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Haley Joel Osment, en una escena de la exitosa “Sexto Sentido”

El hindú que filmó el miedo

M. Night Shyamalan se hizo conocido por “Sexto sentido”, ubicada entre lo mejor de los '90. Su reciente filme “El último maestro del aire”, que aquí se estrenó el jueves, cosechó críticas dispares. Un repaso por una filmografía que dividió las aguas pero nunca resultó indiferente.

TEXTOS. JUAN IGNACIO NOVAK.

 

“Veo gente muerta” (en el inglés original “I see dead people”). Esta afirmación, pronunciada por un pálido Haley Joel Osment y dirigida a un adusto Bruce Willis, se volvió tan célebre que el American Film Institute (AFI) la ubicó en el puesto 44 en la lista de las mejores frases de la historia del cine. Pertenece a “Sexto sentido”, uno de los filmes más más terroríficos jamás realizados. La historia, a esta altura devenida en clásico moderno, se centra en la relación entre un perturbado niño que tiene la capacidad de visualizar fantasmas y un psiquiatra que busca ayudarlo para exorcizar de esa forma una traumática experiencia personal.

Si bien consolidó a Willis como actor dramático y lanzó la carrera de Osment, que alcanzó incluso una nominación al Oscar como mejor actor secundario, el principal resultado de este filme fue la proyección de M. Night Shyamalan, por entonces joven y poco conocido director y guionista de origen hindú. La hondura de los personajes, la gran desenvoltura narrativa, la capacidad de asustar con un guión perfectamente estructurado que cierra con un final inesperado y sobre todo la enorme recaudación fueron argumentos que lo colocaron en la cima de la industria cinematográfica. Desde entonces, y a lo largo de la última década, Shyamalan produjo un puñado de películas, algunas valoradas y otras profusamente criticadas. Pero que nunca dejaron impasible al espectador.

El descomunal éxito de público de “Sexto sentido” y las nominaciones al Oscar le permitieron al director volcarse a proyectos personales de bien definidas características. En 2000 estrenó “El protegido”, de nuevo con Bruce Willis, bajo la por lo menos ingeniosa premisa de trasladar un héroe del cómic a la vida real. Aquí las opiniones ya se bifurcaron entre los críticos y los espectadores: hubo quienes vieron una reposada genialidad y otros que tan solo observaron una historia soporífera y disparatada. Pero el notable trabajo de puesta en escena y los efectos especiales logrados le mantuvieron abierto el crédito para seguir creando.

En 2002 llegó “Señales”, demostración de potencia creativa, que narra una invasión extraterrestre a escala planetaria pero desde el punto de vista de los habitantes de un paraje rural perdido en medio de Pensilvania. Como escribió con maestría el crítico Jordi Costa, el filme “nos cuenta La Guerra de los Mundos desde una atalaya minúscula. Y el resultado fue una obra mayor, desconcertante, a contracorriente pero definidora del momento que habitamos”. Mel Gibson y Joaquin Phoenix encarnan a dos personajes taciturnos, tocados cada uno en sus fibras más íntimas por la tragedia, que deben afrontar la debacle. Pese a cierta morosidad, “Señales” sobresale por su capacidad de sugerir sin mostrar, salvo el rebuscado final. Es que, tal como enseñaron los grandes maestros, a veces lo que no se muestra es mucho más terrorífico que lo que aparece delante de cámara. Y el que no lo vea de esa forma, no se demore en alquilar “Frenesí” de Hitchcock.

Aclamada por algunos, decepcionante para otros, “La aldea” puede contarse entre los mejores trabajos de Shyamalan. Estrenada dos años después de “Señales” la aparentemente simple historia de una comunidad rural que vive atemorizada por unas criaturas desconocidas que habitan los bosques y sometida a severas reglas, alcanza la categoría de gran cine en tanto se convierte en una metáfora de la condición humana. O, como manifestó un crítico, en un “mapa de los miedos del hombre”. La excelencia también obedece a un guión con un pulso que nunca decae, a la cuidadosa fotografía de tristes tópicos y al descomunal reparto que incluye a Sigourney Weaver, William Hurt, Joaquin Phoenix, Bryce Dallas Howard y Adrien Brody, cada uno de ellos con personajes para lucirse. La banda sonora es otro de sus puntos altos.

PROPUESTAS MENOS INTERESANTES

Hasta “La aldea”, Shyamalan había sabido mantener cierta uniformidad en su obra y, a pesar de las opiniones de sus detractores, una serie de pautas estéticas y narrativas que hicieron posible reconocer con facilidad sus películas. Este aspecto que marca las diferencias entre un “director” y un “autor”, concepto que en el cine acuñaron con claridad aquellos jóvenes franceses de la nouvelle vague cuando reivindicaron a fines de los años 50’ desde las páginas de “Cahiers du Cinemá” a los grandes maestros del cine norteamericano clásico. Pero los trabajos posteriores del director hindú flaquearon y mostraron gruesas debilidades en las que eran sus cualidades más valoradas.

“La dama del agua” estrenada en 2006 es muy ambiciosa en todos los sentidos, pero se queda a mitad de camino en todas sus pretensiones, excepto quizás en el buen trabajo de fotografía y en la cuidada atmósfera. Si en los trabajos anteriores el elemento fantástico estaba tratado de tal manera que aparecía creíble ante los ojos del espectador, este filme falla desde el momento en que su argumento central no logra convencer ni atrapar.

