Mesa de café

“Trapitos” y trabajo

Erdosain

Barletta se parece cada vez más a Macri -dispara José.

— ¿Y se puede saber qué le ves de parecido? -pregunta Abel amoscado.

— Como su colega de Buenos Aires se dedica a perseguir a los cuidadores de autos.

— Los responsables de la pobreza en esta ciudad -digo- los responsables de que haya cada vez más trapitos y más limpiadores de parabrisas en los semáforos son los que durante veinticinco años gobernaron esta ciudad y la dejaron como está.

— El recurso de echarle la culpa a los gobiernos pasados de sus errores e incompetencias es más una coartada que un argumento político -subraya José .

— ¿Pero se puede saber -interviene Marcial- por qué está mal que Barletta ponga punto final al abuso de estos señores que se ganan la vida pidiendo plata por servicios que nunca prestan?

— Te recuerdo que la caridad es una virtud cristiana -puntualiza José.

— Pero yo no soy cristiano responde Marcial.

— Además -dice Abel- que digan lo que son. Si trabajan que prueben que trabajen, pero si piden limosna que se asuman como mendigos. Lo que me molesta es que digan que te van a cuidar el auto, cuando en realidad lo que están haciendo es exigirte plata por un servicios que no prestan, porque si al auto le llegara a pasar algo, ellos no están en condiciones de responder por nada.

— Es una excusa -reacciono yo-, una excusa para no hacerse cargo de la situación humillante de tener que pedir limosna.

— Lo humillante es que mientan, se mientan a ellos mismos y, además, se transformen en apretadores -retruca Marcial.

— No hay que ser miserable y egoísta. No se pierde nada con darles una moneda -acota José-, los prefiero mendigando y no transformados en delincuentes. Yo se lo digo a mi hermano: a los gorilas se los conoce porque siempre, por una razón u otra, se tiran contra los pobres.

— Y a los peronistas se los conoce porque siempre hacen plata con los pobres- responde Marcial.

— Si tuvieran trabajo no estarían cuidando autos -apunta Abel.

— A mí lo que me molesta es que te aprieten, que venga un melenudo con cara de facineroso a pedirte plata de prepo. No es justo que uno, con todos los problemas que tiene, se tenga que aguantar a estos malvivientes.

— Lo que no es justo es que haya tanta gente pobre -digo- pero si la hay hagámonos cargo de que también nosotros alguna incomodidad tenemos que soportar. ¿O qué pretendemos? ¿vivir en una ciudad con índices altos de pobreza y no tener ninguna molestia?

— Yo no tengo la culpa de que haya pobres, además, con tu criterio, hasta los ladrones y asesinos estarían justificados -replica Marcial.

— Para que no sean ladrones y asesinos hay que darles otra alternativa -afirmo-. Lo que propone Barletta, es tratar de darles una salida a esta gente -dice Abel.

— Exacto -confirmo- el censo no se hace para meterlos presos, sino para saber quién es quién y en función de eso empezar a imaginar una alternativa superadora por la vía de la cooperativa y algún trabajo real que les permita ganar más y con más dignidad.

— A mí me parece que ustedes son muy exigentes con los pobres y muy condescendientes con los ricos -dice José.

Y a mí me parece -contesta Abel- que los peronistas no le exigen nada a los pobres, se resignan a dejarlos en ese lugar de pobres. Los peronistas atienden a los pobres para que nunca dejen de ser pobres; ésa es la diferencia con nosotros.

— ¿Y ustedes me quieren hacer creer que lo que hacen con los pobres trapitos es porque desean sacarlos de su condición de pobres?

— Nos da lo mismo que creas o no creas -responde Abel- lo vamos a hacer igual. Yo no quiero que nadie se gane la vida de trapito, sino trabajando dignamente.

— No comparto -concluye José.