Después de la pelota y las vuvuzelas

Qué pasó afuera de las canchas en Sudáfrica 2010. Algunos apuntes de un país con contrastes que se dio el gusto de nuclear la atención del mundo durante un mes.

TEXTOS. ENRIQUE CRUZ (H). FOTOS. ENRIQUE CRUZ (H) Y FLAVIO RAINA.

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El invalorable recuerdo que atesora un periodista: la credencial y los tickets de los partidos de la Copa del Mundo, el máximo evento futbolero del planeta.

Pareció que por primera vez en un mes se acallaba el insoportable ruido de las vuvuzelas. Era la gran sorpresa que el Mundial tenía preparado para el mundo. Justo ese día, el 11 de julio, el día en que el mundo futbolero esperaba ver si Holanda podía al fin sacarse la “mufa” de aquellos dos subcampeonatos en la década del “70, cuando la Naranja Mecánica marcaba el rumbo de las revoluciones tácticas de la época; o si España daba el último salto para lograr esa gloria postergada durante 80 años, con Xabi, Iniesta y la “banda” del Barcelona. Sentado y sonriente en la parte trasera del automóvil descapotado, la figura inconfundible del hombre sacudió el ambiente. Los casi 90.000 espectadores que se habían emocionado con la ceremonia de clausura, brindaron una emotiva y calurosa ovación. Nelson Mandela apareció en el campo de juego para ponerle punto final a lo previo.

No había podido asistir a la ceremonia inaugural, pues horas antes del gran acontecimiento se produjo la muerte de una de sus bisnietas en un accidente. Su precario estado de salud, producto de tantos años de lucha y de vida (hace poco cumplió 92), no le permitía demasiada exposición. Pero no podía faltar. En definitiva, si Sudáfrica es esta Sudáfrica que conocimos y que disfrutamos -con sus avatares- durante más de un mes, se debe casi pura y exclusivamente a este hombre que tuvo como premisa de vida no olvidar el pasado, pero perdonar.

EL QUERIBLE TOTO

“Cuando llegás a Sudáfrica, pensás que te vas a encontrar con las jirafas y los leones caminando por la calle, y no es así”, cuenta Toto Pinillos, un peruano que llegó a este país hace más de 20 años, con sus hijos en edad juvenil, la mayor de todas iniciando el camino de la adolescencia. Hoy, el entrañable Toto, que ya cumplió los 67 años, sentó raíces muy firmes en Johannesburgo, casi al extremo de permanecer alejado, por ejemplo, de una de sus hijas, que vive en Montevideo.

Oriundo de Trujillo, confiesa Toto que extraña mucho a su padre -ya fallecido- de quien heredó el carácter fuerte como un roble, por más que en varias ocasiones se le hayan escapado lágrimas de emoción en una de las tantas largas charlas que tuve con Toto, disfrutando de su “calle” y de sus 67 años, que lo ponen “más allá del bien y del mal”.

Johannesburgo es, en realidad, una tierra de contrastes. Por un lado, las carreteras, el tránsito caótico pero en cierta forma ordenado, hace pensar que se trata de una ciudad de primer mundo. Enseguida, la falta casi absoluta de transporte público y la inseguridad, nos hacen pensar que el primer mundo está lejos. Pero hay otras ciudades sudafricanas que son verdaderamente increíbles. Una de ellas es Ciudad del Cabo (Cape Town), otra es Durban.

En Cape Town, por ejemplo, existen las peatonales y se puede caminar sin problemas por la calle, algo impensado en Johannesburgo, donde una de las recomendaciones fue la de “no andes solo, siempre tratá de ir de a dos o de a tres”.

Nelson Mandela, quizás sin pensarlo ni planificarlo, consiguió crear consenso en torno de los Springboks, el equipo de rugby sudafricano. El rugby es el deporte de los blancos en ese país. Y el 24 de junio de 1995, en Ellis Park, salieron a la cancha 14 blancos y un solo negro representando al país en la final del Mundial, nada menos que ante los fantásticos y casi imbatibles All Blacks.

Los Springboks consiguieron la victoria con un drop en el minuto final del partido de Joel Stransky. Y Mandela pensó que una victoria podría unificar, de alguna manera, a un pueblo dividido. Lo pergeñó en sus 27 años de cárcel, acusado de terrorismo y conspiración para derrocar al gobierno. El fiscal había pedido pena de muerte, pero finalmente se lo sentenció a cumplir cadena perpetua. No se equivocó. Y aquella victoria de los Springboks fue el primer acercamiento de los negros al deporte de los blancos. El otro se dio con este Mundial: los blancos se “aggiornaron” a la fiesta de los negros. Y participaron de ella. Mandela, sin dudas, fue todo un responsable.

