el caso Leonela

Una familia con razones para temer a los cafisos

Nada indica la consumación de un delito cuando los Cecaro hablan de secuestro y violación.

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Como quien busca en la niebla Claudia llegó a la casa de la costa donde estaba su hermana Leonela.

Foto: Luis Cetraro

 

José Luis Pagés

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Como informamos oportunamente la empeñosa búsqueda que la familia Cecaro hizo de la desaparecida Leonela cerró ayer con su aparición en una casa de Colastioné Norte.

Acerca de la suerte y paradero de la joven de 21 años cuyo rastro se perdió la tarde del viernes 18 de junio, su madre y sus hermanos habían dicho que podía estar secuestrada, posiblemente en poder de un cafiso.

Ahora, la propia Leonela sostiene que ciertamente eso fue así, contra lo que insinúan las fuentes policiales y judiciales: su alejamiento voluntario.

Por el momento y desde nuestra perspectiva la verdad está a mitad de camino, pero lo cierto es que los Cecaro tenían sobradas razones para temer que Leonela -joven madre de dos niños-, hubiera ingresado al circuito prostibulario.

Que yo sepa sólo en una novela de Faulkner es posible que la hija de un hombre rico y poderoso termine en ese ambiente, en Santa Fe los cafisos reclutan a sus pupilas en los barrios más humildes, los más expuestos a la intemperie social, como es San Pantaleón.

En ese vecindario la familia Cecaro hizo frente a la pobreza, pero tropezó con otras adversidades, como que debieron lidiar contra “la trata” para recuperar a algunos de los suyos perdidos en ese laberinto.

Por eso Claudia Cecaro salió a pedir públicamente por su hermana usando una terminología que en cualquier otro ámbito habría tenido una resonancia desproporcionada.

Ella pidió “piedad” y “compasión” para su hermana porque sabía como pocos a qué clase de gente dirigía sus palabras. Ahora, Claudia cree firmemente que Leonela fue secuestrada, violada y retenida por la fuerza.

Pero no hay detenidos por la desaparición de Leonela porque al parecer no se comprobó la consumación de delito alguno. Aún así los Cecaro piensan que Leonela pisó el umbral de una puerta que se abre a un camino sin retorno.

Es un clásico que un príncipe azul habilite el ingreso de la elegida para después entregarla al cafiso, quien doblegará su voluntad y la retendrá por la fuerza.

Pero también existen otros medios, infinitamente perversos, para quebrar la resistencia de la víctima, como amenazar la vida o la libertad de sus hijos.

Es imposible arriesgar una sola respuesta a todos los interrogantes que este caso plantea, pero lo que si podemos asegurar es que la “trata” existe, con sus víctimas y victimarios.

También es cierto que los Cecaro, hoy refugiados en una misma confesión religiosa, tienen motivos para creer que Leonela empezaba a ser manipulada en el marco de una maniobra perversa.

Gabriela, otra Cecaro, dijo esta mañana que Leonela se reencontró anoche con su compañero y sus pequeños hijos entre lágrimas y largos abrazos.

La joven agradeció a la providencia y recordó con la voz quebrada que años atrás “a nosotros nos robaron dos hermanas, una se pudo liberar, pero a otra tuvimos que buscarla”, recordó con infinita amargura.

Por último y a modo de reproche Gabriela deslizó una pregunta: “¿Por qué los que ahora dicen que vieron a Leonela en Colastiné se les pasó por alto avisar a la policía o a la familia? Si sabían quién era ella, sabían que la estábamos buscando”.