Los caminos desconocidos

 

Por Nilda Somer

“Los ojos de lo fugaz”, de Leonardo Martínez. Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2010.

Los destellantes versos de Rilke que figuran como epígrafe (“Un anciano me dijo una noche/ que todos los caminos que no se conocen/ llevan a Dios”) son una efectiva apertura a estos nuevos poemas de Leonardo Martínez. Si no a Dios, los caminos nada frecuentados de estos textos llevan sin duda a un grado superlativo de la poesía argentina actual, de esa poesía que se despliega sin la pacotilla de prestigios extraliterarios y sólo conocedora de senderitos mellados, de esa poesía sólo comparable a los ritmos tan personales de los mejores poetas de la última poesía argentina, de Alberto Girri a Olga Orozco y a Jorge Leónidas Escudero.

En gran parte narrativos, de esa manera que Pavese preconizaba como salvación de la poesía moderna, Martínez recorre recuerdos de infancia, con esos personajes espléndidos que sólo puede donar la vida provinciana (“Había quince gallos y una gallina/ —¿Por qué una sola gallina entre tanto gallo?/ -preguntó mi abuela/ y respondió la Niña/ —¡Ay, mamacita/ no quiero que la pobre sufra/ como yo he sufrido!”).

Posible conversión

Leonardo Martínez

Belleza y verdad

Corremos persiguiéndolas

y seguro ellas quedaron atrás

Igual el amor que sentimos siendo niños

al canto de los pájaros

con la honda tensa listos

y la pedrada justo dándoles

en el corazón de su música

Marchitos ahora

no podemos restaurar lo perdido

Inaugurar quizás un mundo

donde pedrada corazón música verdad belleza

fueran agua donada

por el vendaval de la gracia