Tensión entre Irán y la Argentina

Como era de prever, el gobierno de Irán a través de sus máximas autoridades políticas rechazó la propuesta argentina de juzgar a los funcionarios de ese país involucrados en el atentado terrorista contra la Amia en territorio neutral. Para los observadores internacionales la respuesta era previsible, pero lo que llamó la atención fue la imputación del régimen chiíta al gobierno argentino de financiar a grupos terroristas enemigos de la “revolución islámica”. La retórica de Ahmadinejad no sorprende, pero no deja de ser grave que un gobierno acuse a otro de alentar actividades terroristas internas, sobre todo cuando no brinda ningún indicio que justifique semejante imputación.

De todos modos, el gobierno argentino ha resuelto prudentemente estudiar los términos de la respuesta para no contribuir a precipitar una crisis internacional. Pero más allá de los consejos que dicte el sentido común queda claro que la respuesta del régimen de los ayatolás ha sido beligerante y fundada en el principio de que la mejor defensa es un buen ataque.

El régimen de Ahmadinejad no ha dado ninguna respuesta seria acerca de la cuestión de fondo, es decir, de la responsabilidad de ocho funcionarios de la embajada de Irán en la Argentina respecto del atentado terrorista que provocó la muerte de casi un centenar de personas. Su afirmación de que dispone de la certeza de que ningún ciudadano de Irán ha estado involucrado en este episodio es, en el mejor de los casos, exagerada. Irán debe responder por ocho funcionarios y no responde, por lo que mucho menos se le puede creer que esté en condiciones de asegurar que los 65 millones de habitantes no tengan nada que ver.

Asimismo no deja de ser por lo menos sospechosa la manifestación acerca del dolor que le provocan los muertos de la Amia, sobre todo cuando estas palabras son pronunciadas por un gobierno que alienta y financia a grupos terroristas islámicos y no ha vacilado en expresar su odio contra los judíos. En este contexto, la sobreactuación es un recurso diplomático de dudosa moralidad y eficacia.

Respecto de la cuestión de fondo, hay una amplia coincidencia en las diferentes investigaciones acerca de la responsabilidad de estos ocho funcionarios iraníes. Sin duda hay que seguir investigando las relaciones con la llamada conexión local, pero la prueba acumulada y los indicios convergentes señalan que el atentado terrorista de julio de 1994 se planificó en la embajada de Irán.

Como se podrá apreciar, el tema es grave porque se trata de un ataque en territorio argentino por parte de un país que se vale de la inmunidad diplomática para actuar. En otras condiciones históricas, esta conducta de Irán hubiera justificado la ruptura de las relaciones diplomáticas y algo más. Los tiempos han cambiado y se privilegia la actitud paciente y los consensos internacionales en lugar de las rupturas intempestivas. No obstante, la gravedad del asunto salta a la vista, reforzada en estos días por las temerarias declaraciones del gobierno de Irán.