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El viaje en barco, entre otros recuerdos que nunca se olvidarán, quedan en la memoria de los que un día partieron de su tierra.

Alejar la añoranza y preludiar la alegría

La narración que incluimos a continuación, titulada “Generaciones”, fue escrita por Teresita Campana de Olivares, oriunda de Coronda (2008) e incluida en la antología “En torno al fogolar”, el libro editado por el Centro Friulano de Santa Fe.

TEXTOS. TERESITA CAMPANA DE OLIVARES. FOTOS. EL LITORAL.

Marzo de 1905. Domingo, con sus escasos ocho años, nota un silencio inusual en su casa de pueblo del interior de la provincia de Santa Fe y escucha apagados sollozos que tratan de pasar desapercibidos.

Su madre, Pierina, tan íntegra siempre y tan activa, camina por el patio como si no llevara un rumbo fijo y la abuela María, más cargada de espaldas que antes, recorre las habitaciones con paso lento, mirando sin ver y estrujando continuamente un pañuelito blanco.

Pero no ve a su padre, Vittorio, tan grande y fornido que se le antoja un gigante. El que lo levanta en sus brazos y le hace sentir que vuela pero sin temor, porque es él quien lo sostiene y a su lado nada malo podría ocurrirle. Sin embargo, algo extraño está pasando porque no lo encuentra. Entonces decide preguntarle a la nona dónde está, a lo que ella responde: “Está en el cielo”.

Algo en el tono de su voz le dice que “el cielo” es una dimensión inalcanzable, sagrada, y entiende (sin que nadie se lo explique) que ya no volverá. Tal vez la expresión de su rostro que manifiesta un profundo desamparo le indica a María que es momento de hablar con ese niño a quien la vida le arrebata, por primera vez, un ser querido y desahogar, al mismo tiempo, su propia pena. Lo sienta a su lado y comienza una larga historia.

Le cuenta de sus años jóvenes en la lejana Italia, del nacimiento de su hijo Vittorio en un pueblo llamado Rodeano, ubicado en la Comuna de Rive d”Arcano, en la provincia de Udine, y de todas las ilusiones puestas en ese retoño que Dios les ha mandado a ella y a Pietro, su esposo. Han esperado mucho su llegada y han rezado aún más para que el Señor les bendijera el hogar con un hijo, en quien depositan todo ese amor de padres que se sienten capaces de dar.

Recuerda, también, las penurias económicas, la lucha a brazo partido y la esperanza de una vida mejor.

Parece iluminarse levemente su mirada al rememorar la infancia de su niño que crece feliz en la pequeña población y se convierte en un joven apuesto y trabajador. Luego, la llegada de Pierina a la vida de Vittorio, la boda en la Parroquia de “San Nicolo” y el comienzo de ese sueño de venir a América.

La tierra prometida

Para ellos, tan jóvenes, la decisión no resulta demasiado complicada. Para ella, sí. Pero Pietro ya no está y alejarse de su hijo supone un desgarramiento difícil de superar. Es así como los sigue en la búsqueda de lo que creen que es “la tierra prometida”.

Le explica cómo es cruzar un océano, viajar en barco y mirar, casi con desesperación, el horizonte, esperando que se perfile ese continente tan lejano como desconocido. Después, el desembarco en el puerto, con un bullicio que llega al aturdimiento y gritos, palabras que no logra entender. Más tarde, el viaje por tierra hasta encontrar aquel destino que no resulta tan promisorio como lo han soñado y, nuevamente, el trabajo duro durante jornadas interminables.

Entonces, la nostalgia. Esa que horada el alma como la gota de agua que cae sobre la piedra. Se extraña el idioma, las canciones, las costumbres, el aroma del terruño que resulta irrecuperable.

Cada amanecer es un nuevo desafío. Hay que sacar fuerzas de flaqueza y enfrentar la tarea con el convencimiento de que cada día traerá alivio a la pena. Y cada anochecer implica una plegaria para que el Señor permita asumir el desarraigo, sin olvidar la tierra distante, que permanece elevada en lo más profundo del ser.

Pero fueron llegando los nietos y, con ellos, esa bocanada de aire fresco que aleja la añoranza y preludia la alegría. Las fuerzas se renuevan. La vida comienza a tener otro sentido con cada llanto pequeñito que llena la casa y con las risas infantiles que pueblan los rincones.

Las anécdotas alivian el clima de tristeza y Domingo hace preguntas que la abuela responde procurando rescatarlo de su pesadumbre. Vivencias de él y de sus hermanos que en la voz de la nona cobran otros sentidos.

Recuperar las fuerzas

El relato sigue su curso y ella le explica que, cuando el devenir de los días indica que ha llegado, finalmente, la paz y la tranquilidad al hogar, el zarpazo de la muerte hace añicos la felicidad conquistada.

