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“Historia de una biblioteca”

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Tomás Abraham

Foto: Archivo El Litoral

 

“Recuerdos de mis lecturas filosóficas”, define Tomás Abraham a su “Historia de una biblioteca. De Platón a Nietzsche”. No se trata, en efecto, de una historia de la filosofía: “Por un lado existía el deseo de trazar una historia continua de la filosofía, pero por el otro quería remitirme a la memoria de mis gustos y a las preferencias variadas y discontinuas de mi vida con la filosofía”.

De todos modos se trata de un libro ordenado cronológicamente (el índice responde a los apartados: Antigüedad, Edad Media, Tiempos Modernos I y II), aunque la biblioteca en cuestión no se atiene al rigor de ese orden y, por ejemplo, más allá de la recurrencia de tantos autores (con Foucault a la cabeza), Abraham explicita que para la filosofía griega se ha dejado guiar por el insuperable italiano Giorgio Colli (1917-1979), o, en el caso de la filosofía estoica romana, por el historiador Paul Veyne.

Abraham escribe en primera persona, y a veces irrumpen referencias contingentes de nuestra fugaz actualidad. A propósito del estoicismo y su actitud ante el dolor, escribe, más parecida a nuestra preocupación por “la supuesta salud que llamamos felicidad, que en torno de la devoción y obediencia que le debemos a la Ley. Somos más hipocráticos que mosaicos, más hipocondríacos que pecadores. La liturgia acerca de la calidad de vida ha sustituido a los cultos sacramentales. Vivir más y morir mejor es un deseo casi completo, el después del trasmundo se lo dejamos a la buena Fortuna.

“Por supuesto que los puntillosos de la Nueva Era soltarán sus perfumes para recordarnos que es por la voz del gran allá que se orienta el buen acá. Sin embargo, la voz divina ha perdido un pajarito, y es Andy Warhol quien lo tiene. El Gran Allá y el Gran Khan han sido maquillados por la magia de su aerosol, hasta Dios es pop.

“Dejemos por un momento a Andy y volvamos a Fiumicino, quiero decir, a Roma. Sorpresa y media, otra vez nos encontramos con el pop art. Pensemos en Calígula, en Nerón, en Heliogábalo, es decir en Peter O’Toole totalmente beodo, en Bergara Leumann en ropita interior, en Florencia de la V vicejefa del gobierno por el PRO”.

Para explicar la perversión de un cierto tipo de historia de la filosofía (la que organizó la Academia de Ciencias de la Unión Soviética para la enseñanza de la filosofía en las escuelas), Abraham abre un apartado titulado “Sodomía y filosofía”, donde leemos: “Hay una historia de la filosofía que se escribe por detrás. El comentarista le pide al filósofo que se dé vuelta. Le pone el capitalismo y la explotación del hombre por el hombre, por ejemplo, atrás. El comentarista se pone detrás del capitalismo. Y ahí comienza el baile del trencito. El comentarista de espíritu revolucionario se la mete al capitalismo que se la mete al filósofo. Este trencito acoplado se puede hacer con todos los filósofos. A Platón se la mete el esclavismo, a Kant la burguesía, a Heidegger el nazismo, a Foucault el nihilismo, el posmodernismo y los saunas de San Francisco, y el supuesto historiador de la filosofía se la mete a todo el mundo”. Para suerte de los lectores, Abraham se ubica en las antípodas de tal tipo de historiador de la filosofía. Publicó Sudamericana.