La diferencia entre seco y húmedo

La diferencia entre seco y húmedo

La ciudad está consternada: en el curso acelerado de ingreso al primer mundo que hoy practicamos, está incluida la división de los residuos, por lo menos para una parte importante de la ciudad. Esta nota, lo aclaro desde el vamos, es desechable.

TEXTO. NÉSTOR FENOGLIO. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI.

Un hogar se maneja con determinados ritos, circuitos, haraganerías consentidas y ciertos usos particulares que lo constituyen en el refugio último y secreto de la gente. Ahora, esos usos y costumbres han sido violentamente puestos a prueba, y no es por la última pelea entre Fort y quien fuera. Ahora entramos en la era de la clasificación de la basura, con lo cual hasta lo que era unilateralmente basura, ahora admite graduaciones. Se postula como sospecha la idea de que puede haber basura buena y mala, o una mejor que otra, con lo cual se abre una interna domiciliaria de impensables derivaciones. Nosotros, por ejemplo, somos una ciudad húmeda; San Luis, seca.

A la discriminación de la basura según su tenor de humedad, hay que sumarle el desplazamiento temporal: tantos días para sacar la húmeda, otros para la seca. Y luego la cuestión témporo espacial: el cambiante paso del camión recolector. Un día los vagos tienen fulbito cinco a las doce de la noche y te pasan como una exhalación a las nueve de la noche, justo justo cuando vos salís tropezando en tus pantuflas y mal atando la bolsa para llegar, para llegar, para la pucha madre que lo remil, ya pasó, ya pasó, ya pasó... jodido quedarte en pantuflas con la bolsa húmeda hasta mañana o, dios no lo permita, hasta el próximo lunes.

Decía que las derivaciones de la medida en el seno de un hogar pueden ser dramáticas. Por ejemplo, Doña Marcia, ciento veinte kilos de pura configuración barrial, acostumbrada a manejar a su prole, a su casa, a su cuadra y a su barrio a pura intimidatoria presencia (y un par de castañazos a tiempo), solía exhibir con orgullo que logró del inútil de su marido (un tipo que aprendió que callar es el camino más corto) que acertara a colocar la basura en el cesto y el pis dentro del inodoro. Ahora, hay o debe haber un cesto más y pedirle a la familia que interprete a cuál corresponde (un laburo extra por el cual el municipio no te paga un mango, ni te descuenta del inmobiliario ni de ninguna otra tasa) cada cosa que se tira. Necesitamos de Estados Unidos dos cosas para la tarea: una computadora de la Nasa para clasificar, y jugadores de la NBA para practicar tiro al aro desde diferentes distancias.

Por ejemplo: el papel higiénico que en muchos hogares se tira en un cestito propio, estaría catalogado a priori como húmedo aunque rara vez llegue en ese estado a la hora de recolección de la basura; pañales apenas piyaditos, profilácticos con o sin contenido, toallitas femeninas y otras beldades (escato) lógicas, antes pudorosamente colocadas dentro de tarritos, tetras o envueltos en algo, pues ahora deben ir descaradamente en una bolsa con restos de ensalada, yerba y demás. No se le hace eso a la gente, carajo. ¿Las masitas secas dónde van? ¿Y las de agua? ¿Y los edificios, donde no hay ni lugar ni alguien que saque la basura a tiempo, van a ser lugares altamente contaminados?

La medida obliga a replanteos para los carpinteros: en muchos muebles de cocina el cesto está incorporado a una de las puertas. Ahora hay que dedicarle medio mueble sólo para eso. Vas a estar bárbaro con la ciudad y con la conciencia ecológica, pero con los platos y las ollas desparramados en cualquier lugar. Son muchas cuestiones. La cosa ni empezó y yo ya tengo el cerebro seco (y se recolecta sólo los lunes y jueves, creo) y me dan unas ganas locas de ponerme a llorar. Y eso es húmedo, creo. Después de llorar me quedan dos bolsas. Soy una basura, lo sé. Y no sigo porque alguien asegurará que estoy listo para que me recojan. Que te recontra, por las dudas.

Quedé seco, pero tengo ganas de llorar: húmedo.