Pensar en el largo plazo

En el congreso CREA, todos los sectores convocados por la entidad “pararon la pelota” para pensar un proyecto de Nación. El gobierno respondió con anuncios, criticados por el ruralismo.

Federico Aguer

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No hubo charas técnicas, ni capacitación profesional. Hubo un estado de ánimo aglutinante para periodistas, políticos y pensadores en general, que se convocaron para consensuar ideas que ayuden a programar y concretar un país en el largo plazo. Hubo buenas noticias, y también un “baño de agua fría” sobre la realidad actual nacional. A nivel educativo, por ejemplo, creció el índice de escolarización y bajó el analfabetismo en la Argentina, aunque creció la tasa de repitencia y sigue siendo bajo el índie de gradución en el nivel medio (más del 30 por ciento de los estudiantes no completa la secundaria). A nivel social, crece la desigualdad. La diferencia entre el 10% más rico de la población y el 10% más pobre, en los años 70 era de 7 a 1. Hoy es de 31 a 1. Hay cerca de 200.000 jóvenes de 16 a 24 años que no estudian ni trabajan. Existe una marcada concentración de la pobreza en el NOA, el NEA y, muy especialmente, en el conurbano bonaerense.

Para el economista Roberto Martínez Nogueira, “el Estado actual tiene condiciones muy deficientes como para hacer frente a los desafíos de la sociedad argentina. Carece de una visión de largo plazo; sus políticas son fragmentadas y no hay una visión integral de los problemas. Es un Estado distante, ineficiente, con reducida capacidad analítica”. Hay que fomentar el desarrollo de las ciencias “duras”, la vocación al trabajo y la sustentabilidad productiva.

La presidenta de la Nación anunció esta semana el Plan Estratégico Agropecuario, diseñado para agregarle valor a la producción primaria, pretendiendo incluir a todos los eslabones de las cadenas productivas.

Las entidades agropecuarias le dieron la espalda al proyecto desde su génesis. Solamente la Federación Agraria dijo presente, contradiciendo a sus socios de la Mesa de Enlace, haciendo tambalear aún más a la asociación de las entidades del campo.

Las dos posturas son entendibles. Los federados, aún sin estar de acuerdo con el Plan, se muestran conciliadores. El resto de las entidades, luego de una larga historia de desencuentros, sabe que la política agropecuaria seguirá pasando por un matrimonio presidencial que los seguirá marginando a la hora de tomar la decisión final. En Argentina cada uno sigue por su lado, y el largo plazo sigue siendo solamente una ilusión.