Encuentros varios con santafesinos en Sudáfrica y una “bomba” de Patricio Fleming...

“Vignatti me falló como amigo”

El ex vice sabalero fue lapidario con el ex presidente. Gustavo Nepote se vuelve y asume como entrenador de arqueros en Unión. Dos sanjorgenses y “Pupi” Martolio los acompañan (han visto 10 mundiales). La historia de amor de una rubia santafesina.

Enrique Cruz (h)

(Enviado especial a Durban, Sudáfrica)

Amanzimtoti es una localidad que queda muy cerca de Durban, apenas a unos 20 kilómetros. Tiene un hermoso shopping, hoteles, edificios. Pero se destaca por una playa de arenas muy blancas, sobre el océano Índico. Usted se preguntará, y con razón, para qué describir a esta localidad y, por sobre todas las cosas, para qué hablar de una playa si estamos en pleno invierno sudafricano y ya comentamos ampliamente lo riguroso que fue en las primeras dos semanas de este Mundial, sobre todo en Johannesburgo. Precisamente por eso, pues parece un sueño haber estado en la playa, meterse en el Índico para pegarse un chapuzón en pleno invierno y comiendo un asado de buena carne sudafricana rodeado de santafesinos. Casi un lujo. O una extrañeza.

Patricio Fleming, Gustavo Nepote y su hijo Emanuel, “Pupi” Martolio y dos oriundos de San Jorge -Carlos Ridolfo y Zucchini-, pasaron sus últimos días en Sudáfrica con la amargura de la derrota con los alemanes. Tenían entradas hasta la final, pero el 4-0 apresuró el retorno a casa. Y en el caso de Nepote, para hacerse cargo de la preparación de los arqueros de Unión en el cuerpo técnico de Darío Kudelka.

Antes del asadito en plena siesta sudafricana, dio para hablar un poco de fútbol y para que Fleming, siempre muy cauto y medido en sus respuestas, tirara la frase más contundente de la charla cuando se refirió a José Néstor Vignatti, el ex presidente de Colón.

El trío de los 10 mundiales

Fleming, Martolio y Ridolfo decidieron, cuando eran muy jóvenes, ir a lo mundiales. Empezaron con Alemania, en 1974. “Eramos 100 hinchas de Argentina, no más que eso. Y se conseguían entradas sin problemas porque las canchas no se llenaban como ahora. No nos olvidaremos jamás el baile que nos comimos con Holanda, ese día bajo la lluvia. Fue peor que el del otro día con los alemanes”, comentan “a trío”.

Martolio tiene una especial visión de lo que significó el Mundial para Sudáfrica. “Estuve varias veces en este país y me parece que este evento ha tenido una connotación de diversa índole para este país, incluso política. El rugby fue siempre el deporte de los blancos y el fútbol fue de los negros. Me da la impresión de que los blancos quisieron demostrar que podían unirse y apoyar, como alguna vez lo hicieron los negros con el rugby. Mandela fue clave para la pacificación de este país, porque la situación, hace algunos años, era muy compleja y difícil”.

Fleming, hombre de fútbol, dio su visión más técnica de la selección. “Sin marcadores de punta y con poco mediocampo era muy difícil que el equipo pudiera jugar al fútbol. A Messi y a Higuaín, la pelota no les llegaba”.

Opinión calificada

Gustavo Nepote dijo que el arquero que más le gustó fue el de Ghana. “No era alto, pero tenía una potencia de piernas importante. También me gustaron el portugués Eduardo, el arquero alemán me parece un arquero muy seguro, Sergio Romero anduvo bien aunque le hicieron cuatro goles en el último y eso lo perjudica un poco, y a mí me gusta el estilo de Casillas y el de Julio César, pero el brasileño no reaccionó bien en el primer gol de los holandeses”.

Nepote llegará a Santa Fe y comenzará a trabajar con los arqueros de Unión. “Limia es un arquero de gran experiencia, le sobra nivel para la categoría; a Caprio lo he visto atajar un par de veces pero no tengo un concepto claro porque yo estuve mucho tiempo en Buenos Aires en estos años; y el que tiene gran futuro es el pibe Arce, todos me hablan muy bien de él, como así también quiero verlo a Bergesse”.

