De la ficción a la ciencia: 10 millones de máquinas para filtrar el aire
Cómo lavar la atmósfera, próximo debate del calentamiento global
En diciembre, en la Conferencia de Cambio Climático Mundial, se presentará un plan planetario de intervención para enfrentar el efecto invernadero.

Plantas termoeléctricas de Rusia queman carbón de piedra. Las emisiones de dióxido de carbono, lejos de reducirse como recomendó el Protocolo de Kyoto, siguen creciendo.
Foto: EFE
Luis Rodrigo
Las cifras y los casos que muestran que el clima del planeta ha cambiado son abrumadores. Y al cabo de una hora y media de exposición metódica, bien parecen un creíble anuncio del fin del mundo.
El Dr. Osvaldo Canziani -Premio Nobel 2007 (obtenido como miembro del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas- dice que los efectos serán tan graves que -por ejemplo- Santa Fe sufrirá un proceso de desertificación en cuestión de décadas, y que esa constante convivirá con episodios de lluvias intensas e inundaciones.
Habla de la preocupación en Europa por la extensión del Sahara a ese continente: temen que esta generación vea a Milán o París con el clima de El Cairo.
El efecto invernadero, provocado por la contaminación del aire con dióxido de carbono, hace de la atmósfera una pantalla que impide que se expulse parte de la radiación solar. Y eso no es todo. Debe sumarse la destrucción de los recursos naturales, de la biodiversidad, la contaminación y el aumento geométrico de la población.
Y el riesgo no está lejos: según el especialista internacional, para 2050 habrá 9.000 millones de humanos (2 mil millones más que hoy).
“Esto es urgente: no es el fin del mundo, es el fin del bienestar del mundo”, dice Canziani al concluir la charla, luego de verificar que el Protocolo de Kyoto es letra muerta.
Lo escucha y aplaude la mitad de la sala del Centro Cultural Provincial de calle Junín, que ha asistido -un lunes por la mañana- a las actividades preliminares del Congreso Internacional de Protección Civil que se llevará a cabo los días 23 y 24 de septiembre del corriente año, en la ciudad de Rosario.
Geopolítica y geoingeniería
La geopolítica verifica que los países poderosos no están dispuestos a cambiar sus procesos de industrialización y desarrollo, más allá de las recomendaciones que votan sus embajadores en Naciones Unidas.
Canziani dice que Estados Unidos no está dispuesto a perder el liderazgo pero que China y la India lo acechan. Y que ambos nuevos colosos orientales, más otros países emergentes como Brasil, Corea y México, “contaminan mucho más que norteamericanos y europeos”.
Un nuevo concepto, la geoingeniería, parte de la capacidad del hombre para modificar el ambiente. Incluso los geólogos hablan de una nueva era: la antropocena, un término creado por Paul Crutzen, químico atmosférico, ganador del Premio Nobel.
De la ficción a la ciencia, se piensa en la gestión del planeta. Y en mitigar las consecuencias del efecto invernadero con una intervención de escala mundial.
Sinceridad
“Naciones Unidas tiene muchos pecados”, dice Canziani que se define como un católico. Y agrega: “He trabajado allí por más de 30 años, y creo que sus conclusiones, investigaciones y recomendaciones son útiles si alguien las usa y si las usa bien... Pero creo que nadie lee las recomendaciones de la ONU”, concluye.
“Ahora estamos trabajando con la Comunidad Europea. Hay expertos de Bélgica que proponen soluciones. La última reunión fue en 2008 en Alemania y se trató de verificar qué ocurre con el artículo segundo de la Convención Internacional de Cambio Climático, que advierte que se deben cuanto menos estabilizar las emisiones contaminantes. Y esos resultados no se alcanzan, al contrario”, señala el experto.
Frente al calentamiento global hay ideas que provienen de la geoingeniería: “Hace 30 años, los japoneses pensaron poner espejos en satélites para rechazar al Sol o -algo similar- agregar sustancias volátiles a la atmósfera que disminuyan la radiación; pero eso tiene un inconveniente. Si el mundo fuera reforestado sí sería positivo, pero si no no tiene sentido”, explica el experto.
Otra posibilidad es agregar a la atmósfera “polvo de aluminio para reflejar los rayos solares o quemar azufre para incrementar las nubes y así inyectarle a los océanos óxido de hierro para facilitar el aumento de la masa de plancton y restituir el equilibrio marino”, sorprende. Y aclara: “Son experiencias ejecutables”.
Filtros gigantes
La última tecnología en diseño -producto de que no se cumple el Protocolo de Kyoto- es radical y consiste en “lavar la atmósfera”.
“Parece ciencia ficción pero es posible: cuesta mucho dinero y el programa va a ser expuesto en Cancún en la Academia de Ciencias de México”, en diciembre próximo.
El objetivo es “detener y aun revertir el actual aumento del dióxido de carbono. Se piensa en máquinas que tengan filtros con materiales que puedan capturar el dióxido. No es una tecnología nueva, sino que existe hace tiempo y que se utiliza, por ejemplo en París: en los Campos Elíseos hay torrecitas que parecen puestos de diarios. Purifican el aire y disminuyen el impacto de la concentración de vehículos y turismo”, menciona Canziani.
Es una tecnología que hoy es muy cara: cuesta unos 200 dólares cada tonelada de dióxido de carbono que se le quita al aire. Pero si ese proceso se masifica, la captura por tonelada bajaría a 30 dólares, y “esto sí es ya un precio bastante aceptable”.
Se piensa en instalar 10 millones de estas máquinas en el mundo. “Parece mucho, pero si el mundo para 2050 va a tener 40.000 millones de autos, esos 10 millones no son nada especial... Y acá se juega el futuro de la Tierra y la ONU va a tener que actuar en este campo”, adelanta el Nobel.





