Las proteínas que no se exportan

Los santafesinos vuelven a comer pescado de río

Lo lograron el río -que contó varios meses de crecidas y ahora otra vez baja- y también los límites a la depredación exportadora. Hay más pescado para el consumo interno. Consejos, precios y placeres.

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Guisado de Surubí.

Foto: Archivo El Litoral

 

Luis Rodrigo

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En Rincón, las gancheras improvisadas, puestas a la sombra de los pocos árboles que le quedaron a la vera de la Ruta Provincial Nº 1, los muestra brillosos y espléndidos: hay dorados, bogas, patíes y hasta surubíes sin congelar. Los amarillos para una fritanga a sólo 7 pesos el kilo.

A unos pocos kilómetros, en el puesto El Caburé, de Colastiné, pasadas las 10 de la mañana del domingo, se hace cola para mirar, cumplir un mandado o dejarse tentar. Hay fileteado a 12 pesos.

A lo largo del camino de la Costa y en la ciudad, los comedores de pescado anuncian -y sirven- pescado de río. Viejos conocidos vuelven a la mesa: a la parrilla, al paquete, en escabeche, al disco, como chupín o en clásicas albondiguitas de Chiquito Ulerich y empanadas fritas. (¿Puede ser otra milanesa?).

Lejos del infierno del tránsito de cada fin de semana, a diario, las lanchas y las canoas vuelven felices a la costa. Hay pescado, “el río está contento”, dicen -animistas- animados pescadores, de oficio o deportivos.

En la costanera santafesina, en vez del absurdo faro “marino”, los chicos miran si flotan, se hunden o al menos tiemblan contrariando las ondas de la Setúbal, las boyas de sus mojarreros. Ya que dejaron el mouse, sus padres o sus tíos les relatan sobre las fantásticas capturas de otros años. El río les ha dado a todos otra oportunidad, incluso a los imprescindibles mentirosos propensos a separar demasiado las manos...

Precios

“Hay mucha más oferta”, dice Sergio Mauri, con años el mostrador del mercado interno. Sabe que en el aumento del consumo de pescado de río tanto tuvo que ver éste como el valor de la carne vacuna.

“Esperemos que el precio se sostenga, y que no tengamos otro aumento en los combustibles, porque cada vez que sube la nafta sube el pescado: es el costo fijo del pescador, porque ellos saben ingeniarse para sobrevivir casi con nada pero a la hora de salir al río como mínimo necesita 10 litros de súper para el Villita”, dice en homenaje al inagotable y traqueteador motor de un pistón.

“El pescado de río ha sustituido prácticamente al de mar”, replica desde el sur santafesino Carlos Billarreal, líder del sindicato de pescadores que antes cortaba las rutas para reclamar por el trabajo de ese sector y ahora defiende su sustentabilidad y la adopción de medidas de protección y sostén del precio del pescado.

“Los frigoríficos no nos daban más que un peso, incluso $ 0,50 por cada pieza de sábalo y hoy está a $ 3,50 el kilo. Y esto que se logró con el sábalo para exportación también se puede llevar al pescado para mercado interno, que se cuide el precio para que se extraiga menos”, afirma Billarreal.

De la feria de las cuatro vías se va contento Germán, en bici hasta Villa del Parque. Su mujer le ha prometido surubí al limón, en horno de barro.

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Las clásicas tentaciones santafesinas.

Foto: Archivo El Litoral

Una boga al horno

“Sí, sí hay bichos lindos”, dice por teléfono Juan Carlos Mottier, que sobre pique, anzuelos, líneas y carancheo no necesita presentación.

Lo esperan una boga al horno y su familia pero igual atiende a El Litoral. “Ahora comenzó a bajar el río pero lo importante es que, antes, la crecida le vino muy bien. Como anduvo bastante por los 6 metros y luego volvió a una bajante, sale más”, dice el Cholo, que habla por teléfono casi como en sus columnas en el diario -maravillosas y atildadas- que dieron a la pesca en Santa Fe el lenguaje necesario para hacerla un arte.

“Coincido con el diagnóstico; es una felicidad ir al río y ahora sí traer pescado, más que nunca debemos insistir en ser muy cuidadosos en no desaprovechar esta oportunidad que otra vez nos regala la naturaleza. Hay que seguir con todas las medidas de protección y favorecer la reproducción”, aconseja.

Recomienda especial cuidado con “los furtivos”, gente que usa las mallas como un colador y “hacen un desastre, atrapan todo lo que trae la corriente”.

Sugiere ir a las orillas con los chicos, caña o mojarrero, anzuelo mosca y gorra para cuidarse del sol. “En nuestra zona, hace 15 días, con los calorcitos, aparecen muchas palometas: sirven para aprender a pescar porque no es fácil clavar una palometa y mucho menos sacarle el anzuelo”, comenta antes de dar una lección sobre la boca del temible pez.

Pide dejar en paz los cardúmenes de doraditos que son muy fáciles, y (a los que saben pescarlos) devolver los sabalitos al agua.

Mottier sólo se ríe cuando se le cuenta que cerca de las cabañas de la Ruta 1 se ven legiones de cordobeses entretenidos en darles de comer lombrices a los sabalitos, que rara vez dejan el agua. Valora el placer de las capturas y las devoluciones: las imágenes han educado mucho, afirma.

“Hay cachorros, atigrados y pintados”, dice de los surubíes y recuerda que en Reconquista en el certamen de pesca con devolución atraparon 850. “La pieza mayor de 112 cm, con un peso estimado de entre 9 y 10 kilos”, dicta el experto.

