Llegan cartas
Llegan cartas
Disputa en culto lenguaje docente
M. Carlos Visentín.
DNI 2.389.173.
Señores directores: Ésta es una anécdota real. La charla entre los profesores, durante los recreos, es un momento interesante, porque es muy agradable intercambiar ideas en culto lenguaje docente. Los minutos se hacen cortos y les cuesta interrumpirlos, sumado a esto lo que yo llamaba en bromas, el “paso académico”, que es la prolongación de la conversación, a paso lento, en las galerías, lo que realmente hace comenzar las clases con tardanzas. Los preceptores, que esperan la llegada del profesor para entregar el aula, me presentaban su queja en mi carácter de director de un colegio de nivel secundario de esta ciudad. Por esa causa, apenas sonaba la campana que interrumpía el recreo, me acercaba a la sala de profesores, porque la sola presencia directiva apuraba a los más lentos, sin necesidad de palabras. En una ocasión ocurrió lo siguiente: encontré en la sala sólo a dos educadores de Música, que estaban discutiendo en forma acalorada y alcancé a escuchar el siguiente diálogo (porque se miraban furiosos, y a mí ni me vieron):
—Pobres, sus alumnos, con un profesor como usted, ¡señor profesor!
Le respondió: —Mis alumnos saben mucho más que los suyos, ¡señor profesor!
—Usted de Beethoven sólo ha heredado su sordera, ¡señor profesor!
—Y usted, que enseña que dentro de la música ciudadana el “zorzal criollo” no es Gardel, sino un pájaro, ¡señor profesor!
—Usted, el único instrumento a cuerda que sabe tocar es la campana, ¡señor profesor!
—Y usted, cuando toca el piano, parece que aún no levantó la tapa que cubre las teclas, ¡señor profesor!
—Usted se cree que es un concertista de guitarra, y es sólo un pobre rascatripas, ¡señor profesor!
—Y usted, cuando maltrata las cuerdas de su pobre violín, parece que toca y asesina un contrabajo, ¡señor profesor!
—Mire, si usted me sigue molestando, le puedo dar un trompis, ¡señor profesor!
—Yo, a usted, le puedo llenar su horrible cara de dedos, ¡señor profesor!
Me pareció que era el momento adecuado para apaciguar y me acerqué para calmarlos. Los dos me miraron feo y simultáneamente me dijeron:
—Usted, ¿por qué diablos se mete, si es de Geografía, ¿¡señor profesor!?
Entonces, por educación docente, me retiré en silencio, ¡sin saludarlos! Pero pensando: “Estos dos se creen que la Música vale más que la Geografía. ¡Ah, eso sí! Reconozco que, si bien se insultan, se ofrecen golpes de puños, jamás se olvidaron del.. ¡señor profesor! ¡Hay cultura!”.
Para Matías Causso
Alumnos de 7º “A” de la Escuela Nº 6093
Señores directores: Somos treinta y dos alumnos de séptimo grado de la Escuela Nº 6093 Paraná Medio, un colegio situado en la localidad costera de Santa Rosa de Calchines.
Nos decidimos a escribir esta carta porque, a raíz de notas publicadas en ese diario, pudimos realizar diferentes trabajos en el área de lengua y conocer parte de la vida de Matías Causso. Su historia nos ha conmovido y deseamos que por este medio, le hagan llegar nuestro cariño, palabras de aliento, y ofrecerles nuestra amistad a él y a su hermana. Deseándoles, también, un presente y un futuro feliz, que puedan estudiar y realizar poco a poco sus proyectos.
Les enviamos, por medio de estas líneas, nuestro afecto y apoyo.
Esperamos saber pronto de ustedes.