Cuenta también Nepote que Burruchaga le dio el vía libre para que trabaje en Unión. “Tenía que hablar con él, porque Jorge me dio un lugar en su cuerpo técnico, me dio un lugar como amigo y yo no podía defraudarlo. Jorge se portó como un caballero conmigo, es un tipo sensacional. Y bueno, ustedes se imaginan que trabajar en mi ciudad y en un club como Unión que tanto quiero, es tocar el cielo con las manos”.

Una suma de errores

“Pupi” Martolio dice que la suma de errores cometidos “no es para canibalizar a los conductores, pero entiendo que esta experiencia debe ser capitalizada. Yo hago este análisis: compará los rivales que tuvimos en Japón con los que tuvimos ahora. En Japón, nos encontramos con una Nigeria muy diferente, más potente que ésta; después estaba Inglaterra y luego Suecia. Ésta era una copa para preparar bien el equipo para la segunda fase, porque la primera era accesible. No lo digo para menospreciar el poderío de nadie, pero no fue lo mismo este grupo que nos tocó con el de Corea-Japón”.

Martolio fue más allá y dijo que “éste es el momento del cambio. Yo no admito ni acepto que un técnico se moleste ante la pregunta de un periodista que, con todo el derecho del mundo, pide explicaciones. Eso de sacar a relucir que debe consultar con la familia, molestarse ante una pregunta, no es el comportamiento de alguien que tiene la obligación de contestar y de rendir cuentas”.

La bomba de Fleming

Cuando la charla de café entre santafesinos giró en torno a Colón, Patricio Fleming mostró su conformismo con lo que se está haciendo en el club y hasta su sorpresa por los logros que desde lo institucional se ha conseguido en este último tiempo.

“Con Vignatti hubo tiempos que fueron buenos, de éxitos deportivos importantes y también de un cambio de imagen del club. Ahora no sólo que se sigue por ese camino, sino que se lo ha potenciado”, señaló.

A propósito de Vignatti y ante la pregunta del enviado de El Litoral a Durban sobre su relación con el ex presidente, Fleming dijo: “No tenemos relación, no tenemos ningún tipo de diálogo”.

—¿Pasó algo Patricio?

—Sí, pasó que Vignatti me falló como amigo.

—¿Por qué?

—Porque sí, porque dijo que era mi amigo, se acercó a mí cuando era su vicepresidente y después terminó haciendo cosas que hicieron que a mí me haya defraudado.

—¿Le tira volver a ser dirigente?

—La verdad que sí, para qué te lo voy a negar... Lo charlaba el otro día con un amigo, Daniel Arditti, que va a construir el hotel de Colón... Vamos a ver en diciembre, que hay elecciones.

—¿Piensa postularse?

—No, no... Yo estoy de acuerdo con lo que está haciendo esta comisión en muchos aspectos. No me gustaría que se produzca un cambio. Pero dejalo ahí, lo que te puedo asegurar es que Colón me tira, y mi rol de dirigente también.

La historia de amor de una santafesina con un sudafricano

Ya que hablamos de dirigentes, Juan Carlos Grismado fue tesorero de Colón durante la época de Vignatti. Hombre trabajador, acérrimo colonista, intachable desde lo humano y desde lo profesional, le dedicó años de su vida a la institución y hoy está momentáneamente alejado y a punto de ser abuelo.

Hace unos 8 o 9 meses, me encontré con él en el club Amenábar, cuyo restaurante era propiedad de Horacio Capello. “Tengo una sorpresa para vos, te la llevo al diario”, me dijo Grismado. Y era la foto del Green Point de Ciudad del Cabo cuando se estaba en la parte final de su ejecución. ¿Y esto?, pregunté. “Es que mi hija vive allá, se casó con un sudafricano”. Su hija se llama Paola y está a punto de dar a luz una beba a la que promete enseñarle a hablar en español. Su esposo, Steven, tiene una empresa que se dedica al turismo de safari; ella es licenciada en turismo y se conocieron en Buenos Aires.

“No fue fácil, pero el amor pudo más. Fueron tres años de noviazgo hasta que me vine a vivir acá, pero nos casamos en Santa Fe, en enero del año pasado e hicimos la fiesta en el Lawn Tenis”, cuenta Paola, quien muestra orgullosa su panza. Y Steven agrega: “Me encantaron los pescados, empezando el surubí, son muy ricos”, con su español precario que, de todos modos, se hace entender.

