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SEÑAL DE AJUSTE

Amalia Granata escribe una carta

Amalia Granata escribe una carta

“¿Y alguien se escandaliza con Amalia Granata y su carta abierta a Ricardo Fort, aliado a Pachano en la discusión?”, pregunta Maurer. Foto: Gentileza Ideas del Sur

 

Roberto Maurer

cultura@ellitoral.com

¿Quién le teme a Amalia Granata? ¿Acaso nadie vio a Angel Cappa en estado de furia? El entrenador lee libros, escucha a Serrat y defiende el tiki tiki, con lo cual, al menos en el ambiente del fútbol, es suficiente para ser considerado un intelectual: ni siquiera hace falta asistir a una conferencia de Santiago Kovadloff. A pesar de esa condición de hombre culto, y ya tranquilo, al día siguiente Angel Cappa continuó con insultos dirigidos a Banfield, sus jugadores y su técnico Falcioni, sólo porque habían sido superiores a River.

¿Y alguien se escandaliza con Amalia Granata y su carta abierta a Ricardo Fort, aliado a Pachano en la discusión? Un periodista de buena reputación como Jorge Lanata, acosado por el aparato de propaganda del kirchnerismo, desde su programa en el canal 26 trató a Orlando Barone de “viejo acabado” y luego de “chupador”, no se sabe si en la acepción que utiliza Diego Maradona en sus conferencias de prensa, o como sinónimo de borracho, mientras recordaba los tiempos de Barone trabajando para el Monopolio durante la dictadura.

Patricia Sosa cantó en la Rural y fue acusada de colaborar con los genocidas. Cantando, siempre fue una tortura para los oídos, pero nunca llegó al delito de lesa humanidad.

Sin embargo, las reyertas con violencia verbal que nacen en el programa de Tinelli irritan a muchas personas que creen vivir en un jardín arrulladas por el canto de los pájaros, como si la intolerancia fuera una exclusividad del “Bailando”, donde “explotó”, según el vocabulario de los programas de la tarde, la pelea que ha enfrentado a Amalia Granata con Pachano y Fort.

Anales: siempre se vuelve

Si se busca un ejemplo de escalada verbal, el caso resulta ejemplar y empezó por la palabra “meterete”, inocente y anacrónica, que Pachano deslizó al pasar. En pocas etapas, la Granata ya lo estaba tratando de “ridícula”, en tanto Pachano le contestaba “¿sabés donde te la metés a esa palabra? En uno de los pocos agujeros que te quedan sanos”. Granata sería un híbrido entre Magdalena Ruiz Guiñazú y Lita de Lázzari, para Pachano.

Por supuesto, en la chispeante polémica saltó la noche en que Granata se acostó con Robbie Williams, hace ya tantos años, un suceso legendario de los anales de la farándula y con el cual se inició la carrera de Granata, no se sabe muy bien de qué, y que ella misma difundió públicamente, aunque los escépticos dudan de que haya tenido realmente lugar, ignorando que siempre debe elegirse el mito y no la realidad, según la recomendación de John Ford en “¿Quién mató a Liberty Vance?”.

Cuando Ricardo Fort le dijo que se hizo famosa por acostarse con alguien, Granata, que alguna vez encaró a Aníbal Fernández, hizo su devolución:

—Te hubiera encantado que Robbie Williams te la ponga.

En estas discusiones, la peor amenaza consiste en anunciar el envío de una carta documento: al fin, algo menos inquietante que los gritos de Hebe de Bonafini.

En América, donde trabaja con Petinatto, la Granata es mostrada como una suerte de heroína en su papel de mujer-sola-frente-al-mundo, aunque siempre es mejor la soledad que tenerlo al lado al Ogro Fabbiani, el padre de su hija, a la cual Granata siempre recurre en su “lucha contra la injusticia”, según la expresión usada en “Infama”, como si fuera la única madre del planeta.

La carta

Después del choque en “Bailando”, según se lo relató a Jorge Rial en “Intrusos”, a las seis de la mañana y “en plena crisis de angustia”, como dramatizó el conductor, Amalia Granata escribió la carta.

Superados algunos temblores, la leyó con voz firme. En sus líneas, acusó a Fort de permanecer encerrado en el ropero sin seguir el ejemplo de “gays, lesbianas y trans que tuvieron los huevos para enfrentar a una sociedad discriminatoria”. Dijo que se trataba de “un misógino que se esconde en su dinero” y que “le hace creer a la audiencia que es heterosexual y cuando estas señoritas pagas se hartan, intenta sacarlas del medio con maltratos e improperios”. Fueron líneas bien escritas, a las cuales Fort no replicó con la misma altura:

—¿Qué le importa si me la como?



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