UN PROBLEMA QUE NO ES NUEVO

Granja La Esmeralda: animales muertos y poco mantenimiento

Siete monos Carayá, doce ñandúes, tres tapires hembra y dos monos Araña son algunos de los animales que murieron en los últimos meses por distintas causas en la Estación Zoológica Experimental. También se escapó un Aguará Guazú.

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En uno de los corrales donde habitaban doce ñandúes, hoy viven animales de otras especies. Según las fuentes consultadas por El Litoral, los ñandúes murieron al ser atacados por perros. Foto: Mauricio Garín

 

De la Redacción de El Litoral

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De los siete monos Carayá que había en una de las jaulas de la Granja La Esmeralda no queda ninguno. Todos se murieron de frío en el invierno, al romperse la calefacción que les permitía apaciguar los efectos de las bajas temperaturas. Los doce ñandúes que estaban en el corral más próximo a la puerta de acceso -no es el único con esta especie- corrieron la misma suerte. También murieron, pero a causa de varios perros que al encontrar el alambrado roto ingresaron para atacarlos.

El Litoral recabó información de fuentes directamente vinculadas con la Granja, quienes solicitaron que se mantuviera en reserva sus identidades.

Estas fuentes hicieron hincapié en la falta de mantenimiento del lugar que se presenta como “un centro de rescate, reproducción e investigación de la fauna silvestre autóctona”. A la muerte de los siete monos Carayá y de los doce ñandúes, se suma el deceso de dos monos Araña, de las únicas hembras tapires que garantizaban la reproducción de la especie y el escape -por unas horas- de un Aguará Guazú hacia el barrio situado detrás de la única Estación Zoológica Experimental que tiene la ciudad, por falta de un alambrado.

“Cualquier persona que vaya hoy a la jaula de los monos Carayá se va a encontrar con un búho, salvo que ingrese alguno que fue decomisado. El que pase por el primer corral de los ñandúes va a haber que hay un guanaco y un ciervo”, manifestó a El Litoral un allegado a la granja. Y agregó: “La Granja La Esmeralda siempre se caracterizó por tener un plantel reproductivo de tapires. Esa situación no va a ocurrir nunca más porque sólo quedaron dos machos. Se murieron las tres hembras de tapires que había, seguramente como consecuencia de alguna enfermedad”.

Otra de las irregularidades denunciadas tiene que ver con la ausencia de registros y de informes veterinarios. “Bicho que muere va a un pozo y listo”.

Poco mantenimiento

La Granja La Esmeralda abrió sus puertas al público en noviembre de 1983. Sin embargo, su creación está registrada en la década de 1970 como una Estación Zoológica Experimental dependiente del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la provincia ya que su objetivo era desarrollar planes de experimentación sobre las especies silvestres a los fines de generar las bases técnicas para una normativa sobre el manejo de la fauna en la provincia. Actualmente, depende del Ministerio de la Producción.

“El estado de la granja es lamentable. No es que antes eras una joya, pero por lo menos se planificaban mejoras y avances. Empezó a retroceder en 2007, antes del recambio de gobierno”, indicaron fuentes del interior de la Estación Zoológica. Y agregaron: “A los animales, alimento no les falta. El problema está en la ausencia de mantenimiento del lugar. En la jaula de los Carayá, sólo se debía cambiar un cable pero como no se hizo murieron”.

Cabe recordar que el 3 de noviembre de 2008 El Litoral publicó una nota donde se denunciaba el poco espacio y las malas condiciones para los animales. Tres días después, desde el Ministerio de la Producción de la provincia se anunció una serie de medidas para mejorar el lugar y las condiciones laborales del personal y garantizar a los animales sanidad y nutrición.

Sin embargo, las fuentes consultadas por este diario plantearon que lo único que se hizo fue incorporar por seis meses a unos pasantes de veterinaria, algunos arreglos en los baños y comenzar a comprar las cabezas de pollo para los animales carnívoros que antes se recibían como donaciones.

Para el gobierno “es todo mentira”

Consultado por El Litoral sobre las denuncias de muertes de animales en la Granja La Esmeralda, el subdirector de Ecología de la provincia, Carlos Cecchini, manifestó que “es todo mentira”.

“Tenemos fotografía de todos los animales de la granja, por lo que me hago cargo de lo que digo al afirmar que todo es mentira”, fueron sus palabras.