“Juan Carlos me hizo un regalo: la camiseta de Colón”, dice Steven. Y Paola agrega: “Cuando me invitó a tomar un café, yo me preguntaba qué hacía allí, con él, porque mi inglés era tremendamente precario y su español, peor. Pero bueno, se dio, me enamoré y acá estamos, felices y en una ciudad que quiero muchísimo”, dice Paola de Cape Town, aunque no se olvida de su Santa Fe a la que recuerda y añora.

“Vignatti me falló como amigo”

El problema existencial de los uruguayos

“Vos debés ser argentino, ¿no?”, dijo el muchacho, de unos 35 a 40 años. A esta altura me pregunto cómo hizo para darse cuenta, pero eso ya no importa. —¿Necesitás algo? -le pregunté.

—Lugar para alojarme, estamos desesperados, nos vinimos a este país pensando en que a lo sumo llegábamos a octavos de final. No es porque no le teníamos confianza al equipo, era una realidad. Y acá estamos, quedándonos hasta el final en Sudáfrica cuando nadie pensaba que se podía dar -dijo el uruguayo.

Por la noche, en el Centro de Prensa de Ciudad del Cabo, antes del viaje a Durban, la mayoría de los uruguayos opinaba lo mismo y acarreaba con idénticos inconvenientes.

Uruguay no juega una instancia semejante desde el Mundial de 1970. Otros jugadores, otra generación, otro fútbol. Pero Uruguay llegó hasta donde llegó y, para la mayoría de los uruguayos, fue ver por primera vez a su selección tan alto.

Es cierto lo que decía Garrido, el veterano periodista uruguayo, cuando en la charla con este enviado señalaba que “nosotros somos como ustedes, ganamos los Juegos Olímpicos, fuimos dos veces campeones del mundo y tenemos un partido mítico, histórico e irrepetible, el del Maracanazo. ¿Por qué no tenernos confianza entonces?”.

Es cierto, tiene razón el colega. Pero convengamos que la historia no le guiñaba el ojo al equipo de Tabárez. Ni siquiera la historia reciente, que puso a Uruguay con el número 32 (el último clasificado) en esta Copa del Mundo.

“Vignatti me falló como amigo”

Paola Grismado, una santafesina que se enamoró de un sudafricano, Steven, y vive en Ciudad del Cabo. Va a ser mamá.

Foto: Enrique Cruz (h)

“Vignatti me falló como amigo”

Patricio Fleming, Pupi Martolio, Gustavo Nepote, el sanjorgense Carlos Ridolfi y, de pie, Emanuel Nepote, en una playa cercana a Durban en pleno julio.

Foto: Enrique Cruz (h)

¿Por qué fue tanta gente?

A la distancia, sólo a la distancia, uno se pregunta por qué a la selección argentina la fueron a recibir más de 10.000 hinchas al grito de “Diego no se va” cuando arribó el domingo a Ezeiza tras el 4-0. Cuanto menos, sorprende. Llama la atención. Y ahora, con sus declaraciones, lo que hizo Maradona fue que todo el mundo siga hablando de él y que el tema de su continuidad o no al frente del seleccionado se transforme en un tema capital, no porque se lo cuestione, sino porque él mismo lo impulsa así.

Después de la catastrófica derrota ante los alemanes, Maradona dejó flotando en el ambiente la posibilidad de irse. Como siempre hace, no lo aseguró, ni para un lado ni para el otro. Su contrato tiene fecha de extinción en julio del año que viene, luego de la Copa América. Grondona no lo va a echar, porque no es su estilo. Y si bien muchos pares de comité ejecutivo están que “vuelan” con Maradona, ninguno se animará a decirle al pope afista -que estará en Sudáfrica hasta la semana que viene- que Diego debe irse.

La pregunta, siempre a la distancia, es por qué tanta gente en Ezeiza para recibir al equipo. ¡Hasta los mismos jugadores se asombraron! En Brasil, por haber perdido en cuartos igual que nosotros, los jugadores se fueron por una puerta lateral, “por si las moscas”, como dijo Diego en Ciudad del Cabo en la conferencia post-partido.

¿Por qué tanta gente para apoyar?, ¿será porque es Diego y la idolatría sigue en un punto altísimo de vigencia? A la distancia, uno no tiene respuestas.