1º de octubre día Internacional del Adulto Mayor
La revolución silenciosa de la tercera edad
Adelina Mellano De Beck (*)
Las conquistas de la ciencia y los progresos de la medicina han contribuido a prolongar la duración media de la vida humana. “La tercera edad” abarca una parte considerable de la población mundial; se trata de personas que salen de los circuitos productivos disponiendo de grandes recursos y capacidades para participar en el bien común.
La prolongación media de la vida y la disminución de la natalidad han producido una transición demográfica sin precedentes, crece el número de ancianos y disminuye constantemente el número de jóvenes. El fenómeno comenzó en 1960 en el hemisferio norte y llega ahora al hemisferio sur donde es más rápido el proceso de envejecimiento.
Esta especie de “revolución silenciosa” plantea problemas de orden social, económico, sicológico y espiritual, cuyo alcance es objeto de esmerada atención por parte de la comunidad internacional.
Ya durante la Asamblea Mundial sobre el envejecimiento de la población celebrada en Viena en julio de 1982 se había elaborado un “Plan Internacional de Acción” que sigue siendo hoy un punto de referencia a nivel mundial. Son conocidos los Principios de las Naciones Unidas para los ancianos. El 14 de diciembre de 1990 la ONU estableció el 1º de octubre como Día Internacional del Adulto Mayor.
Más adelante declara al año 1999 como el Año Internacional de los Ancianos y la elección de su lema “Una sociedad para todas las edades”, lo que confirma el interés por la temática.
La Santa Sede colaboró con el año internacional de los ancianos haciendo oír la voz de la iglesia a través de la publicación “La dignidad del anciano y su misión en la Iglesia y en el mundo” de Juan Pablo II y el Consejo Pontificio para laicos.
Insiste en el respeto a la dignidad y a los derechos fundamentales de la persona anciana, con la convicción de que los mismos tienen aún mucho que decir y todavía pueden dar mucho a la vida social, desea que se afronte la cuestión con un gran sentido de responsabilidad por parte de todos: individuos, familia, asociaciones, gobiernos y organismos internacionales, según las competencias y deberes de cada cual y de acuerdo con el principio de la subsidiariedad.
La preocupación y el compromiso de la iglesia a favor de los ancianos no es algo nuevo. Ellos han sido destinatarios de su misión y atención pastoral en el transcurso de los siglos y en las circunstancias más variadas se ha hecho cargo de sus necesidades, ha través de diferentes instituciones y congregaciones religiosas. El magisterio de la iglesia ha insistido siempre en la importancia primaria de valorar a las personas en su dignidad en todas las edades, llamando la atención para que no se dilapiden la riqueza humana y espiritual ni la experiencia y sabiduría acumulada durante vidas enteras. “Todavía tienen una misión que cumplir y una ayuda que dar” decía Juan Pablo II el 23 de marzo de 1984.
La Iglesia se empeña en cubrir las necesidades y expectativas humanas y espirituales y la elaboración de proyectos pastorales, arraigados en el campo de la defensa de la vida, de su significado y de su destino, para estimular a los mayores a que den su propio aporte a la misión de la Iglesia y ayudarlos a lograr un especial beneficio espiritual, gracias a su participación activa en la vida de la comunidad.
Este documento, debe servir de estímulo para reflexión y el compromiso de todos y de cada uno de nosotros.
(*) por la Pastoral Arquidiocesana para mayores y ancianos.




