Cuadros de estrés y fatiga crónica
Salud Mental: los más afectados son docentes, médicos y policías

El Dr. Eduardo Goldberg contó que Santa Fe es la ciudad con mayor ausentismo laboral docente por patologías psicológicas.
Foto: Pablo Aguirre
Estas tres profesiones asistenciales son las que padecen más enfermedades psicosociales. Las causas son la sobrecarga horaria, las presiones y “los roces” con los compañeros de trabajo. Ésta fue una de las conclusiones de una jornada que realizó el Colegio de Médicos de Santa Fe.
De la redacción de El Litoral
Ester es una docente con muchos años frente al aula y no sabía cómo explicar lo que sentía cada vez que se encontraba con sus alumnos: no tenía la energía para hacer su rutina laboral como todos los días, estaba desmotivada y se mostraba sin interés por algo que antes la estimulaba y daba sentido a su vida.
Las presiones, la sobrecarga de responsabilidades y los roces con sus compañeros de trabajo habían sido suficientes para completar ese panorama. Cuando consultó a su médico, le dijo lo que pensaba: padecía estrés laboral.
La docencia -al igual que el área de seguridad y de la salud- es una de las profesiones que tiene más incidencia en la afectación de la salud mental por cuestiones laborales, según alertó el Dr. Eduardo Goldberg, médico psiquiatra, quien recientemente tuvo a su cargo de la Jornada de Salud Mental Laboral, organizada por el Colegio de Médicos de la provincia. Incluso, aseguró que Santa Fe es la primera ciudad de la provincia con más ausentismo laboral docente por salud mental.
Goldberg explicó que los trabajos asistenciales no son iguales a los de oficina. “Como hay un involucramiento humano no es muy fácil cortar; entonces, el estrés se sostiene y, cuando aumenta, pasa a denominarse distrés. Esto sucede cuando el estímulo es demasiado potente y depende de la vulnerabilidad de la persona. Gesta una patología ocupacional con un trasfondo de estrés, con complicaciones como los trastornos de ansiedad”, analizó el especialista, que es auditor del Pami Santa Fe y se desempeñó en las Juntas Evaluatorias de Salud Laboral dependientes del Ministerio de Educación provincial.
Viciado y enfermizo
Tras aclarar que, “antes, en los docentes ganaban más terreno las patologías orgánicas, como las otorrinolaringológicas (disfonías), las cardiopatías o las osteoarticulares”, mencionó que en la actualidad la situación ha cambiado y que se advierten en ellos -al igual que en las otras profesiones mencionadas- las denominadas enfermedades psicosociales.
“Parten de un desequilibrio en la comunicación entre los integrantes de una comunidad, cuando se corre del terreno de la salud al de la enfermedad, y se transforma en un ámbito viciado y enfermizo, y empiezan a sufrir tanto el cuerpo como la mente del que está involucrado”, planteó.
Al respecto, aseguró que “también puede haber una manifestación de tipo depresiva, con la desmotivación o incapacidad de tener la energía suficiente para enfrentar una determinada rutina laboral. Si había vocación y se perdió, se demuestra en falta de interés. Antes, ese trabajo era el cable a tierra de esa persona y, luego, pierde el sentido, el eje. Es como si al médico le molestara estar con sus pacientes. Se empieza a sentir rechazo por lo que antes atraía”.
Goldberg aseguró que el desequilibrio se instala como una situación de estrés sostenido. “Si partimos de que se supone que al trabajo lo hacemos vocacionalmente, porque nos gusta (si no, estamos mal predispuestos), comienza a evidenciarse una desmejoría en la actividad; se pierde placer y gana terreno el dolor, motivo que lleva a analizar por qué se da esto”, advirtió.
Ir a las raíces
Por último, el profesional aconsejó que, “si uno llega a este tipo de situación límite, se pueden dar dos alternativas: afrontar la situación o evitarla. Si no hay recursos para solucionarla, no te queda otra solución que correrte y evitar el estímulo por una cuestión de supervivencia (por eso existe la licencia, el alejamiento laboral). Pero esto no soluciona del todo el problema, si no sólo por un tiempo, para refrescar la cabeza; sin embargo, cuando esa persona vuelve a su ámbito laboral, se encuentra con la misma situación o peor”.
En este sentido, el especialista planteó que “hay que solucionar la raíz del problema, pero también hacer prevención, acercándose a esas situaciones problemáticas y tratar de entenderlas para ver qué pasa y aportar soluciones. Para eso, hay que organizar un sistema de recursos humanos (desde los jerárquicos hasta los más básicos) que se comprometan a sanear esa institución. Lo ideal sería tener mediadores, por ejemplo”.
Una de las conclusiones de Goldberg fue que, para que “los soldados que están en la trinchera (docentes, médicos, policías) se sientan mejor, deben estar dirigidos por “generales’ de calidad, que respondan con responsabilidad ante una determinada situación, sin mirar para otro lado y dejándolos solos. Por eso, las esferas jerárquicas deberían recibir capacitación para saber cómo desarrollar habilidad social y, luego, se deben aplicar recursos de organización, que incluyan cómo disponer de los tiempos de manera de hacer prevención de sobrecarga de trabajo en algunos empleados, sin entrar en el facilismo”.




