Al margen de la crónica

El paraguas del Bicentenario

 

Y ya llega, nomás. El 25 de Mayo se vino anunciando con bombos y platillos (y banderas y escarapelas, que agotan los stocks de los más previsores, según cuentan las crónicas) y ya está a la vuelta del almanaque, en el último casillero de un fin de semana estirado por patrióticas razones de turismo mayor.

Y como fecha importante que es, además de irrepetible -como todas pero más en este caso, por tratarse de una cifra redonda y enorme-, no puede pasar inadvertida; tanto para quienes proponen una interesante revisión del sentido de aquella jornada de 1810 o recrean su significado a la luz del siglo XXI, como para la inabarcable lista de actividades, ofertas, atracciones y -por qué no- mercadishing relacionado con el tema.

Con el corazón henchido de -en algunos casos, recién descubierto- patriotismo y adornado con cintas celestes y blancas, la argentinidad se expresa por estos días puertas afuera y adentro; en agendas cargadas de actividades alusivas, y en discursos más o menos felices, oportunos y oportunistas, y parece mezclarse con el acontecimiento deportivo del año: el mundial de fútbol que, por cuestiones obvias, comparte colores aunque parece acaparar más fervor.

Todo tiene cabida en esta fecha, todo encuentra cobijo bajo el mismo título que a modo de inmenso paraguas admite desde conferencias y ediciones literarias, hasta anuncios e inicios efectivos de obras, pasando por cuanta oferta comercial pase por la febril imaginación que despierta la crisis.

Mientras tanto, no son pocas las personalidades de la política que, quizá convencidos de que todo debate es posible en este marco y confiando en la trascendencia que sus palabras tendrán para la posteridad, siguen discutiendo si el vicepresidente debe participar de la cena conmemorativa o si la presidenta aceptará o no ir a la reapertura del teatro Colón.

Es improbable que pueda recrearse la postal que acompaña cada 25 de Mayo desde dos siglos atrás, con cientos de almas congregadas fuera del Cabildo, esperando el resultado de una deliberación que se adivinaba fundamental. Las noticias corren por estos tiempos mucho más rápido que hace 200 años. Aunque siempre parece que el pueblo sigue esperando saber de qué se trata. Y algunos todavía no lo entendieron.