Nada de anuncios y retos por la evasión

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner aceptó ir a la Bolsa rosarina, en lo que se tomó como un gesto más de acercamiento hacia el agro. Pero no hubo anuncios. Al contrario: ratificó retenciones y criticó la alta evasión impositiva.

Nada de anuncios y retos por la evasión

Amado Boudou, Hermes Binner, Cristina Kirchner, Cristian Amuschástegui, Julián Domínguez y Miguel Lifschitz, entre otras autoridades, aplauden la actuación de Soledad Pastoruti, quien interpretó “Rosario de Santa Fe” y una versión descontracturada del Himno Nacional.

Foto: Télam

 

Néstor Fenoglio (Enviado especial a Rosario)

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En un largo y duro discurso, sin absolutamente ningún anuncio para el sector agroindustrial, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dejó en claro ayer en el acto por el 126 aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario que ni las retenciones, ni ninguno de los otros componentes de su plan de gobierno van a modificarse y enrostró a los presentes por los altos niveles de evasión que impiden cualquier revisión en la materia.

En un salón de la entidad bursátil colmado de empresarios, una presidenta totalmente lúcida y frontal trajo al estrado, donde estuvo por largos 45 minutos, algunos números que Economía le facilitó y que se darán a conocer formalmente el viernes, especialmente el de la ratificación de un crecimiento del 11.1 de junio a junio, con un saldo positivo del PBI de 9 % y con reservas récord de más de 50.000 millones de dólares.

Experimentados hombres de negocios debieron soportar con estoicismo que en su propia casa y “números en mano” la presidenta hablara de la imposibilidad de bajar las retenciones con los actuales niveles de evasión en impuestos a la Ganancia, y cruzó para ello los irrefutables datos de los volúmenes de negocio de distintos sectores de la economía argentina y su escaso correlato con el pago de impuestos. “Ustedes son hombres de negocios y van a entender: yo me paro en la puerta de la Aduana”, remarcó.

Y si alguien en algún momento tuvo la ilusión de algún anuncio, o de un guiño componedor hacia el sector agroexportador (alentado por un acercamiento jalonado con cuidados movimientos: flores para el campo en la inauguración de la ampliación de la planta de SanCor-Arla en Porteña, Córdoba; la presencia de su ministro de Agricultura, Domínguez, en la misma Bolsa para el primer remate de soja del año fueron preparando el camino para la llegada de la presidenta a Rosario, con lógicas expectativas), todo se terminó pronto cuando ingresó en el “núcleo duro” de su exposición: un recordatorio punto por punto de las bases de su plan de gobierno, en que retenciones, dólar controlado y acumulación de divisas genuinas por la diferencia de exportación e importación son inmodificables.

Unas pocas flores

Antes y después del tramo principal de su discurso, Cristina Fernández de Kirchner, de elegante y sentador conjunto negro y sobrio collar de perlas, jovial y distendida, bromeó con un fotógrafo que recibió reproches por tapar al resto, concedió que “tenemos la producción agro-industrial más competitiva de todo el planeta” y pidió no perder por cuestiones ideológicas la oportunidad histórica de crecer a partir de una favorable coyuntura internacional.

La presidenta llegó con un retraso de “sólo” 50 minutos, razonables si se los compara con otras “amansadoras” relacionadas a veces con cuestiones del protocolo nacional y otras muchas con su propio estilo, a un salón de cuidado y selecto público, en su mayoría empresarios, corredores de bolsa y políticos.

En su comitiva estaban entre otros los santafesinos María del Carmen Alarcón (secretaria de Integración Nacional); Ricardo Luján (subsecretario de Puertos y Vías Navegables) y Carlos Carlozzi, asesor de la secretaría general de la Presidencia.

Y entre los intendentes de la zona, advertimos la presencia del santafesino Mario Barletta; y de los intendentes de Rafaela, Omar Perotti, y de San Carlos Centro, Omar Príncipe; el primero radical, los otros dos, justicialistas.

