Yendo de la cama al living
Yendo de la cama al living
Por estos días, la vida de los mortales argentinos -de la mayoría: esta es una columna populista para, parafraseando a Juan Ramón Jiménez, la selecta mayoría, siempre- se resuelve en una suerte de éxtasis frente a los televisores de la casa para ver el Mundial. Todo sucede allí.
TEXTO. NÉSTOR FENOGLIO. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI.
A contramano de la sensata prédica constante respecto de hábitos y costumbres hogareños, se ha relajado también esa idea ancestral de la reunión en torno de la mesa por lo menos una o dos veces al día. Ese encuentro en que los miembros de la familia, itinerantes por la casa, por la vida y por la ciudad a diversos horarios y actividades, pueden mirarse a los ojos y conversar y compartir, ahora es impiadosamente reemplazado de un plumazo por el bocado al paso o la picada o la bandeja o el sánguche destemplado en el mismo sofá en que todo pasa y sobre todo queda.
Así que los vagos se organizan: si el partido es a la mañana, se desayuna en la cama o el sofá; si arranca a los 11, el vermú arranca allí mismo a esa hora y después cualquier bocado que conforme una comida formal o informal de mediodía. Y luego, tras el sopor de una leve siesta, a despertarse y darle a los mates, a los bizcochos o a lo que se mueva (¡isaaaa, a vo también mamita!) pero todo absolutamente todo en el sillón y frente al tele.
Al respecto, y contra los gritos de la patrona “que es la única que limpia”, “la esclava de la casa” y otros justificadísimos rezongos por el estilo, uno rescata la bandeja desayunera, la misma que sólo sale a la luz en algún esforzado desayuno en el Día de la Madre, cumpleaños y poco más. Ahora, por estos días, está en plenitud, redescubierta su capacidad de transporte y soporte, su perfil de mesita pequeña en la que mal entra un porrón y una bandeja o un plato de algo.
Comer en el sillón, incluso con el hipócrita compromiso de hacerlo con cuidado, implica que habrá daños colaterales con resultados de difícil pronóstico: cuando hay un gol, un foul alevoso o una pifia importante uno puede esputar involuntariamente (algunos esputan voluntariamente) restos de miga, mortadela o milanesa o volcar en un alegre festejo la copa con cerveza, gaseosa o vino.
Si eso no sucede, igualmente quedarán pequeños restos de la comida ingerida frente al televisor, pues hasta los más cuidadosos tendrán miguitas en el pecho o en el pantalón que luego irán al tapizado del sillón. Y como el partido sigue, advertidos como estamos de la presencia de esa basurita incómoda en el espacio central y público de una casa -el living-, mandaremos con gracia y rapidez, en un ensayado movimiento que se perfecciona con el correr de los partidos, todo ese sobrante hacia los intersticios que dejan los almohadones. Todo estará allí y cualquiera bien puede estudiar y determinar con exactitud qué comimos en el último mes.
Otro clásico es el tipo que deja pava, mate, vaso o botella al lado del sillón, “fuera del camino”, y quedarán luego desparramados de un pantuflazo cuando nos levantemos de una a festejar un gol o en una disparada hacia el baño. Lo líquido tiene mayor grado de exigencia y castigo para el acusado, detenido y juzgado: obliga a una suerte de probation, a levantarse y buscar de inmediato un trapo para limpiar y hasta a veces, en caso de derrame y establecimiento de zona de desastre, un balde, trapo de piso, escurridor, para intentar restablecer de inmediato el aspecto normal de la casa y habilitar por lo mismo a la continuidad de la actividad o de la falta de actividad mundialista.
Mientras los vagos estudian y perfeccionan sistemas de abastecimiento prácticos y cómodos frente al televisor, la vieja rutina de la reunión familiar en torno de la mesa queda en suspenso, entonces, pues la familia, los amigotes y todos se amuchan en las plateas frente al tele. Dos o tres cosas, te voy a decir: pasame las papas fritas, callate y no me “codiés” que Sri Lanka tiene justo un tiro libre peligroso. Y dame un poco de pan para sopar esta espectacular “bubuseca”, que voy a hacer sonar en medio del partido.