Sudor, el primer abono en la colonia

En los inicios de Esperanza la vida toma examen día a día a la vocación de los primeros agricultores. Las mangas de langostas los hacen trabajar duro para defender sus cosechas.

Sudor, el primer abono en la colonia
 

Las jornadas son intensas, de mucho trabajo y el sudor que ocasiona el calor de diciembre en los hombres cae en gruesas gotas y es absorbido por la tierra que estos remueven, dejando hoyuelos más oscuros en el ya oscuro humus de la pampa.

 

Hugo Zingerling / Campolitoral // [email protected]

Calor en Santa Fe. En los campos todavía se huele el aroma del trigo recién cortado en pleno diciembre y se siente el ensordecedor ruido de las chicharras en los calores del verano. Los colonos transitan los campos de labor de la colonia Esperanza, mientras un leve viento sur un poco más fresco le da un respiro cuando el calor los sofoca.

Corre el año 1858. Es Diciembre. Apenas han transcurrido dos años de la instalación de la Colonia. El fabuloso asentamiento agrícola que se pone a prueba en Santa Fe, es un inmenso rectángulo de 9260 varas de frente al Norte por 11590 varas de Norte a Sur. Se divide en dos secciones (la Este de habla francesa, la Oeste de habla alemana, después de haber tirado en suerte esta disposición), separadas en el medio por un “listón” de terreno de aproximadamente 4 cuadras de frente o ancho al Norte y al Sur, por 11590 varas de largo de Norte a Sur.

Durante 1856, han arribado desde Suiza y Alemania en su mayoría, 200 familias para fundar y poblar la Colonia. Son cerca de 1200 personas entre adultos y niños, ya que cada familia o grupo debía tener 5 integrantes como mínimo. Resaltan los surcos imperfectos por la siembra a mano y el laboreo tosco, que supone hacerlo con arados de palo o de madera, ya que muy pocos tenían arados de hierro aún.

No todo lo sembrado es trigo. Hay también plantíos ralos de maíz, un poco de plantas de porotos, algunos de papas y otros cultivos que más tarde se dejaron de sembrar, pues la experiencia aconsejó que estas tierras no eran aptas para ellos, como son el caso del tabaco, el algodón y el maní que dieron como resultado un rotundo fracaso.

A trabajar

Por ese entonces dirige los destinos de la Colonia Adolfo Gabarret. Él es el Juez de Paz y máxima autoridad. Supervisa la evolución de la Colonia como representante del Gobierno Provincial y en ello pone todo sus esfuerzos. Recorre frecuentemente los campos, observa el trabajo de los colonos. Cuando alguno de ellos quiere dejar su sitio y rescindir el contrato de colonización, busca algún reemplazante que reúna mejores condiciones relativas para el trabajo, que el que intenta ausentarse, si antes no logró convencer al desmoralizado para que continúe.

El 16 de diciembre, la calma de Gabarret se ve inquietada. Un acontecimiento inesperado se ha presentado en las cercanías de la comarca, hecho del cual ha sido “anoticiado” de inmediato por algunos colonos. Un día le comunican que han salido inesperadamente del monte densas mangas de langostas enderezando para el Este de la colonia. Decide obrar con rapidez, para salvar los cultivos, ya que si son devastados será el acabóse para muchos. Sin perder más tiempo, se lanza con su caballo al galope y comienza a recorrer las concesiones buscando gente para preparar una defensa eficaz contra las langostas. Cavan zanjas y abren surcos para protección y para destruir las langostas que cayeran allí. Las jornadas son intensas, de mucho trabajo y el sudor que ocasiona el calor de diciembre en los hombres cae en gruesas gotas y es absorbido por la tierra que estos remueven, dejando hoyuelos más oscuros en el ya oscuro humus de la pampa, que en cada nueva palada se ve conquistada.

Los que ya están trabajando, aunque lo hagan como cíclopes, son solo hombres y su labor no alcanza. Gabarret se da cuenta que debe conseguir el concurso de un contingente más numeroso, más activo; además de necesitar que se trabaje con método, con sistematización. Después de cada jornada, animales y hombres vuelven sucios y cansados y solo esperan el agua fresca que sacan de lo más profundo de sus pozos mientras el sol, hacia el oeste, es apenas es un reflejo tenue en el horizonte plano de la llanura santafesina. La magnitud de esta manga de langostas es tal que ocupa una extensión de legua y media. Por ahora están al Norte de la Colonia, gracias a la providencia aún fuera de ella”(*).

Salto al futuro

Esta historia, replicada por cientos a lo largo de toda la colonia se repetirá todavía un siglo más. Ya en la década del 60, la provincia vivirá el apogeo de las metalmecánicas. Las marcas clásicas como Vassalli Fabril, Bernardín, Rotania (de Sunchales) y Araus, entre muchas otras.

Los veinte años siguientes (1955-1976), son los momentos de los grandes cambios bajo la superficie. Se incorpora maquinaría y crece el uso de agroquímicos y fertilizantes. En 1970, el trigo pega un salto tecnológico al lograrse el cruzamiento del germoplasma argentino con el mexicano, y la soja comienza a ganar espacio. Las dos décadas que siguen son las de un impresionante salto productivo que triplica la cosecha argentina.

En los 80’, la soja desplaza al maíz y al girasol como principal cultivo de verano. La siembra directa va ganando cada vez más lotes y llega al 60% para 1990.

En 1996 se inscriben las primeras variedades de soja resistente a glifosato. Siembra directa, biotecnología, redes y nuevos servicios profesionales cambian el modo de producción agrícola. Se producen nuevos eventos tecnológicos para casi todos los cultivos. También hay adelantos notables en genética bovina.

Hacia el futuro, el bicentenario plantea la sustentabilidad económica, social y ambiental, y la gestión eficiente de la nueva agricultura, como la síntesis de un mundo que necesita usar sus recursos con mayor intensidad para poder abastecer la creciente demanda alimentaria.

Aquellos forjadores difícilmente soñaron con este presente, pero seguramente lo hicieron posible.

(*)Fragmento de “Historia de Esperanza”, de Hugo Zingerling. www.zingerling.com.ar


 
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Una imagen del matadero de pueblo Esperanza en un día de plena faena

Foto: Colección Museo de la Colonización de Esperanza

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Estampa de la primera exposición rural de la ciudad de Santa Fe ( 11 de septiembre de 1887)

Foto: A. Lutsch. Colección Hemeroteca de la UNL

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Contrato de Colonización entre Aarón Castellanos y Spies, escrito en alemán y francés.

Foto: Colección Museo de la Colonización de Esperanza