Damnificados por el terremoto se sienten olvidados

 

Medio año después del peor terremoto de la historia de Chile, los pobladores del borde costero arrasado por el tsunami luchan con tanto coraje como los obreros atrapados en la mina del desierto desde hace tres semanas, pero denuncian el olvido de las autoridades.

Los habitantes de la zona afectada por el terremoto han vivido muy de cerca la tragedia de las familias de los 33 mineros atrapados en el yacimiento San José y han compartido la alegría de sus familiares cuando fueron localizados el pasado domingo.

Pero también temen que la atención de las autoridades chilenas y de la comunidad internacional hacia el drama de la mina de Copiapó desvié la mirada sobre sus problemas, que aumentan día a día. “Estamos viviendo de la ilusión y la esperanza de que pronto haya un proyecto de trabajo, de la ayuda solidaria de los particulares, porque del gobierno no hemos recibido casi nada”, se queja Moraga, una joven dirigente del campamento “Nuevo Amanecer” de Dichato.

Carmen tiene dos hijos y teme que “cuando dentro de tres o cuatro meses se acaben las reservas y aumente la cesantía, comience a haber hambre”.

El terremoto de 8,8 grados de magnitud afectó a varias regiones del país; dejó 521 muertos, 56 desaparecidos y dos millones de damnificados, y además provocó daños materiales por 30.000 millones de dólares.

“La ayuda del gobierno ha sido palabrería, harta palabrería”, asegura Sergio Miranda, otro de los dirigentes vecinales de “Nuevo Amanecer”, que perdió su casa en la llamada “zona cero“: la costanera de Dichato, donde se concentraba la actividad económica de lo que algún día fue uno de los pueblos más turísticos del litoral central de Chile.