Entrevista a Patrizia Herskovits

La experiencia de vida y trabajo de una profesora italiana en Santa Fe

Patrizia Herskovits nació en Florencia y se graduó en Letras en la Universidad Estatal de Milán. Se desempeñó como docente titular de italiano, latín y griego en el Liceo Classico Parini, de Milán, y como investigadora en el área de las lenguas clásicas en el marco del Progetto Sperimentale Brocca, en el mencionado instituto hasta el 2005. Desde el 2006 es lectora del Ministero degli Affari Esteri en la cátedra de italiano de la Universidad Nacional del Litoral. Ha dictado cursos y conferencias, y publicado libros de didáctica de la lengua y la literatura italiana y latina.

La experiencia de vida y trabajo de una profesora italiana en Santa Fe

Patrizia Herskovits Foto: Flavio Raina

 

Por Silvio Cornú

—De Italia a la Argentina, de Milán a Santa Fe, ¿cómo es que se produce este pasaje?

Patrizia Herskovits: —Para mí el pasaje empezó con Bob Dylan. Después de concursar para el cargo de enseñante en el extranjero, el Ministerio del Exterior de Italia me envió un listado de ciudades para elegir. Santa Fe me recordó las canciones de Bob Dylan del álbum “Desire”. Y la elegí sin saber nada, ni siquiera en qué punto de la Argentina estaba. Como siempre, Bob Dylan me inspiró bien.

Llegué acá con mi marido, Paolo, dejando dos hijos ya grandes en Europa. En Santa Fe encontramos gente cariñosa, amigos queridos y una vida que a nosotros nos pareció a medida humana. Entonces decidimos quedarnos acá todo el período de cinco años que mi contrato de trabajo establecía, a pesar de la posibilidad de mudarnos a otro lugar del mundo después de dos años. Humedad aparte, fueron cinco años ricos en experiencias humanas además de profesionales.

Cuando partimos de Italia pensábamos que iba a ser un viaje en un espacio lejano y distinto. En realidad fue un viaje en el tiempo. Acá encontramos una realidad moderna que, no obstante, supo mantener valores y sentimientos que en la Italia de hoy se perdieron. Fue como volver a una Italia de gente sociable y amistosa. ¡Nos gustó mucho! Y aprendimos el orgullo de ser “tanos” en una ciudad orgullosa de sus antepasados italianos.

—¿En qué consistía su relación en Italia con las lenguas clásicas? ¿Cuál fue su itinerario de llegada a las áreas conectadas con el griego y el latín?

—Yo siempre enseñé latín y griego y siempre intenté nuevos métodos didácticos para que los alumnos se acercaran al mundo clásico no como a un mundo muerto, sino como al mundo de nuestras raíces. Por eso acepté con entusiasmo la posibilidad de hacer cursos experimentales en el ámbito de un proyecto del Ministerio de la Educación italiano, Proyecto Brocca, que dio buenos resultados, pero lamentablemente con el gobierno de Berlusconi todas las innovaciones fueron cortadas y con ellas ese proyecto.

—Usted estaba familiarizada con las relaciones entre el latín y el italiano. Ahora ha frecuentado las relaciones entre el latín y español. ¿Qué diferencias nota entre estas dos lenguas romances y su lengua madre latina? ¿Cuál es más latino, el italiano o el español?

—Para mí fue una novedad y un desafío enseñar italiano a alumnos de otra lengua. No sé si lo hice bien pero me intrigó mucho. Lo que sé es que esta experiencia me impulsó a reflexionar también sobre mi lengua madre en su relación con el castellano. En esa reflexión me ayudó mucho relacionarme con la matriz latina común.

Volviendo a la última pregunta, siempre tuve la impresión, nunca profundizada, de que el castellano es “más latino”. Puede ser por la fonética o porque, practicando el castellano, encontré palabras similares a las latinas que en italiano no existen. El vocabulario italiano, por otro lado, contiene muchas palabras que llegan de las lenguas de quienes invadieron Italia después de la caída del Imperio Romano. Muchas, de hecho, son las herencias lingüísticas de normandos, godos, longobardos, árabes y, también en época más reciente, de alemanes, españoles y franceses. Aunque es verdad que un proceso similar ocurrió también con el español. En última instancia, el italiano tal vez parezca menos latino debido a los cambios ortográficos, como la supresión de la h y la reduplicación de consonantes.

En el complejo, sin embargo, hay muchas afinidades entre las dos lenguas, y creo que son estas afinidades las que dificultan especialmente el aprendizaje. Todo parece fácil. Para tomar un lugar común, se puede decir que un italiano piensa que para hablar bien castellano es suficiente poner una “s” al final de cada palabra... Un argentino, en cambio, cree no tener problemas porque está convencido de que siempre habló italiano con su abuelo.

—A punto de terminar la primera década del siglo XXI, ¿cómo visualiza el futuro de los estudios clásicos en Italia, en Argentina o en el mundo?

—Cuando pensamos en un genio pensamos en Leonardo da Vinci, el hombre completo. Cuando se hace un programa para la escuela, en Italia y creo que en todo el mundo, se piensa en primer lugar en la formación técnica. Esto para mí es el nudo de todo. Éste es el error.

¿Es posible ser un gran técnico, desconociendo el proceso cultural de la sociedad que nos rodea, del camino de las ideas que nos trajeron hasta aquí? Creo que no.

En el mundo latino y griego se encuentran no sólo las raíces de nuestras lenguas sino también las de nuestras ideas básicas sobre la sociedad humana, el Estado, el derecho y el pensamiento científico.

No es casual lo que sucede con los alumnos del Liceo Classico Italiano, que deciden graduarse en una facultad científica. Tienen problemas en el primer año de la universidad, pero después son los primeros, porque tienen la mente más abierta y mejor capacitada para hacer conexiones. Esto es tan evidente que me pregunto si quienes confeccionan los programas para las escuelas no estarán en realidad haciendo programas para que nadie pueda acceder a un saber interconectado.

Yo no sé cuál podría ser el futuro de los estudios clásicos; lo que sé es que será una batalla perdida si defendemos el latín y el griego como se defiende una ciudad sitiada, la ciudad donde todo es perfecto, la cumbre de la civilización humana, y donde todo lo que está afuera es bárbaro y amenazador.

El mundo latino y el mundo griego son parte de nuestros logros y de nuestras debilidades. Por eso es mejor conocerlos para ser verdaderamente modernos.

 
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