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Esas voces que se hacen oír cada vez con más fuerza

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George Sand vivió con Chopin en Valldemosa, tal como lo afirma en su libro “Un invierno en Mallorca”.

Desde sus tímidos comienzos a nivel mundial, en la Europa del siglo XVIII, la presencia femenina en el periodismo ha sido cada vez más contundente. Aquí, en vísperas del Día del Periodista, que se celebra cada 7 de junio, un recorrido por los espacios más destacados que han gestado y sostenido las mujeres que lucharon para denunciar, expresarse y comunicar.

TEXTOS. ANA MARIA ZANCADA. FOTOS. EL LITORAL.

“En el teatro de la memoria, las mujeres son sólo sombras” Michelle Perrot.

Sin caer en el extremo de un desorbitado feminismo, podemos asegurar que la presencia de la mujer en la historia de la humanidad fue una ausencia disfrazada. Porque estuvo siempre presente, pero en segunda línea. Durante muchos siglos observó silenciosa el devenir de los acontecimientos sin un protagonismo activo, con una débil o nula representatividad.

Dedicadas a la producción doméstica, su obra era consumida rápidamente. Hacedoras de vida, el hijo varón era el que merecía la atención paterna mientras que la hija quedaba relegada, integrando un eslabón más de una cadena interminable. La historia les exigía, para ser tenidas en cuenta, ser muy piadosas o escandalosas. Incluso a través del matrimonio, al perder su nombre, su invisibilidad era completa.

Sin embargo, el cambio se iba a producir. En el siglo XVII, Condorcet preconiza la instrucción de la mujer alegando que tenían los mismos derechos que el hombre. No sabemos si en realidad esta manera de pensar haya incidido en su decisión de envenenarse.

Mientras tanto, aquella que podía acceder a la lectura y escritura utilizaba la correspondencia como ejercicio intelectual y desahogo de su soledad. En épocas en que Internet ni siquiera podía soñarse, las cartas iban y venían almacenando sueños, amores, suspiros y dolor. Madame de Sevigné fue una virtuosa en el género; George Sand, una campeona. Sin olvidarnos del diario íntimo, que en la mayoría de las ocasiones era destruido por las llamas.

LA PRENSA FEMENINA

Pero no nos desviemos del tema principal. Lo cierto es que la mujer estuvo siempre, desde que aprendió a leer y escribir, presente en la comunicación. Primero en forma personal y luego intentando un lazo con sus congéneres.

No por casualidad, los primeros intentos fueron referidos a la moda, tema afín a todas. Y sus tímidos comienzos se dan a nivel mundial en el siglo XVIII. En París aparece, en 1759, el Journal des dames; en Londres, Female Spectator. Esta prensa comienza a infiltrarse silenciosamente y, ya en pleno siglo XIX, va afianzándose hasta tener una presencia activa dentro de la sociedad, como fue el caso del Journal des demoiselles, periódico mensual escrito e incluso financiado por mujeres.

De a poco la moda va quedando de lado, para comenzar a expresar los deseos reprimidos de una participación activa: el derecho de las mujeres al trabajo, con igualdad de salarios y -¡qué osadía!- el derecho al voto.

Lentamente, la mujer va penetrando en el masculino oficio del periodismo.

¿Y POR CASA?

Como no podía ser de otra forma, estos aires de cambio llegaron hasta las indígenas orillas.

En 1830, Buenos Aires comenzaba el período rosista, con un autoritarismo de ojos azules, calles de barro, gauchos rebeldes sometidos al poder del señor, y una sociedad que se espejaba en las noticias que arribaban al puerto, con el romanticismo recién inaugurado.

Los porteños dependían de los pertrechos europeos para su vida cotidiana, realizando sus paseos campestres a las barrancas de Olivos, las celebraciones patrióticas con carreras de sortijas o cuadreras, mientras las damas alzaban tímidamente sus faldas para no ensuciarlas en el fango de las calles. Ellas caminaban detrás, nunca solas en la calle, con su presencia infaltable en las iglesias, brillando en los salones, donde descollaban por su belleza y simpatía. El ámbito doméstico bastaba para contenerlas.

Pero, la tranquila sociedad portuaria comenzaba a expresar sus opiniones a través de una prensa propia, facturada por plumas masculinas. Pero en estas tertulias, se comenzó a murmurar la aparición de un nuevo periódico cuyo contenido estaba dirigido exclusivamente a las mujeres.

EL PRIMER INTENTO

Hasta ese momento a ninguna se le había ocurrido entintarse las delicadas manos con la señal de la imprenta, terreno exclusivamente masculino. El mismo Lucio V. Mansilla, cuya hermana Eduarda tenía la osadía de considerarse escritora, insistía en que el ámbito natural de la mujer era el hogar.