EL SIDA, TODO UN TEMA

Sudáfrica es un país con un altísimo grado de HIV en su población. Su presidente, Jacob Zuma, prometió terminar con la pobreza en Sudáfrica. Y también se puso al frente de la lucha contra el sida, pero lo que pregona no lo lleva a la práctica. “Tiene tres mujeres pero parece que no le alcanza”, dicen los sudafricanos, como respuesta a los enredos en problemas de polleras que parecen no tener fin.

Más todavía, el día que fuimos a Polokwane a cubrir Argentina-Grecia, el chofer del remise nos confesó: “Tengo mujer, pero quisiera tener otra... Si el presidente tiene tres, ¿por qué no voy a tener yo dos?”, nos decía, en tono serio y frontal.

Los problemas con internet, la falta de trenes y de micros urbanos y de corta distancia, fueron los problemas con el que nos encontramos a menudo durante el Mundial. Ir de Johannesburgo a Pretoria (apenas 60 kilómetros) implicaba el pago de 1.000 run (algo más de 500 pesos de los nuestros) en remise. O alquilar un auto. No había otra alternativa. Y menos mal que la Fifa ponía micros a disposición de los periodistas, con seis o siete recorridos hasta distintos hoteles de la enorme Johannesburgo, que permitían economizar lo que, de por sí, era tan engorroso como costoso: transportarse dentro de la ciudad con cierta comodidad y, sobre todo, seguridad.

COLMADO DE ANÉCDOTAS

A propósito del transporte interurbano, cuento dos anécdotas que son jugosas. Transportarse de Johannesburgo a Ciudad del Cabo y, desde allí, a Durban, requería hacerlo en avión. Los vuelos de cabotaje se lo reparten cuatro compañías en Sudáfrica y los pasajes se pueden comprar por internet. Fue notable observar cómo los pasajes iban subiendo y bajando de precio en forma permanente, casi minuto a minuto y sin exagerar. Volar de Ciudad del Cabo a Durban podía costar 500 o 600 run (dividirlo por dos para saber el precio en pesos nuestros) si se lo hacía uno o dos días antes de un partido, o multiplicarse el precio por 3 o por 4 si se lo hacía el día del partido.

La otra anécdota sucedió en Durban, el día de la semifinal y cuando el viaje de más de 30 días estaba a punto de concluir. El objetivo era comprar un pasaje en micro de Durban a Johannesburgo. Mencionaba el nombre de la ciudad de varias formas, inclusive sin la “o” final, como se lo escribe y figura en los carteles ubicados en las autopistas, y no había caso, no entendían. Entonces, apelé a la típica: papel, birome y a escribirlo. La empleada se sonrió y dijo: “Joburg”, pronunciando con el sonido de la “i” a la “j” y con el de la “e” a la “u”. Allí dije para mis adentros: “Si ni siquiera soy capaz de hacerme entender cuando menciono la ciudad en la que vivo, estoy al horno con papas”. Faltaban cuatro días para volver a la Argentina. Menos mal.

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El punto más sureño de África. Es el lugar en el que se unen los océanos Atlántico e Indico. Pese a la bruma, se observa su belleza.

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Una Impactante vista de Waterfront, el puerto comercial de Ciudad del Cabo.

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El enviado especial de El Litoral, único periodista de Santa Fe acreditado para la Copa del Mundo de Sudáfrica, con un estadio increíble: el de Durban.

EL FUTURO DE LOS ESTADIOS

Dicen que el Mundial le ha dejado más de 6.000.000.000 de euros a Sudáfrica. Los estadios, en su mayoría, son muy lindos. Pero algunos están a medio terminar en su exterior, en las adyacencias. La prueba evidente se observa en Soccer City, muy cerca del barrio de Soweto -de Mandela-.Y también se puede ver nítidamente en el coqueto estadio ubicado en las afueras de Polokwane, una ciudad pobre que está en el extremo norte, cerquita de Mozambique. ¿Qué será del futuro de ese estadio?, ¿qué utilización se le dará?, ¿dispondrán del dinero suficiente para transformar en cemento esos amplios espacios de tierra que lo rodean? A la distancia, se lo ve complicado. Tanto, que hasta la propia Fifa ha incentivado al gobierno sudafricano a que se postule para organizar, en un futuro inmediato, una edición de los Juegos Olímpicos.

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Estadio de Ciudad del Cabo, la tarde del encuentro ante Alemania.

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En la ruta que une Cape Town con Cape Point aparecen monos. La gente los fotografía, y ellos se suben a los autos vacíos y se llevan lo que encuentran.