Verdad , justicia y espectáculo

Mauricio Macri no se mostró sorprendido por la resolución del juez Norberto Oyarbide, quien lo procesó como supuesto partícipe de una asociación ilícita. En el mismo tono se expresaron sus colaboradores y los dirigentes opositores. Elisa Carrió, cuyas disidencias con Macri son visibles, calificó a Oyarbide de juez impune y corrupto. Palabras más, palabras menos, un arco amplio de opiniones coincidió en que el fallo de Oyarbide despide un fuerte olor a intencionalidad política, y que tiene poca relación con la búsqueda de la verdad para impartir justicia.

Habrá que seguir con atención los próximos pasos judiciales y la decisión que tomará la Cámara Federal, pero más allá de lo que se decida en esta instancia, hay una generalizada sospecha de que el juez Oyarbide es una suerte de rehén de un oficialismo que no vacila en utilizarlo cuando hace falta. Y que el dispositivo se enciende tanto para preservar al matrimonio presidencial, como para descalificar a dirigentes opositores y probables candidatos a disputarle la elección de 2011 a Néstor Kirchner.

En este sentido se recuerda el operativo montado contra Olivera antes de las elecciones de Capital Federal, o la campaña lanzada contra De Narváez por presunta implicancia con el narcotráfico en 2009. En ambos casos, las maniobras fueron urdidas en las usinas del oficialismo y luego se demostró que eran falsas.

Por otra parte, nadie desconoce que Macri está envuelto en una red de conflictos familiares en los que participan su propio padre y su cuñado, conflictos que no están relacionados con la política, pero que pueden incidir en ese plano. A ello se le suman errores en la designación de funcionarios y la dura y a veces sórdida interna policial. En ese contexto, es seguro que Macri resultará políticamente golpeado, y que ese impacto afectará sus expectativas presidenciales.

Si bien en el plano de la opinión pública el contrapunto con Oyarbide puede favorecerlo, porque lo presenta como la víctima de un juez inescrupuloso y manipulable, hasta sus colaboradores más inmediatos admiten que cometió errores políticos serios y que en política eso siempre tiene un costo, máxime cuando las ambiciones son altas.

El probable desprestigio de Macri alcanza a la Justicia nacional. Oyarbide se ha transformado en el paradigma del funcionario judicial comprometido con el poder político y obligado a actuar según sus designios.

Llama la atención que un juez con antecedentes tan vidriosos se haga cargo de causas judiciales de alta sensibilidad política. Conviene recordar que en los últimos meses Oyarbide desestimó velozmente la causa iniciada contra los Kirchner por presunto enriquecimiento ilícito. Y poco después se hizo cargo de otra, que involucra a Martínez de Hoz, en la que dispuso medidas de gran espectacularidad. Algo parecido ocurre con Macri. Demasiadas coincidencias en la figura de un juez bajo sospecha.