“Coincido con el diagnóstico; es una felicidad ir al río y ahora sí traer pescado, más que nunca debemos insistir en ser muy cuidadosos”


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Juan Carlos Mottier, consagrado cronista de la pesca.

Foto: Archivo El Litoral

 

 

Mackler: no habrá cheque en blanco

El secretario de Medio Ambiente César Mackler dijo que era previsible que tras la crecida hubiera más pescado: “es común que al comunicarse las lagunas con el río mejoren luego en la bajante las condiciones para la pesca: pero atención esto no va a ser un cheque en blanco”.

“Vamos a seguir con los mismos principios precautorios y a disminuir los cupos de exportación, que sea cada vez menor para fortalece el mercado interno”, destacó Mackler.

Para el funcionario hoy existe “una leve recuperación” pero “sin dudas es inviable extraer más, porque ya la historia ha demostrado que cuando hacemos eso incorporamos más gente e inversión a la actividad de lo que el río puede sostener”.

Más preciso, agregó: “si se pesca para el consumo interno no habrá problemas importantes, pero si se repite sin sustento la opción por exportar más nos vamos a asegurar que perdemos lo que hemos logrado, gracias a las medidas adoptadas y al propio río”.

“Cada vez que el río y el Estado lo permitieron se creó una industria atada a la exportación, sin controles, que logró resultados que no fueron sustentables. Y al resultado lamentable de esas acciones lo vemos cada año en la necesidad de otorgar un subsidio a los pescadores durante la veda”, añadió.


Taruchas en el sur

Aquí, tararira o dientudo. En la zona de Rosario, tarucha. Dicen que abundan en todo el sur provincial y que como aquí los amarillos son -por precio- la especie que más se come.

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Para probar, deleitarse, gozar, degustar o por qué no, caranchear.

Fotos: Mauricio Garín-Archivo El Litoral

Obvio: las prohibiciones suben la reproducción

La legislación santafesina que consagra vedas anuales durante tres meses, las políticas públicas de la provincia para restringir las exportaciones de sábalos (en ocasiones sostenidas pese a las liberalidades tomadas a nivel nacional) y la decisión de privilegiar el consumo interno, tanto como las condiciones ambientales favorables han mejorado la reproducción de los peces.

Néstor Biasatti, subsecretario de Recursos Naturales de la Provincia, pidió a todos los involucrados sostener una visión de mediano y largo plazo. “Que nadie piense: “hay más pescado, vamos por él’, porque está claro que luego eso no es sustentable”.

Para Biasatti sólo se pueden hacer especulaciones sobre por qué hay hoy más pesca y sobre todo más variedad y calidad para el mercado local.

“Los estudios sistemáticos -explicó- están orientados exclusivamente al sábalo, son periódicos y sirven para fijar los cupos de exportación. Son trabajos de relevamiento en los que en realidad hay una acción interprovincial y nacional. Sólo está cuantificado lo que ocurre con los sábalos son el objeto de un perverso esquema que por años ha privilegiado la exportación”.

“De todas formas es evidente que esas mediciones y observaciones sobre otras especies muestran que se repoblaron o tienden a repoblarse las especies, desde la última temporada con posterioridad a la creciente”, agregó.

Para el licenciado Biasatti lo que ocurre “es una circunstancia y no puede significar levantar las barreras que le pusimos a la pesca comercial”. Ocurre que “se tomaron las medidas adecuadas, que se sostienen en esas decisiones con políticas activas, y que hay un momento también adecuado en el nivel del río”.

“Hoy tenemos un conjunto de situaciones favorables pero eso no debe ampliar la presión de pesca, porque de una situación desfavorable cuesta mucho más volver... Si nos manejamos con la visión del mercado es crearía una situación que en el corto plazo, en cuanto baje la pesca será insostenible desde lo ambiental, porque se daña todo el sistema, desde lo económico porque luego no hay cómo cubrir la demanda y desde lo social porque se lleva gente a una actividad que más adelante se revela imposible”, advirtió el funcionario.

Dijo que con una visión de mediano y largo plazo se comprueba que históricamente “ha existido cierto equilibrio entre el sistema pesquero y la demanda por el consumo interno”. Y que en cambio la presión de pesca exportadora ha sido destructiva: “se termina la pesca de calidad y se privilegia la cantidad, durante décadas se han buscado sábalos para la exportación sin importar el tamaño de cada pieza”.

Santa Fe busca “fortalecer un sistema que valore la diversidad y el agregado de valor a la mercadería: favorecer el consumo interno y poner en caja la exportación, que es todo lo opuesto: extraer una sola especie sin observar calidad”.

/// análisis

Una receta rinconera

L.R

Dejarse estar. Todo lo que había que hacer puede quedar para mañana. Mejor unos mates que cortar el pasto y preferir quedarse en patas a descalzarse.

Hundirse en la arena y vaciar la cabeza. Ver pasar el tiempo en un patio sereno. Dedicarse a cuidar que el Sol se ponga rojo, amarillo y finalmente sea de un naranja tibio hasta quedar a la altura de sus sombras alargadas.

Ir para el terraplén y, al ver el Ubajay, fingir que no se los mira. Que se ha pasado por ahí con otro propósito. Si se puede, preguntarles por otros pescadores...

Ver cómo sus pulgares aprietan las blanduras blancas de las panzas de los pescados. Un corte seguro mientras aún cabecean, fuera tripas y una nueva remojada marrona.

El precio se pregunta, no se pelea. La rebaja viene sola, después de un silencio del comprador.

Hacer el fuego. De un par de hachazos con la cuchilla convertir en postas a los amarillos. Todo a la olla de hierro. Que no falte el vino.