Sin embargo, ante la sorpresa de todos, irrumpió en la sociedad porteña La Aljaba que, como constaba en su primer número, “aspiraba a ser leída y en otro tiempo apreciada”.

No había firma ni responsable de publicación, pero se reconocía en los escritos una mujer fuerte y con deseos de llamar la atención de sus congéneres. Con el tiempo se supo que se trataba de Petrona Rosende de Sierra y, como lo expresa Auza en su obra “Periodismo y feminismo en la Argentina”, era una persona culta, religiosa, conocedora de la literatura francesa, pero con el deseo de cambiar la condición de la mujer. Además, hacía hincapié en la importancia de la educación. Faltaba todavía un tiempo para que un iluminado como Sarmiento declarara que el grado de adelanto de un pueblo debía medirse por la educación que se les daba a sus mujeres.

Pero La Aljaba tuvo una vida muy breve. Eran tiempos de enconos y sangrientos enfrentamientos. No había sitio para pequeñeces.

Tuvieron que transcurrir veinte años para que otro intento llamase la atención del público femenino. La Camelia nace en 1852 y su responsable fue Rosa Guerra, con un grupo de redactoras anónimas. También fue efímera su existencia. Pero ya el camino estaba abierto.

TINTA Y MUJERES

Lo notable fue que el comienzo del protagonismo femenino en el periodismo no fue utilizado para embanderar el feminismo, sino más bien como un intento de atraer la atención de las mujeres sobre su condición de parte importante en una sociedad que se negaba a admitirlas como miembros activos.

Pero hubo rebeldes y muchas mujeres con marcada personalidad, como Juana Manso, cuya grandeza y dimensión sólo apreció el ilustre sanjuanino. La Manso, como despectivamente la llamaban, utilizó la palabra escrita como vehículo esclarecedor de ideas. Su Album de Señoritas aparece en el seno de la prensa porteña en 1854. Su vida fue efímera: apenas dos meses. Pero a pesar de su corta existencia sirvió para demostrar la capacidad periodística de su creadora, imbuida de una fuerza ciclópea para oponerse a las alternativas de su dura existencia

Ya lo había demostrado en sus colaboraciones en diarios uruguayos y en Brasil, fundando O Jornal das Senhoras en 1852, siendo este país de América donde hubo un mayor auge de periodismo femenino. Juana insistió con La Flor del aire y años más tarde La siempre viva, adonde exponía un programa de reivindicación de los derechos femeninos.

Antes de finalizar el siglo nace La Ondina del Plata, donde se expresaron muchas mujeres, aunque la responsabilidad editora era masculina. La Voz de la Mujer fue una publicación también de esos días, aparentemente dirigida por Pepita Guerra, de neto corte anarquista.

Y no apodemos dejar de mencionar a Juana Manuela Gorriti, infatigable mujer que en 1874, ya afincada en Buenos Aires, funda La Alborada del Plata.

FÉMINAS PÚBLICAS

Con grandes esfuerzos, frustraciones, intentos fracasados pero no abandonados de acceder a la información, a la instrucción y a un protagonismo merecido, la mujer recibe al siglo XX. No fue fácil barrer con la prohibición de saber o aquello de “feminidad y saber se excluyen”. La lectura abría puertas peligrosas a la imaginación. Pero el cambio no podía frenarse. Y muchas veces vino desde abajo.

En 1896 nace el primer periódico anarquista del Río de la Plata, La Voz de la Mujer, escrito y dirigido por mujeres, bajo la conducción de Virginia Bolten.

Juana Rouco Buela fue la responsable de Nuestra Tribuna, de neto corte contestatario.

Fundamentalmente el origen de este movimiento se puede señalar a través de un grupo de inmigrantes europeas, comprometidas con los movimientos obreros anarquistas. Las cuestiones recurrentes entonces eran el antibelicismo, el antimilitarismo, la explotación fabril y, por supuesto, los derechos civiles y políticos femeninos.

Carolina Muzilli fue una humilde jovencita que, a través de sus publicaciones, trató de mostrar al mundo la terrible condición de las obreras y de los menores tragados por el implacable trabajo de las fábricas. Sólo vivió 28 años, sucumbiendo ella también a las pésimas condiciones laborales, pero utilizó la prensa para defender sus ideales, colaborando con los datos recogidos en su febril trabajo, para la redacción de leyes sociales.

Tribuna femenina se llamó la publicación que sostenía con su labor de modista, y que firmaba bajo el seudónimo de Soledad Navarro. Apareció entre 1915 y 1916. También colaboró en La Vanguardia y alguna que otra publicación menor.

En 1903 un grupo de socialistas publica en La Plata la revista Nosotras. En 1909 es Unión y Labor, la utilizada por colaboradoras como Sara Justo, Elvira López y Fenia Chertkoff. Aquí reclamaban enfáticamente la igualdad de oportunidades en el campo cultural y político.

