Los mensajes de Fecol
Días atrás, los organizadores esperancinos de la Feria de las Colonias (Fecol) ratificaron públicamente lo que ya se sabía tras la finalización de la exposición multisectorial: fue un gran éxito, con casi trescientos expositores, 40.000 visitantes y fondos que la organización reinvertirá en su predio. Según la síntesis efectuada, se triplicaron la cantidad de expositores, la cantidad de visitantes y la facturación.
Pero, por sobre todas las cosas, quedó instalado un sentido de orgullo y de objetivos logrados en Esperanza, la ciudad capital del departamento Las Colonias, que ha tenido y conserva un sostenido crecimiento poblacional que la pone a las puertas de un cambio de escala que invita a repensar objetivos y planificar los próximos años. Ese sentimiento que se desprende de Fecol es que la ciudad, sus principales fuerzas activas (estuvieron involucrados el Cicae -la entidad organizadora que nuclea a empresarios y comerciantes-, la Sociedad Rural y participaron, por encima de diferencias partidarias, las distintas fuerzas políticas) pueden todavía zanjar diferencias, trazar metas superadores y ponerse a trabajar para alcanzar un objetivo común.
Precisamente Esperanza debe salir a responder al crecimiento mencionado, tratando de llevar servicios a nuevos barrios, pues, se sabe, la construcción en determinados lugares es más rápida que cualquier respuesta municipal. En general, las ciudades corren “de atrás”.
No obstante, lo más importante que debe resolver Esperanza como ciudad es el evidente cambio de escala y la necesidad de adoptar -con mínimo margen de error y el mayor consenso posible- decisiones estratégicas, como un parque industrial, circunvalación, vinculación vial, edificación, seguridad, entre otros. En breve, estará terminada la circunvalación santafesina, que unirá en cuestión de minutos a Santa Fe con Esperanza, resolviendo, por un lado, inconvenientes de conexión, aunque incorporando otros.
También debe solucionar la dificultosa travesía vial por la colapsada Ruta 70 -cruzar la ciudad es un suplicio-, un corredor que reclama intervenciones mayores que exceden las posibilidades de un municipio, pero que deben ser pensadas como parte de una estrategia regional, acorde con el creciente movimiento e impacto comercial e industrial de la zona.
Todo ello debe hacer “Esperanza” -una construcción colectiva, una marca que nació de la diversidad de la inmigración y que debió resolver desde su mismo nacimiento diferencias esenciales- en momentos en que se advierte en su dirigencia política -tanto en el partido gobernante como en la oposición- un gran encono y niveles de agresividad desconocidos que no ayudan a plantear metas superadoras y que distraen o dificultan la acertada toma de decisiones. Fecol es un buen ejemplo, no el único pero sí uno cercano y exitoso: se puede trabajar igual a pesar de las diferencias; deben acordarse rumbos y objetivos más allá de la coyuntura, con el único fin de que Esperanza y la región continúen aportando su fuerza, su concepción del trabajo y su creatividad a toda la provincia y al país.




