SEÑAL DE AJUSTE
Ahora vamos por Mirtha

“Legrand no es la única, sería el momento de salir a la caza de otros colaboracionistas, y en la farándula la lista es larga”, destaca Maurer.
Foto: Gentileza América Tv
Roberto Maurer
En uno de sus almuerzos, Mirtha Legrand mencionó por primera vez que durante la dictadura una sobrina suya y el esposo habían desaparecido, y que ella había pedido por ambos al general Harguindeguy, el entonces ministro de Interior. La sobrina fue liberada y su marido nunca apareció. La referencia, sorpresiva, fue realizada sin énfasis y sin comentarios.
Un legislador porteño encontró “liviandad” en los dichos de Legrand: “Lo contó como si fuera una historia, triste, pero una anécdota al fin”. Le reprochó el silencio, y el no haberse presentado a la justicia, y propuso que se le retirara la distinción de ciudadana ilustre que la legislatura porteña le otorgó en su oportunidad. Naturalmente, el programa “6,7 8” encabezó un picnic de las expresiones mediáticas del oficialismo, que en algunos casos exigió más cabezas.
Un maoísta veterano podría deprimirse al descubrir tardíamente que vivió equivocado: su enemigo principal había sido Mirtha Legrand, una mujer del espectáculo que debutó como damita joven del cine nacional y que, sin que nadie lo previera, se popularizó como conductora de televisión. Hace unos cuarenta años, esa aparición en la pantalla fue recibida con burlas, hasta que se produjo un acostumbramiento y fue aceptada en el santoral mediático.
Pero ahora es un personaje peligroso, y el descubrimiento descoloca al viejo maoísta, que había conocido a cómplices más temibles del sistema capitalista. Como Legrand no es la única, sería el momento de salir a la caza de otros colaboracionistas, y en la farándula la lista es larga. Podría encabezarla Graciela Alfano, que fuera fotografiada, sonriente, con marinos represores durante la dictadura. Podría convertirse en nuestra María Antonieta, subiendo al patíbulo en minifalda.
El cine estaba de fiesta
Sergio Renán dirigió “La fiesta de todos”, vergonzoso y patriotero panfleto que celebró el Mundial del ‘78, un film que fue parte del aparato de propaganda de la dictadura y que incluyó el discurso inaugural de Videla. Sus guionistas fueron Mario Sábato y Hugo Sofovich, y si se quiere profundizar más la cacería, esta película se destacan muchos nombres de personalidades conocidas, aunque algunas ya no viven: Juan Carlos Calabró, Luis Landriscina, Ulises Dumont, Luis Sandrini, Enrique Macaya Márquez y Diego Bonadeo, por citar algunos de la galería de famosos.
Antes de que el golpe cumpliera una semana, como interventor del Instituto Nacional de Cinematografía, el capitán de fragata Jorge Bitleston, fue claro en su primer discurso cuando precisó qué tipo de cine se alentaría con la ayuda económica del poder. Sería el que exaltara “los valores espirituales, cristianos, morales e históricos o actuales de la nacionalidad o que afirmen los conceptos de familia, del orden, de respeto, de trabajo, de esfuerzo fecundo y responsabilidad social, buscando crear una actitud popular, optimista en el futuro”.
Conocidos integrantes de nuestra colonia artística se encuadraron y acudieron al llamado, para que compartiéramos sus valores espirituales y su mirada optimista del futuro. Inmediatamente, aparecen en la memoria las películas de Carlitos Balá, cuyas aventuras cómicas siempre se identificaban con cualquier tipo de uniforme.
El principal beneficiario del apoyo económico del Incaa era Palito Ortega con su Chango Producciones, creada a tal efecto y tal vez un premio por cantar en zona militar y componer jingles para Massera. En sus films no hay propaganda directa del régimen, pero tampoco se requiere un esfuerzo de interpretación si nos habla de “una nación en paz” o al oír un tema musical de “Brigada en acción”, cuando la policía mata a un personaje que delinque y se escucha a Palito que canta mientras conduce un Falcon: “Pobre de esa gente que no sabe adónde va/ los que se alejaron de la luz de la verdad/ esos que dejaron de creer también en Dios/ los que renunciaron a la palabra amor. Pobre de esa gente que olvidó su religión/ esos que a la vida no le dan ningún valor/ los que confundieron la palabra libertad/ los que se quedaron para siempre en soledad”. Visiblemente, la letra trasciende toda alusión a los ladrones comunes. Hoy, Palito es el santo que endereza a nuestros rockers extraviados.
Embajadora
También habría que fichar a Susana Rinaldi por su brindis en un almuerzo de cierre de temporada de Mirtha Legrand, al afirmar que con sus éxitos en París mejoraba la imagen del país ante la “campaña antiargentina” que se desarrollaba en el extranjero, según las expresiones de la dictadura.
Una buena cantidad de colaboracionistas puede encontrarse en “Los hijos de López”, una escandalosa propaganda del régimen en forma de comedia creada por Hugo Moser para ATC.
¿El afecto puede evitarnos una mención a Tato Bores? Era el artífice de un programa político cuya moderación en tiempos de dictadura, aún obligada, puede interpretarse como una forma de complicidad.
Más allá de la colonia artística, en el llamado “quehacer nacional” nos encontramos con César Luis Menotti, técnico de la selección del ominoso mundial del ‘78, a quien se le atribuye un pensamiento progresista, que no podía desconocer qué pasaba en el país, aún en una versión atenuada. Pero llegó al ‘82 en su puesto, pudiendo hacer las valijas para instalarse en México o París y denunciar a la dictadura.
Luego de almorzar con Videla en mayo del ‘76, Ernesto Sábato lo definió como “un hombre culto, modesto e inteligente, me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente”.
Siguiendo con la nómina de las diversas formas de colaboración, puede recordarse que el periodista y diplomático Héctor Timerman dirigió un diario que simpatizó con el régimen, y cuyos titulares rezaban “Vigencia de derechos humanos” o “Represión ajustada a las normas jurídicas”.
Mirtha Legrand está muy bien acompañada.




