Bajo el reino de la suspensión

 

Por JC Ramírez

“En la hora de los monos”, de Federico Falco. Emecé, Buenos Aires, 2010.

Los nueve cuentos reunidos bajo el título del último texto, “La hora de los monos”, contienen más de una anécdota por título, anécdotas realistas que luego de captar nuestra atención nos llevan, sin servirse de artilugios, a un realismo raro, si es posible que la expresión no contenga nada de peyorativo. Pues bien se sabe que la vida es rara, y entonces por qué no serlo un cuento realista.

Un grupo de personas aborda un avión y aunque hacen contacto y entablan conversaciones, dentro de cada uno se desata otra historia. Enrique vuelve de un largo viaje a Machu Picchu, comenzado como una suerte de rebelión contra una vida sedentaria que raya en lo cotidiano familiar. Fátima viaja para encontrarse con un hombre que conoce sólo a través de cartas. Y sin embargo, entre Enrique y Fátima se inicia una relación. Sus pasados, sus angustias, sus psiquis se enriedan para construir la trama del relato. Y entonces, el cuento, ¿dónde acontece? ¿En la sala de espera del avión, en su entorno, en la mente de cada uno?

¿Adónde empieza y dónde termina lo relatado? ¿Hay un principio para lo que nos sucede ahora? Estos cuentos parecen sostener el principio de que todo deviene. Un hombre rememora las charlas con su psicoanalista, piensa con vaguedad en una pluralidad de asuntos de su vida, piensa también en su psicóloga; sin que lo advirtamos, se sube a su auto y atropella sin querer a otra persona y la mata . ¿Y no es acaso así la vida? ¿Se nos avisa cuándo llega el amor o la muerte?

Federico Falco, nacido en General Cabrera, provincia de Córdoba, en 1977, publicó los libros de cuentos “222 patitos” (2004) y “00” (2004), la plaqueta de poemas “Aeropuertos, aviones” (2006) y el libro “Made in China” (2008). Cuando aún era inédito, El Litoral lo premió en el concurso literario que organizó en su 80º aniversario.

Este nuevo conjunto de cuentos se presenta bajo un estilo firme, de aparente imparcialidad y distanciamiento, para impulsar la subjetividad del lector, sin que pueda contar con el auxilio ni adolecer con los veredictos del narrador. Se trata de una prosa que a la narración prefiere la presentación, con una admirable fluidez. Presenta los personajes y las situaciones, y el lector se encuentra asistiendo no a una sucesión de acciones sino a un espectáculo donde el narrador, valiéndose de una suspensión temporal entrega un conjunto de diapositivas desordenadas con lógica, donde nunca se sabe cuándo ni dónde terminará la anécdota. Entre los hechos que presentan, se pasa de una niña aturdida por el beso abrupto de un niño de mundo al destino de un elefante que ha sido abandonado a morir en un pueblo cualquiera por un circo que ha estado de paso. En el cuento “La hora de los monos” la noción de argumento se desdibuja, o mejor dicho, se redibuja. El lector puede advertir que las acciones no corresponden a una única historia, o a un tema medular, sino que la multiplicidad de puertas temáticas y argumentales son tantas como la cantidad de personajes que aparecen en el texto. Y esas anécdotas se hilvanan casi no por el contacto entre los personajes, y ni tal vez por la situación que hace de punto de encuentro, sino porque el mismo contexto hace fluir sus voces interiores.

La originalidad de Falco está bien evidenciada a la hora de rematar los cuentos. En “Las aventuras de la señora Ema”, el final abierto deja la sensación que deja cada día de nuestra vida, la sensación de que nada termina, que siempre hay algo que esperar, que siempre hay algo que hacer o replantear.