Surrealismo: ver con los ojos cerrados

Carlos Gosch (EFE)

El surrealismo halló en la fotografía y el cine un vehículo para sus propuestas y el resultado de aquella asociación puede verse ahora en “La subversión de las imágenes”, una exposición que reúne, en la Fundación Mapfre de Madrid, más de cuatrocientas piezas, y captura el espíritu del surrealismo en su forma “más genuina”, destacó el director de la Fundación Mapfre, Pablo Jiménez Burillo.

La exposición recorre los primeros veinte años del surrealismo a través de los grandes nombres de este movimiento, surgido en 1924 bajo el liderazgo de André Breton.

Con 300 fotografías, entre las que figuran algunas de las más emblemáticas del siglo XX -como “El violín de Ingres”, de Man Ray, un centenar de documentos y una decena de películas-, “La subversión de las imágenes” revela la estrategia de un movimiento que consideraba que “para cambiar la vida había que cambiar la vista”.

Los surrealistas perseguían una doble subversión: por un lado, quisieron transformar la imagen; pero, además buscaban subvertir mediante la imagen, es decir, “provocar un seísmo en la mirada” del espectador; no querían hacer arte, sino plantear otra forma de ver la realidad y algunos de los representantes de este movimiento llevaron hasta la política su afán de subversión, respaldando los movimientos revolucionarios de la época.

La exposición reparte estas imágenes en nueve secciones, que comienzan con fotografías y películas con las que el grupo comandado por Breton reafirmó su identidad.

Por ellas se asoman Dalí, Giacometti y Magritte, y también puede verse a un juguetón Picasso contoneándose en una prueba cinematográfica rodada por Man Ray en 1937. El surrealismo buscó una nueva mirada a través de los montajes fotográficos y collages y la exposición presenta una variada gama en la que figuran obras de títulos tan imposibles como la de Max Servais, “Al pasar echa a perder un trozo de sueño”.

Ver con los ojos cerrados era la máxima actitud surrealista, que en esta muestra se plasma en los retratos de hombres y mujeres. Entre ellos, figura uno de Cartier-Bresson realizado, en España en 1933, a un hombre que descansa tumbado en un banco de la calle con una mano sobre los ojos. En el ideario del surrealismo, la cámara sustituye al ojo humano para captar una realidad inédita y sacar a la luz “mundos maravillosos” sepultados e invisibles a la mirada convencional.

El ojo humano se convierte en objeto, en uno de los íconos del surrealismo, el “Ojo metrónomo”, de Man Ray, quien se tomó la molestia de escribir las instrucciones para fabricar este objeto: “Recorte el ojo de una fotografía de alguien a quien haya amado, pero a quien no siga viendo.

Surrealismo: ver con los ojos cerrados

Hasta el 12 de septiembre estará abierta al público la muestra que reúne cuatrocientas obras de artistas del surrealismo.

Foto: EFE