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Garantizar la seguridad

Los motivos por los cuales una persona decide irse del país suelen ser diversos: falta de trabajo, falta de libertades, propuestas y reconocimientos más interesantes en el extranjero o miedo. En el caso de Carolina Píparo está claro que la decisión de irse a vivir al exterior obedece al miedo. No es para menos. Como es de público conocimiento, esta mujer fue asaltada a la salida del banco y recibió un disparo que la tuvo al borde de la muerte. Carolina estaba embarazada y como consecuencia de este incidente el parto se precipitó y el niño falleció unos días más tarde.

A nadie se le escapa que después de vivir semejante horror la víctima -o las víctimas- decidan abandonar el territorio que para ellos se asimila al infierno. Todos los argumentos racionales que se den para convencerlos de lo contrario chocan con el impacto emocional de la experiencia, impacto que no puede ser sustituido por discursos, promesas o justificaciones. Ni siquiera por el hecho cierto de que los principales autores del crimen fueron detenidos.

La noticia impactó en la opinión pública porque a nadie se le escapa que una decisión como la que acaba de tomar Carolina Píparo y su familia pone en tela de juicio uno de los roles decisivos que le corresponde jugar al Estado: la protección de sus ciudadanos. Cada persona que se va de su patria porque considera que el poder público no le brinda las garantías básicas e indispensables para vivir, de alguna manera manifiesta el fracaso de ese poder público, una derrota de nuestra convivencia social.

Lo que se diga para justificar lo sucedido no son más que palabras. Lo cierto y lo real es que una familia -conviene recordar que no es la única- deja su patria porque considera que el gobierno -o más precisamente el Estado- no le garantiza condiciones mínimas de seguridad. ¿Cuantos son los que creen lo mismo en la Argentina? No lo sabemos, pero hay motivos para sospechar que no son pocos.

¿Exageración? Puede ser, pero sería un error de apreciación atribuir lo sucedido solamente a la exageración o a un estado psíquico en particular. Desde hace años en la Argentina el tema de la seguridad es el que más preocupa a la gente. Así lo señalan las mediciones y las encuestas. Las más grandes movilizaciones sociales se han llevado a cabo en nombre de la seguridad. Puede que algún medio magnifique la situación, puede que algún político la exagere deliberadamente, pero lo que está fuera de discusión es que el problema existe y reducirlo a una “sensación inventada por los medios” es no sólo una mentira, sino y por sobre todas las cosas, un error, un error político.

Según se mire, lo sucedido con Carolina Píparo puede ser considerado una anécdota o un síntoma. En nombre de la prudencia y sabiduría política sería deseable que las autoridades lo consideren un síntoma, un síntoma que pone en evidencia problemas que está claro que no se pueden resolver de la noche a la mañana, pero que tampoco se puede esperar a que se resuelvan solos.



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