Con sólo 42 años y una fortaleza que jamás hubiera indicado un final tan repentino, el corazón de Vittorio se apaga y deja a dos mujeres desoladas para enfrentar la adversidad, el dolor, el desconsuelo.

En ese punto el llanto se hace incontenible, y él, tan pequeño y tan indefenso, le ofrece el único consuelo que está a su alcance: coloca su mano sobre la de ella y le dice cuánto la quiere...

Mi nono Domingo me cuenta que le oye decir a su abuela que “el pecho parece explotarle de tanto sufrimiento”. Pero la desesperación de los primeros tiempos va dando espacio a la recuperación de esas fuerzas que se creen perdidas y, desde aquella aparente fragilidad, resurgen de sus propias cenizas. Había por quienes luchar... “¡Y cómo lucharon, Virgen Santa!”.

Sus ojos cobran un brillo especial en el que creo ver una mezcla de tristeza, de pena contenida a pesar del tiempo transcurrido y también de rebeldía porque se le hace vívido el recuerdo de las manos de su madre trajinando en la cocina de la “fonda” que les permite seguir adelante. Y el apoyo incondicional de la abuela que, como un roble, apuntala su esfuerzo.

Se resiste a aceptar la imposibilidad de cumplir con el pedido de la nona María: visitar su tierra natal, como un símbolo de que un pedacito de ella vuelve a pisar ese suelo. Deuda intangible que, muchas veces, siento haber heredado.

Dos italianas de ley

La imagen de fortaleza y de capacidad de trabajo de esas dos italianas de ley se prolonga en mi padre, José, quien habla de “sacarse el sombrero” ante la abuela Pierina. Ella es la que deja grabados en él sabores irrepetibles, canciones en furlan que suelen rondar su memoria y consejos que pudo aquilatar con el correr de los años.

Cuenta, también, que María, ya muy anciana no puede entender que el médico le prohibiera ingerir cualquier tipo de alimento a “Pepito”, siendo que se trata de un niño pequeño que permanece en cama, víctima de tifus. Entonces, esconde en su delantal un trozo de pan y se lo alcanza a escondidas, sin cobrar conciencia de que su ignorancia puede ocasionar un desenlace trágico. Ella sigue el impulso de ese corazón grandote que sufre ante la postración de su bisnieto. Sin dudas la fuerza del amor es más poderosa que la enfermedad y que los dictados de la ciencia porque hoy, con ese mismo brillo en la mirada, mi padre, a sus 89 años, está leyendo este relato.

Y no quedará ni en él ni en mí todo este bagaje de recuerdos, de vivencias porque la vida me ha brindado algo maravilloso: me ha dado en quiénes prolongar lo narrado. Regalo de Dios que me ofrece el motivo suficiente para continuar la historia que comienza en la lejana Italia y que se proyecta en esta tierra que hoy es mi patria, la de mis hijos y de mis nietos.

Es el humilde homenaje que está en mi alcance hacerles a esos dos terruños que se hermanaron a lo largo de muchas décadas y que abrieron sus brazos para recibir mutuamente a sus hijos en épocas difíciles, estrechando lazos realmente indestructibles.

Parece iluminarse levemente su mirada al rememorar la infancia de su niño que crece feliz en la pequeña población y se convierte en un joven apuesto y trabajador. Luego, la llegada de Pierina a la vida de Vittorio, la boda en la Parroquia de “San Nicolo” y el comienzo de ese sueño de venir a América.

Alejar la añoranza y  preludiar la alegría Certamen literario

“El trabajo duro durante jornadas interminables” era propio de los inmigrantes que poblaron nuestra región.

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Los relatos incluidos en el libro son homenajes “a esos dos terruños que se hermanaron a lo largo de muchas décadas”.

Certamen literario

El Centro Friulano de Santa Fe -que este año celebrará sus 59 años de labor institucional- lanzó una nueva edición de su certamen literario de narrativa breve, que motivó la publicación de la antología “En torno al fogolar”, que recopila las mejores producciones de ese concurso en las convocatorias realizadas entre 2006 y 2008.

Su Cuarto Certamen Literario de Narrativa Breve 2010 “Al Calore Della Stessa Fiamma”, está destinado a friulanos y descendientes de friulanos de todo el país. En el año del Bicentenario de la Patria, como reconocimiento y gesto de gratitud por ser la tierra adoptiva de los inmigrantes friulanos, se entregará el Premio Bicentenario a los trabajos seleccionados.

La iniciativa pretende recuperar y mantener vivas las raíces friulanas, estimular a las familias para que los testimonios de nuestra cultura continúen transmitiéndose y contribuyan al fortalecimiento del diálogo generacional.

Esta convocatoria cuenta con el auspicio de la Sociedad Argentina de Escritores filial Santa Fe y el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia.

Cabe agregar que el Centro Friulano de Santa Fe fue creado por inmigrantes de esa región italiana en el año 1951, como un espacio para desarrollar actividades sociales, recreativas y culturales, que reúna a los originarios del Friuli.