Editorial
Santos, Chávez y una oportunidad para la paz
Da la impresión de que las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Colombia se están reencauzando. Es verdad que si se atiende a relaciones políticas entre estos países y a las particularidades de estos mandatarios, no es aconsejable adelantar opiniones, pero sin duda el clima político se ha distendido para satisfacción de las respectivas ciudadanías, y en particular del empresariado, molesto por las consecuencias económicas del estado de beligerancia.
En los mentideros políticos colombianos se dice que el flamante presidente Santos se ha acercado a Chávez para diferenciarse de Uribe. A su vez, se asegura que Chávez le ha soltado la mano a las Farc, aunque más no sea verbalmente. El futuro dará cuenta sobre la credibilidad de estos gestos, aunque hay buenas razones para creer que ciertas decisiones generan escenarios de los que luego se hace difícil retornar. Por lo pronto, es importante que los saludos y los mensajes pacifistas y de buena voluntad reemplacen a los preparativos guerreros de los últimos años.
Se sabe que la relación entre Chávez y Uribe fue tensa y que en algunos momentos hubo ruptura de relaciones diplomáticas y aprestos bélicos. Como se recordará, en su momento el presidente Uribe decidió una intervención militar contra campamentos de las Farc emplazados en territorio ecuatoriano próximo a la frontera.
En su momento, el escándalo diplomático fue mayúsculo, aunque ni Chávez ni Correa pudieron refutar la imputación de que sus territorios eran refugio de la guerrilla colombiana. Es más, cuando a causa de esa acción militar resultó muerto un prominente dirigente guerrillero, Chávez pidió en su país un minuto de silencio en su memoria, mientras ordenaba que en una de las plazas de Caracas se levantara un monumento a Marulanda, el líder histórico de las Farc.
Ahora, si bien Juan Manuel Santos parece estar dispuesto a diferenciarse de Uribe, nadie olvida que cuando éste era presidente, Santos ocupaba el Ministerio de Defensa, es decir que fue el responsable directo del operativo militar contra las Farc. Asimismo, los principales analistas políticos de Colombia estiman que Santos siempre fue más duro que Uribe. Enhorabuena que después de protagonizar incidentes tan duros, los principales protagonistas de la región hayan decidido darle una oportunidad a la paz. Más allá de la sinceridad de las palabras, lo que importa es que por buenos o malos motivos, los mandatarios hayan arribado a la conclusión de que el diálogo y las relaciones diplomáticas civilizadas les convienen a todos.
Entre tanto, la discreta presión ejercida por países como Brasil, la Argentina, Uruguay y Paraguay ha contribuido a avanzar en la dirección correcta. Lo que interesa, en todo caso, es que Chávez y Santos hayan conseguido sintonizar expectativas y demandas a ambos lados de la frontera, y se hayan apartado de un clima belicoso más propio de la Guerra Fría del siglo XX que de los desafíos planteados por el siglo XXI.