Sobre la muerte de los siete monos Carayá, Cecchini indicó que “sólo un mitómano puede decir algo así. La calefacción funcionó todo el invierno”. Sobre los ñandúes y los tapires, precisó que “no me consta, pero lo niego categóricamente porque hay una guardia permanentemente y registros de cada situación que ocurre en la granja y me hubiese enterado”.

Con respecto a los monos Araña señaló “no sólo que no murió ninguno sino que nacieron dos”. Sobre el Aguará Guazú que se escapó por la ausencia de un alambrado reconoció que debe repararse una parte de él pero que “la especie nunca salió del predio”.

Uno de los veterinarios de la Granja La Esmeralda, que pidió reserva de identidad, coincidió con los dichos de Carlos Cecchini.

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OTRA MIRADA

 

ESPECIAL PARA EL LITORAL

Una vergüenza para la provincia

Pablo Tabares (*)

La única justificación moral para tener un animal silvestre en cautiverio es que el mismo sirva para generar conocimiento a través de la investigación y acciones y recursos que sirvan para promover la conservación de su especie en sus hábitats naturales. S e da por supuesto que si estos requisitos se cumplen, los animales en cautiverio deben estar en condiciones de salubridad, higiene y seguridad adecuadas. Ninguna de estas dos condiciones se cumplen en la Estación Zoológica Experimental que conocemos popularmente como Granja La Esmeralda.

No se genera investigación, los animales se hallan en una situación de precariedad absoluta, tanto en su salubridad como en su seguridad física; y los recursos que genera la Granja Esmeralda por la entrada que pagan sus visitantes no financian ninguna acción de conservación concreta, directa o indirecta. Tenemos allí a nuestros animales en una situación de abandono escandalosa. Basta recorrer la Granja para ver la mugre en la que se encuentra, la situación precaria de sus instalaciones, el hacinamiento de sus animales y el abandono y desidia general que predomina en dicho sitio. Basta hablar con los guías y con trabajadores en el lugar para enterarse de historias que bien permiten definir a la Granja como un campo de tortura de animales por las situaciones a las que se hayan expuestos y por los hechos que efectivamente ocurren.

El problema, fundamentalmente, está dado por la ausencia de un Plan Estratégico para que La Granja La Esmeralda pueda cumplir con su misión y objetivos. Apenas asumidas las autoridades del Ministerio de la Producción, que tiene a su cargo la administración y manejo de este sitio, hemos puesto a disposición de la Granja recursos materiales y económicos con la única condición de ser aplicados en el marco de un Plan Estratégico. Seguimos en este punto igual que en 2008.

Otro punto que también explica la actual situación de La Granja lo encontramos en la nueva ley de Ministerios (Nº 12.817) que este gobierno impulsó y que fue aprobada con acuerdo del justicialismo el 29/11/07. Esta ley significó que la Secretaría de Medio Ambiente pierda su jurisdicción sobre la Granja La Esmeralda. Esto ha sido un error político de primer orden, ya que le sacó el manejo al área ambiental de la provincia y se lo dio al área de producción.

Hoy ninguna sociedad moderna y humanista puede justificar tener animales enjaulados con el único y exclusivo fin de tener un paseo donde ir a mirar y conocer los mismos como una curiosidad o un juego. Hoy los zoológicos (entendidos como lugares donde hay animales silvestres en cautiverio y que pueden ser visitados por el público) tienen razón de existir sí y sólo sí los recursos que dicha visita genera (entrada, merchandising, concesiones de bares, atracciones, etc.) son destinados a financiar acciones concretas de conservación de los mismos en los hábitats donde habitan en forma silvestre.

El Ministerio de la Producción debe hacer público los recursos que la Granja genera y debería asignarlos, a través de mecanismos transparentes, a proyectos de conservación concretos. En definitiva, debe definir una política para La Granja La Esmeralda o sincerarse y decir lo que hoy muestra la realidad de los hechos: que no le interesa en absoluto, o que no sabe qué hacer con ella, lo cual es lo mismo a efectos prácticos.

Las únicas opciones éticas o moralmente aceptables son cerrar la Granja, o dotarla de Plan Estratégico que le dé la justificación de mínima que hoy exige toda sociedad moderna. Apelamos por esto a nuestro gobierno.

(*) Vicepresidente Fundación Hábitat y Desarrollo.

Este artículo de opinión fue elaborado por solicitud de El Litoral.