Sanciones a los grandes evasores
La noticia sobre la detección de millonarios montos de evasión fiscal por parte de conocidas figuras santafesinas, incluyendo jugadores de los dos clubes de fútbol más importantes de la ciudad y miembros de un grupo bailantero, generó el esperable impacto entre la ciudadanía y debería funcionar como un llamado de atención acerca de los presupuestos en que se basa el funcionamiento de cualquier sistema tributario, las condiciones necesarias para que opere de manera adecuada y los efectos que se desencadenan en la sociedad cuando ello no ocurre.
En una economía de mercado, la recaudación impositiva es la fuente de financiamiento del Estado y el insumo principal para el cumplimiento de sus tareas. Esa exacción legal sobre el patrimonio de los ciudadanos convierte a éstos en contribuyentes; condición que los habilita, a la vez, a reclamar como contraprestación los servicios públicos en materias como salud, educación, seguridad y justicia.
Este vínculo es el que sustenta, también, las políticas de desarrollo y de distribución del ingreso que competen a la autoridad política. Pero, en su diseño y ejecución, debe cumplimentar algunos requisitos básicos, que permitan su sustentabilidad: tratamiento equitativo, mínima interferencia en las decisiones económicas y moderación en la imposición de costos.
La indebida aplicación de alguno de estos ítems, o la percepción de que el Estado no cumple con su parte del compromiso, es lo que motiva muchas veces que los ciudadanos busquen la manera de sustraerse a la obligación tributaria, y se produzca la evasión. El condicionamiento que una imposición excesiva produce, o la percepción de falta de transparencia en los mecanismos o el accionar de los agentes gubernamentales, son otros factores que operan.
De todos modos, la evasión no reconoce como únicas motivaciones las enunciadas, ya que la ausencia de éstas no es impedimento para que se impongan el afán de lucro, la especulación, la ausencia de solidaridad o, lisa y llanamente, la carencia de toda conciencia tributaria. Es decir, el mínimo esfuerzo de comprensión sobre lo que la obligación fiscal supone y significa. Pero a la vez, esta predisposición a eludir la obligación se materializa bajo la convicción de que la infracción no será detectada y sancionada.
Entonces, la eficacia del organismo recaudador es la premisa básica e ineludible. Pero no es suficiente: debe haber un frente cohesionado en todas las áreas de gobierno, y fundamentalmente en la sociedad, para cumplir con cada uno de los recaudos establecidos, y llevar adelante una genuina educación en la materia, capaz de producir un cambio cultural.
En la medida en que la evasión se extiende, reduce los ingresos del sector público, deteriora la estructura social y económica, y acaba vulnerando la legitimidad de los gobiernos; máxime cuando se percibe corrupción en diversos estamentos o la impunidad de los grandes infractores. Por eso, el valor ejemplificador que tiene su persecución es esencial; tanto como la coherencia del aparato estatal en todos los demás planos.




