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Temas que preocupan

El “modelo”, la inflación y la mesa de los argentinos

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La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner acompañada por Carlos Salazar, gerente de la Unidad Operativa Oeste de Coca Cola, en La Matanza. También estuvieron Néstor Kirchner y Hugo Moyano. Foto: DyN

¿Cuánto trecho por recorrer tiene aún la política económica del gobierno, una extraña combinación de alta inflación, puja de precios y salarios, gasto público en alza y emisión monetaria despreocupada?

 

Sergio Serrichio/Para El Litoral

política@ellitoral.com

Desde la salida de la recesión de fines de 2008 y primera mitad de 2009, el fuerte crecimiento de la economía, acompañado de un algo más lento- retorno de la creación de empleos y una inflación que, siendo alta, no llega a desbandarse, ha alentado al gobierno y sus principales voceros a defender cada vez con mayor énfasis la supuesta fortaleza del “modelo” oficial.

Esa fortaleza, sin embargo, está prendida con alfileres. Por empezar, la inflación verdadera, aunque todavía inferior a los niveles de la década del ochenta y ciertamente lejos de los picos hiperinflacionarios de 1989 y 1990, pone a la Argentina fuera de cualquier rango de normalidad.

En 2009, por ejemplo, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), sólo tres países tuvieron inflaciones “oficiales” superiores al 20 por ciento: Eritrea, el Congo y Venezuela. La Argentina no figura allí sólo porque falsea sus índices de precios.

Aún con inflación alta, los partidarios del “modelo” lo defienden en la medida que el ritmo de los precios no se desmadre al punto de revertir la expansión de la economía y del empleo. Algunos, como Hugo Moyano, el secretario general de la CGT, y Roberto Feletti, el viceministro de Economía, han llegado a argumentar que la inflación es incluso benévola y la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, justificó un aumento adicional de la oferta monetaria para no “trabar” la economía, aunque en rigor la emisión responde a la necesidad de financiar un gasto desbocado.

Opiniones

El economista Luciano Cohan, de la consultora Analytica, calculó recientemente que las gestiones kirchneristas, que desde 2003 han subestimado sistemáticamente los ingresos fiscales para poder gastar, sin control, aquéllos que exceden la meta del presupuesto, han ido consumiendo más de ese extra. En 2004, por ejemplo, el gobierno de Néstor Kirchner se gastó el 55 por ciento del excedente, proporción que subió a 62 % en 2005, a 73 % en 2006 y a 82 % en 2007, donde lo mantuvo en 2008 su esposa y sucesora, Cristina Fernández. En 2009, en parte debido a la recesión, la proporción del “excedente” gastado creció a 93 % y este año superará el 100 por ciento. El gobierno ya gasta lo que no tiene.

¿Cuánto más? Federico Muñoz, otro economista, de la consultora homónima, calculó que los recursos transferidos del Central al gobierno crecieron de 1.300 millones de dólares en 2007 a 3.300 millones en 2008, sumaron 9.400 millones el año pasado y este año rozarán los 14.000 millones de dólares.

Es cierto que las reservas internacionales siguieron creciendo, pero también lo es que el balance del Banco Central se fue deteriorando. En diciembre de 2007, sus “reservas netas” equivalían al 61 por ciento de sus activos, proporción que fue cayendo sistemáticamente hasta llegar, en agosto pasado, al 45 por ciento, según calculó el consultor Federico Muñoz. En otras palabras, la solvencia del organismo responsable de la estabilidad del peso es cada vez menor, y el tamaño de sus pasivos (básicamente, por las deudas que contrae al colocar bonos para impedir una expansión monetaria aún mayor, debido a la compra de los dólares que arrima, básicamente, el complejo sojero) es cada vez mayor.

Contraparte

¿Qué alfileres sostienen el modelo? Uno es, indudablemente, el “retraso cambiario”, un dólar de cada vez menor poder adquisitivo en el mercado interno. El otro, la ayuda de nuestros principales socios comerciales para disimular nuestros problemas revaluando su moneda.

Ese “favor”, que nos ha hecho en especial Brasil, más los buenos precios internacionales de los principales commodities de exportación, ha permitido que el modelo preservara, hasta ahora, un fuerte superávit comercial. Pero no alcanza a disipar la pérdida de competitividad de la industria y de la producción agropecuaria no pampeana. Al respecto, un reciente estudio de Jorge Day, investigador de la Fundación Mediterránea, destaca las dificultades que se le plantean, en particular, a la producción de peras y manzanas, a la vitivinicultura y a la producción de aceite de oliva, entre otras ofertas regionales.

Ese “otro agro” explica apenas 7 por ciento de las ventas argentinas al exterior, pero pesa mucho más en sus regiones. Por caso, representa 41 % de las exportaciones de la zona de Cuyo, 36 % de las del NEA y 30 % de las del NOA.

Defensa oficial

Ayer, al inaugurar un Centro de Acopio y Distribución de Coca-Cola en el Mercado Central de Buenos Aires, en La Matanza, la presidenta Cristina Fernández se volvió a regocijar por las cifras de crecimiento y de consumo y celebró la inversión de la multinacional como una muestra de “confianza” en el modelo oficial.

¿Qué aporta al abasto de productos frescos al principal centro urbano del país la concesión de 7 hectáreas de valiosísimas tierras a una empresa cuyo principal producto sigue siendo una gaseosa cuya contribución al sector frutihortícola es su uso cada vez menor- de azúcar y de extracto de cáscara de limón? Es la pregunta que se hace, sin encontrar respuesta válida, el experto Mariano Winograd, presidente del capítulo argentino de “5 al día”, una ONG internacional abocada a la promoción del consumo de frutas y verduras, base de una buena dieta.

Un principio de respuesta tal vez deba buscarse en la evolución de la “mesa de los argentinos”. Un reciente trabajo de la consultora Abeceb.com precisa que en los últimos 30 años el consumo de gaseosas y aguas envasadas aumentó de 44 litros per cápita, promedio anual, en la década del ochenta, a 81 litros promedio en los últimos diez años, con un pico de 100 litros en 2008. Ni Coca Cola ni ninguna empresa del sector parecen necesitar auspicio oficial.

Mientras, el consumo de frutas y verduras se mantiene estacionado en 200 gramos diarios per cápita, básicamente en formas procesadas. Y lejos de las luces y cámaras que acompañaron el acto presidencial, la infraestructura del Mercado Central, el principal mercado concentrador de la Argentina, sigue en decadencia y es un obstáculo, más que una ayuda, para los productores primarios del país.

“Esta fábrica desmiente lo que quieren hacernos creer algunos, que dicen que no hay inversiones en el país”

Cristina Kirchner.

al inaugurar la planta embotelladora de Coca Cola en La Matanza.

Cristina en Nueva York

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner llegó a las 9.30 hora argentina, al aeropuerto John F. Kennedy, Nueva York, para participar de la Asamblea de las Naciones Unidas.

Acompañaron a la mandataria en el Tango 01, su marido y titular de la Unasur, Néstor Kirchner; el presidente provisional del Senado, José Pampuro; la senadora Roxana Latorre; el gobernador de Santiago del Estero Gerardo Zamora, y el secretario de la Gestión Pública, Juan Manuel Abal Medina. En tanto, el canciller Jacobo Timerman se encuentra en Estados Unidos desde el lunes.



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