que afectará a nuestra comunidad nacional y a nuestra producción, haciendo alianzas con los países más pobres del mundo en la “denuncia” contra los países desarrollados y compitiendo con Haití y Bolivia en la asignación de recursos de cooperación.
Nuestro país debe elaborar una estrategia urgente para investigar y conocer los efectos en nuestro territorio, asociarnos con los países limítrofes en el emprendimiento y encarar las nuevas circunstancias climáticas, que implicarán inversión pública y privada en obras de infraestructura (adaptativas y mitigadoras) y cambios sustantivos en muchas áreas productivas. Es una responsabilidad nacional de impacto regional y global.
(*) Fundación Hábitat y Desarrollo




