EDITORIAL
EDITORIAL
Un nuevo Consejo de la Magistratura
La victoria de una lista políticamente opositora a los Kirchner en el Colegio de Abogados de Buenos Aires no sólo explicita un cambio en la actual relación de fuerzas internas de esta institución; también anuncia transformaciones que impactarán en el Consejo de la Magistratura y, de una manera indirecta, en el propio sistema político.
El veredicto de las urnas expresa un cambio de humor en un área tan sensible como el derecho. En una sociedad con instituciones fuertes se supone que jueces y abogados no se dejarían influir por los cambios políticos de la sociedad, pero la experiencia demuestra que esa hipótesis sólo se plantea respecto de mundos ideales. En la vida real de las imperfectas democracias latinoamericanas, a nadie le debería llamar la atención que los cambios de las modas políticas también alcancen a jueces y abogados.
Esto es lo que pareciera haber ocurrido en el referido colegio profesional, particularmente con los votantes y simpatizantes de la lista ganadora, quienes el día del triunfo corearon entusiasmados la consigna “se va a acabar la dictadura de los K”. Más allá de los entusiasmos pasajeros, el titular de esa nómina, el radical Alejandro Fargosi, sostuvo que el triunfo de la Lista Pluralista representa un cambio fundamental, porque comienza a recorrerse el camino hacia una mayor independencia del Poder Judicial respecto del poder político.
Como para disipar cualquier duda, luego de referirse a los “inadmisibles” atropellos contra la Justicia, Fargosi concluyó diciendo que “hay jueces que no deberían estar y los que deberían estar no están”, una manera si se quiere concluyente de criticar los tejes y manejes del Poder Ejecutivo con jueces que les responden.
De todos modos, sería injusto y hasta simplificador suponer que abogados y jueces modifican su humor de acuerdo con cambios coyunturales. Pero aclarado este punto de vista, es necesario insistir que la sana autonomía del Poder Judicial no se puede confundir con una teórica independencia absoluta que pondría a sus integrantes afuera del devenir de las sociedades.
La historia demuestra que los proyectos políticos influyen sobre los integrantes de la sociedad y sobre su elite dirigente. En ese sentido lo sucedido en el Colegio de Abogados de la ciudad de Buenos Aires es una señal clara de cambio. Y de hecho manifiesta el hartazgo que experimentan amplios sectores sociales frente al atropello, el maltrato y el conflicto permanente. Por esa misma razón muchos comienzan a “mudar de piel” en un estilo y con un ritmo que recuerdan lo ocurrido con Menem a fines de los ‘90.
Si el Consejo de la Magistratura deja de funcionar de acuerdo con los designios de la mayoría automática y algunos jueces se convencen de que un ciclo político ha llegado a su fin, el gobierno afrontará dificultades adicionales a las que ya experimenta por el cambio de composición de las Cámaras legislativas. La duda, entonces, es si institucionalizará sus procedimientos o se llevará por delante la legalidad instituida.