El golpe de efecto estuvo en el ingreso de Soledad Pastorutti, quien cantó un tema a Rosario y luego el Himno Nacional, en una hermosa versión con bombo y guitarras. Soledad, vestida de blanco, estuvo afinadísima y sin desbordes y la gente, empezando por la presidenta, disfrutó de la sorpresa.

A la hora de los discursos

Hubo tres oradores solamente (al principio se había anunciado que el intendente rosarino, Miguel Lifschitz, pronunciaría unas palabras de bienvenida, pero fue limpiamente eliminado de la lista): el titular de la Bolsa, Cristian Amuchástegui, anfitrión y principal impulsor de un acercamiento hacia el gobierno nacional; el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner y la presidenta Cristina Kirchner.

Amuchástegui, componedor, agradeció cálidamente la presencia de la presidenta (es la primera vez que asiste a presidir un acto oficial a la entidad), pero reclamó una serie de obras relacionadas con infraestructura vial y de la hidrovía y, de modo elegante, comenzar a estudiar formas de bajar retenciones progresivamente sin desfinanciar al Estado (ver aparte).

No estuvo demasiado eficaz en este caso el gobernador Binner en su breve discurso. Dada la extensión del de la jefa del Estado, a la postre, la brevedad fue casi la única virtud rescatable de sus palabras, en donde transitó por la necesidad de dialogar y profundizar el modelo de manera sustentable.

En algún momento ensayó una teoría que la presidenta reprobó meneando la cabeza, al sostener que Santa Fe no tenía tantas riquezas naturales como otras provincias (quizás en alusión a la falta de petróleo) pero sí una enorme cultura del trabajo. “Hermes, disculpame”, recogió rápida Cristina, pero “pocas provincias han sido tan bendecidas para tener todo lo que tienen””.

Cristina, implacable

Luego, fue el turno de la presidenta, que habló 42 minutos en un duro e implacable discurso. Nada de anuncios ni de obras (hizo mención a la hidrovía y a la autovía de la 9, pero ninguna novedad) y, fundamentalmente, lejos de emitir algún guiño o gesto hacia el modelo agroexportador del que Rosario es el eje, defendió las retenciones y dio una monolítica explicación de los principales ejes de su política económica.

“No fue una lección de economía -dijo un experimentado hombre de negocios de la Bolsa rosarina- sino una lección de política. Tomó todo lo que le dimos y nos refregó en la cara sus números”.

Para un joven corredor de Bolsa, el discurso de la presidenta (que luego estuvo un rato en el recinto donde se degustaban bocaditos con selectos vinos y champanes) fue lúcido, correcto en algunos puntos e innecesariamente duro en otros.

La presidenta se cuidó de apuntar a alguien en especial con respecto a la evasión: “es un problemas de todos, es un problema estructural y cultural de los argentinos”, -argumentó- pero se encargó de preparar su discurso con datos frescos y específicos. “Hay una facturación global por ventas de 147.000 millones de pesos y se paga de Impuesto a las Ganancias sólo 2.200 millones. ¿Cómo es eso posible?”. Para rematar que “la elusión, la evasión y la informalidad global me obligan a una sola salida: pararme en la Aduana”.

Ya para entonces los aplausos, especialmente de las primeras filas -mitad propia tropa, mitad cuidado auditorio- y las gentilezas habían pasado. En el momento central de su exposición un silencio sepulcral ganó la sala, y sólo fue interrumpido por algunas toses esporádicas que el duro invierno instaló en muchos. El invierno parecía estar en la sala misma de la Bolsa: no hubo enamoramientos ni seducción. Como un matrimonio desavenido que después de un largo tiempo vuelve a recomponer correctas relaciones mínimas, hubo en este caso más frialdad y reproches que la posibilidad de un feliz reencuentro.


Nueva visita

La presidenta de la Nación volverá a la provincia el viernes 27, para la inauguración del acueducto Centro-Oeste. El acto se concretará en San Genaro.