AL MARGEN
¿Y lo de ciudad cordial?
AL MARGEN
¿Y lo de ciudad cordial?
Veranito europeo en 1998, durante Mundial de Fútbol de Francia, para muchos el evento deportivo más importante, el que concentra mayor interés, cada cuatro años. La Argentina juega en París, en el Parque de los Príncipes y la cobertura de los enviados de El Litoral obliga a llegar, trabajar y pernoctar en la llamada “Ciudad Luz”. ¿El anfitrión? Un amigo de esta casa: Osvaldo Piazza, un caballero con todas las letras, que años antes había pasado como técnico de Colón y luego volvería para una campaña inolvidable.
“¿Saben qué? El parisino odia el Mundial. Es que el tipo que sale como todos los días a dar su vueltita en su Rolls Royce por Les Champs-Elysées, no soporta esperar diez minutos parado en un semáforo porque pasan brasileros, argentinos, y todo el mundo futbolero con sus banderas. No le va ni le viene esto del Mundial”, comentaba Piazza.
Hoy, también muchos santafesinos se sienten parisinos. Se quejan por las supuestas incomodidades que puede traerle el armado del circuito callejero antes del TC 2000; por los desvíos, por las esperas, por los cortes. Puede que tengan derecho. Lo que no pueden desconocer es lo que la competencia le genera a la ciudad en términos de ingreso fresco de dinero, posicionamiento turístico, marketing a través de los medios.
Hoteles con el cartel colgado de “no hay más lugar”; colas en bares y restaurantes para almorzar o cenar; movimientos para taxis, remises y transportistas. Ni qué hablar las playas de estacionamiento y cuida-coches. Pero, además, una mini-ciudad cerradas que se arma con proveedores locales. La cifra final: más de 80.000 personas en tres jornadas que dejan millones y millones de pesos en una ciudad donde cuesta cada vez más generar empleo.
A todos nos molestan los desvíos y la espera. Son tres días al año. Cambiemos la cara y recordemos la vieja frase en la caja de los alfajores que salían desde acá al mundo: “Santa Fe, ciudad cordial”.