Un poco más adelante, en la década de 1930, la Confederación Femenina Argentina hace su aporte con una publicación, Mujeres de América, órgano de difusión no sólo de los derechos femeninos sino de la salud, la literatura y la paz latinoamericana, referida al conflicto que sostenían Bolivia y Paraguay.

Para esta misma época se destaca la figura de Adelia Di Carlo, inquieta mujer que desempeñó una activa labor en el momento histórico que le tocó vivir. En 1907 se había iniciado como cronista social en el vespertino El Tiempo. Con sus escritos llamó la atención de José Ingenieros, que la apoyó para entrar al periódico La Argentina, donde cumplió funciones de jefa de sección. Simultáneamente, colaboró con La Razón, La Gaceta de Buenos Aires, La Patria, El Hogar, P.B.T., La Mujer y Estampa. Durante veintisiete años publicó en Caras y Caretas. Fundó, además, la Asociación Cultural Clorinda Matto de Turner. Su intensa labor periodística siempre estuvo ligada a cuestiones culturales, sin abandonar la prédica por mejoras de la condición de las mujeres.

MÁS PARTICIPACIÓN

El tiempo fue pasando y las costumbres fueron cambiando. La mujer accedió a todos los niveles imaginados y deseados en el ámbito social y laboral. Ahora, su presencia en los medios de comunicación ha llegado a igualar o superar a sus compañeros. El periodismo sigue siendo -y cada vez más- presencia insoslayable en el seno de la sociedad, a veces, la única voz que nos aporta la veracidad de los hechos, muchas veces deformada por intereses espurios.

Las mujeres luchan en un plano de igualdad con sus compañeros, gozando de los mismos beneficios, pero sufriendo también las mismas consecuencias. En la mayoría de los países, la presencia de la mujer en el periodismo varía entre el 30% y guarismos de un solo dígito, exceptuando los países nórdicos, donde están a la par de los hombres.

Estudios realizados por la comunicadora Emi Aqueche y publicado por la revista del Instituto de Previsión Social del Periodismo, dieron a conocer que en Latinoamérica y el Caribe hay sesenta mil mujeres periodistas. Los avances son notorios en cuanto a presencia en los medios, no así en lo referido a los cargos directivos y de peso.

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Néstor Tomás Auza analiza periódicos femeninos de los siglos XIX y XX.

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Mujeres bordando (1918). Damas de la alta sociedad porteña que se dedicaban a la beneficencia. Foto. Revista Ñ (Clarín).

TAREA DE RIESGO

En el año 2009, siete periodistas perdieron la vida, siendo Filipinas el país más riesgoso. Pero las intimidaciones son especialmente más cruentas en México y el Congo.

En diferentes lugares del mundo, las periodistas son atacadas por su trabajo referido a la lucha por los derechos de las mujeres, y fueron víctimas de golpizas, abuso sexual, acoso judicial y otros métodos para silenciarlas. En países como Eritrea, Sri Lanka, Etiopía, Rwanda, Uzbekistán, hay en este momento mujeres que sufren presión por la osadía de expresar su opinión a través de la prensa escrita.

Prueba de ésto lo puede dar la periodista y escritora Diana Washington Valdez, quien investiga sobre el femicidio de Ciudad Juárez, y publicó artículos sobre el tema, reportajes sobre la serie de asesinatos de mujeres jóvenes en esa frontera, además del libro “Cosecha de Mujeres: safari en el desierto mexicano”. Ella es conciente de que corre peligro a raíz de su trabajo.

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La Marquesa de Sévigné, retrato de Mignard, hoy en la colección de la familia de Lucay.

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Lidia Lewkowicz investigó vida y obra de Juana Paula Manso y editó el libro “Una mujer del siglo XXI”.

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FUENTES

- “Mujeres en la Sociedad Argentina”. Dora Barrancos. Sudamericana. Argentina. 2007

- “Mujeres y cultura en la Argentina del S.XIX”. Lea Fletcher Feminaria Editora. Argentina. 1994.

- “Mi historia de las mujeres”. M. Perrolt. Fondo de Cult. Económica de Argentina. 2008.

- “Carolina Muzilli”. J.A.Cosentino. Centro Editor América Latina. Bs.As. 1984.

- “Juana Paula Manso”. L.Lewkowicz. Corregidor. Bs.As. 2000.

- “Huesos en el desierto”. S. González Rodríguez. Anagrama. Barcelona. 2002.

- “La mitad invisible de la historia”. L. Vitale. Sudamericana Planeta. 1987.

- “Periodismo y feminismo en la Argentina”. N. T. Auza. Emecé. 1988.

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