Edición del Viernes 23 de julio de 2010

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“Relatos completos” de Kafka - Edición Impresa - Opinión Opinión

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“Relatos completos” de Kafka

Editorial Losada acaba de publicar en dos tomos los “Relatos completos” de Franz Kafka, en las traducciones de Francisco Núñez, Nélida Mendilaharzu de Machain y Jorge Luis Borges (“La metamorfosis”, “Un artista del trapecio” y “Un artista del hambre”).

El primer tomo incluye los libros publicados en vida de Kafka (1883-1924) y los relatos publicados aisladamente y no incluidos por el autor en sus libros. El segundo, los relatos publicados póstumamente.

Los grandes lectores de Kafka suelen preferir sus novelas o sus cuentos o sus diarios (y cartas). Como los de Tolstoi se dividen entre los devotos de “Ana Karenina” o de “La guerra y la paz”. No obstante, cuentos como “La metamorfosis”, “La construcción de la Muralla China” o “La condena” han llegado a tener una trascendencia tan masiva como la repercusión que han alcanzado “El proceso” o “El castillo”, incluso para quienes no han leído esos textos y usan el término kafkiano para referirse al infierno de la burocracia y de la loca Justicia de nuestro mundo.

En efecto, la influencia de Kafka en la literatura y en la cultura del mundo actual es probablemente incomparable. La lectura de sus ficciones, de sus pesadillas y de sus bromas (pocas veces se acentúa el carácter cómico de muchos pasajes de sus obras, pero los testimonios de sus contemporáneos nos cuentan de las carcajadas que las lecturas en voz alta de Kafka provocaban en el grupo de sus amigos) es tan inabarcable que Borges dedicó una de sus tesis más celebradas y enardecidas a rastrear la influencia de Kafka en la literatura anterior al nacimiento de Kafka.

Asimismo, amplísimo es el abanico de interpretaciones que se ha dado a su obra, desde las lecturas teológicas y proféticas (del nazismo, por ejemplo) a la puesta en escena de lo paradojal y absurdo del mundo y de la comunidad humana.

Quizás pocos cuentos de Kafka concentren como “Un mensaje imperial” su mundo de postergaciones, de amplificaciones ad infinitum, de coordinadas y categorías que impiden la realización de cualquier plenitud, y sobre todo, de su inigualable poesía. El texto dice:

“El emperador -así dicen- te ha enviado un mensaje; a ti, al que está aparte, al súbdito miserable, a la sombra, insignificante ante el sol imperial, ha huido a la más lejana lejanía; justamente a ti te ha enviado el emperador un mensaje desde su lecho de muerte.

“Hizo arrodillar al mensajero junto al lecho, y le susurró al oído el mensaje; tanta importancia otorgaba a este mensaje que se lo hizo todavía repetir al oído. Asintiendo con la cabeza, corroboró la exactitud de lo dicho y, ante todo el público que asistía a su muerte -todas las paredes que estorbaban habían sido derribadas, y sobre la escalinata que se extiende a lo ancho y a lo alto formaban rueda los grandes del reino-, ante todos ellos despachó al mensajero.

“El mensajero se puso inmediatamente en camino. Un hombre fuerte, incansable. Extendiendo ora un brazo, ora el otro, se abre paso a través de la muchedumbre. Cuando encuentra resistencia se señala el pecho, donde está el signo del sol. Adelanta fácilmente, como ningún otro podría hacerlo, ¡pero la multitud es tan grande!, sus aposentos no terminan nunca. Si tuviera vía libre, ¡cómo volaría!, y pronto oirías el magnífico golpear de sus puños en tu puerta. Pero en lugar de eso, ¡cuán inútilmente se esfuerza! Todavía se está abriendo paso por las habitaciones del palacio interior; jamás logrará superarlas; y si lo lograra nada se habría ganado con eso; tendría que cruzar los patios, y después de los patios el segundo palacio circundante, y nuevamente escaleras y patios, y otro palacio más, y así durante milenios. Y si finalmente pudiera lanzarse afuera por la puerta más exterior -pero nunca, jamás, puede ocurrir esto- apenas si tendría entonces ante sí a la capital del imperio, el centro del mundo, donde se amontonan todos sus desperdicios. Nadie podría abrirse paso por allí, y menos aún con el mensaje de un muerto.

“Pero tú estás sentado a tu ventana, y te lo sueñas cuando cae la tarde”.

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Monumento emplazado en una calle de Praga, en homenaje a Franz Kafka, realizado por el escultor checoslovaco Jaroslav Rona, inspirado en el cuento “Descripción de una lucha”.

Foto: EFE

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Bocetos de Franz Kafka, realizados en sus cuadernos escolares.



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Viernes 23 de julio de 2010
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