El director modifica el escenario de los cuentos clásicos y lleva a una ninfa de la mitología griega a la piscina de un complejo de departamentos, donde se desarrollará una lucha entre el bien y el mal. Pero el problema no está tanto en una trama que no tiene pies ni cabeza, sino en el ritmo lento en que transcurre la acción, con vueltas de tuerca muy forzadas. Lo único destacable son las actuaciones de la hermosa Bryce Dallas Howard (hija del conocido director Ron Howard) y de Paul Giammatti (el excelente actor de “Entre copas” y “Esplendor americano”) que intentan en vano remontar los evidentes altibajos que muestra el guión a fuerza de talento y presencia escénica.

En 2008, Shyamalan resignó ya del todo las particularidades que los habían convertido en un director de culto y se volcó con los cinco sentidos a los dictados del cine comercial. Así produjo la más floja y pobre de sus películas hasta el momento: “The happenning”, conocida en estas latitudes como “El fin de los tiempos”. Aquí su aporte se reduce únicamente a un punto de partida creativo con algunas escenas que sobresalen por su espectacularidad, como aquella en la que un grupo de obreros de la construcción se arrojan desde un edificio por razones desconocidas. Lo demás, es un thriller pleno en lugares comunes, con un argumento que pierde fuerza en cada minuto de metraje. Por otra parte, si en “La dama del agua” el plantel de actores otorgaba algo de credibilidad, aquí no ocurre lo mismo, ya que Mark Walhberg apenas si logra cumplir con el cometido, lo mismo que el resto del desigual reparto.

ESPLENDOR VISUAL Y ¿POCAS IDEAS?

La hasta ahora última producción de M. Night Shyamalan se titula “El último maestro del aire”. Consiste en una ambiciosa adaptación a la pantalla grande del argumento central de una célebre serie animada emitida en televisión entre los años 2005 y 2008 y significa (o por lo menos así parece) un quiebre absoluto respecto de la filmografía realizada hasta el momento por el notable director hindú.

Ambientada en un mundo fantástico donde se desata una lucha entre los cuatro elementos (Aire, Agua, Tierra y Fuego) el film viene con impecable factura visual, pero sin celebridades. De hecho, dos actores jóvenes y prácticamente desconocidos Noah Ringer y Dev Patel encabezan los créditos. Con lo cual el acento estará puesto en otros aspectos que actualmente atraen a los públicos tales como el impacto y la espectacularidad en los apartados técnicos.

El estreno en Estados Unidos, a principios de julio, tuvo una acogida dispar por parte de la crítica. Mientras algunos ponderaron el buen resultado en los apartados técnicos y remarcaron el gran despliegue visual, otros se mostraron mucho más reticentes al respecto y puntuaron muy bajo al film, al que le endilgaron una seria carencia de ideas. Lo cierto es que, nuevamente, el trabajo de Shyamalan gustó o no, pero a nadie dejó indiferente.

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El director M. Night Shyamalan.

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“el fin de los tiempos”, filme estrenado en 2008.

NEWTON HOWARD, SU COMPOSITOR

A partir de “Sexto sentido” Shyamalan comenzó una exitosa colaboración con el compositor James Newton Howard, que escribió la banda sonora de todos sus filmes desde entonces. Este músico nacido en 1951 es autor de muy buenas melodías para cine, como las de “El fugitivo” con Harrison Ford y “Wyatt Earp”. Fue nominado en seis ocasiones a los Premios Oscar, aunque nunca hasta el momento por un film de M. Night Shyamalan.

NOMINADO, NO PREMIADO

Por “Sexto sentido” M. Night Shyamalan en persona compitió por el Oscar de la Academia de 1999 en las categorías de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión Original. En todos los rubros fue vencido por “Belleza americana”, que se llevó las principales estatuillas de aquel año. Por otra parte, muy merecidas.

PASAJE A LA INDIA

Aunque su consagración mundial llegó en 1999 ya en 1992, con poco más de 20 años, Night Shyamalan escribió y dirigió su primer largometraje “Praying with Anger”. En gran parte autobiográfica, cuenta la historia de un joven hindú que retorna a su tierra natal tras una beca en los Estados Unidos. Al llegar, se siente como un extranjero en su propia casa. Aquí, no solo escribe y dirige, sino que también encabeza el plantel de actores.

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LA COSTUMBRE DE “FIRMAR” SUS TRABAJOS

Es conocida la costumbre que tenía sir Alfred Hitchcock (uno de los inobjetables maestros de la historia del cine) de “firmar” sus películas con brevísimas y sistemáticas apariciones. Un “guiño” dirigido al espectador atento por parte del obeso realizador británico. Salvando las distancias, M. Night Shyamalan comparte con el director de “Psicosis” esa costumbre de aparecer brevemente en los filmes de su autoría.

“Sexto sentido”: el cineasta indio se reserva el pequeño papel del médico que asiste al perturbado Cole y sospecha que los golpes y magulladuras que presenta obedecen a maltratos maternos.

“El protegido”: interpreta a un espectador sospechado de llevar drogas de un estadio donde el personaje central (interpretado por Bruce Willis) trabaja como encargado de seguridad.

“Señales”: encarna a un veterinario que, a pesar de los escasos minutos en que aparece, tiene una gravitación definitiva en la historia central, que tiene como protagonista a Mel Gibson.

“La aldea”: en esta oportunidad Shyamalan es el guardia que, sobre el final del film, tiene las medicinas que necesitan en el pueblo para curar a un herido.

“La dama del agua”: en este film aparece como un escritor cuya obra tendrá un peso especial para el desarrollo de la trama. Curiosamente, su personaje más extenso se corresponde con uno de sus films más flojos hasta la fecha.

“El fin de los tiempos”: se lo puede distinguir sentado en un tren, y en un plano posterior se asoma por la ventanilla cuando el transporte se detiene.