EDITORIAL
EDITORIAL
La CTA envuelta en un duro conflicto
Es probable que en algún momento los principales dirigentes de las corrientes internas que dividen a la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA) se pongan de acuerdo y arriben a una suerte de consenso para terminar con las mutuas impugnaciones derivadas del reciente proceso electoral para dar nuevas autoridades a esa central sindical.
La CTA existe desde hace casi veinte años y, si bien no es reconocida oficialmente, cuenta con un número importante de afiliados y de sindicatos que adhieren a ella. A diferencia de la CGT -que es una central de trabajadores-, en la CTA están integrados movimientos sociales que amplían la representación y la hacen menos específica y más combativa.
Hoy, algunos de los valores que invoca han sido puestos en tela de juicio. Incluso, el acuerdo al que se arribe no logrará disimular el papelón protagonizado por dirigentes sindicales que en su momento se constituyeron como tales para diferenciarse de aquellos otros a los que calificaban de burocráticos, tramposos y violentos.
Cualquier cosa podría haberse objetado de los dirigentes de la CTA, pero no había dudas respecto de su honestidad y transparencia a la hora de resolver la gestión del poder. La CTA se constituyó para reivindicar las banderas de la democracia sindical. Se podrá debatir si sus dirigentes se acercaban o se alejaban más de los gobiernos de turno; si eran más o menos combativos. Pero lo que parecía estar fuera de discusión era su naturaleza democrática, un estilo que, según decían ellos, los alejaba radicalmente de los caciques sindicales, quienes no convocan a elecciones, no permiten la participación de sus afiliados y se eternizan en los cargos.
En la CTA las cosas parecían ir viento en popa hasta el momento en que tuvieron que definir las diferencias internas por la vía eleccionaria. El tema no era menor. En teoría política, resolver la cuestión de las sucesiones es clave, porque allí es donde se pone en evidencia la identidad democrática de los protagonistas. La historia enseña que, durante siglos, la renovación del poder en general se resolvió por el camino de la guerra civil, el golpe de Estado o el crimen. Fue en el siglo veinte cuando en el campo de la política se logró acordar y difundir el principio rector de que los cambios de gobierno se hacen a través del voto, es decir, de elecciones limpias.
El escándalo que hoy protagonizan Yasky y Miceli, cabezas de las respectivas listas contendoras, expresa las debilidades o contradicciones de una dirigencia sindical más habituada a las tradiciones burocráticas del ejercicio del poder que a las democráticas. Si bien los dirigentes de la CTA invocan la honestidad de la militancia, lo cierto es que la distancia entre las palabras y los hechos es grande, a tal punto que muy bien podría hablarse de una grieta cuya hondura y miserabilidad evidencian que los procesos de democratización de las corporaciones son mas lentos y tortuosos de lo que se suponía a primera vista.
Si bien los dirigentes de la CTA invocan la honestidad de la militancia, lo cierto es que la distancia entre las palabras y los hechos es grande.