Celebraciones en Israel
A 15 años del magnicidio de Rabin
Fue asesinado el 4 de noviembre de 1995 a balazos por un joven ultraderechista judío frente a la intendencia de Tel Aviv.
El presidente de Israel, Shimon Peres, rinde respeto ante la tumba de su amigo, Isaac Rabin, durante los actos celebrados en su recuerdo, en el cementerio militar del Monte Herzl, en Jerusalén, Israel. Foto: AGENCIA EFE
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Télam
Constructor de la guerra, pero también amante de la paz, Isaac Rabin fue un líder israelí que llevó las relaciones con los palestinos a un nivel de confianza del que jamás gozaron sus sucesores.
Asesinado por un fanático judío, el 4 de noviembre de 1995, Rabin no sólo fue un dirigente indiscutido de su país sino que condujo al apogeo al socialdemócrata Partido Laborista (Avodá) que, en los últimos años, experimenta una constante declinación.
Durante un reciente encuentro partidario, la diputada laborista Eina Wilf pidió que se reemplace un enorme retrato de Rabin, que preside la sala de su partido en la Knesset (Parlamento), por otro del fundador de Israel, David Ben Gurión.
Wilf propuso poner fin al memorial anual que se realiza por Rabin, quien para algunos israelíes representa la paz con los árabes y los palestinos y para otros, una aventura destinada al fracaso.
Poco meses después de su magnicidio, el laborista Shimon Peres (presidente israelí hoy) perdió las elecciones contra Benjamin Netanyahu, actual primer ministro israelí, del Partido Likud.
“Quince años han pasado desde el asesinato del primer ministro Rabin y el campo político -cuyos fundadores establecieron el Estado de Israel- está confuso y dividido. El partido que fue el conductor del campo político (Laborista) ha sido desintegrado”, señala Attila Somfalvi en una nota del diario Yediot Aharanot.
El analista dice que “los dirigentes del presente y del pasado parecen estar de acuerdo en que Ehud Barak (actual titular del Laborismo) está desmantelando el partido” y señala que la reconstrucción tendría que ser hecha mientras e Avodá está en la oposición.
Rabin, que nació en Palestina en 1922, de una madre rusa y un padre ucraniano-estadounidense, peleó contra la ocupación británica y más tarde contra los árabes luego de la creación del Estado de Israel en 1948.
También tuvo una destacada actuación como comandante de las Fuerzas de Defensa de Israel durante la Guerra de los Seis Días en 1967, cuando Israel capturó vastas áreas de su actual territorio, entre ellas Cisjordania y Gaza, el oeste de Jerusalén (que en entonces formaba parte de Jordania), la Península de Sinaí (Egipto) y las Alturas del Golán (Siria).
“Fue un soldado nato, dedicado y bravo. Igualmente, fue un torpe político, malhumorado y desafilado que llegaba a la grosería”, dijo Gerald Butt en un artículo de la BBC de Londres.
“Cuando hizo la paz con los palestinos, los israelíes se sintieron confiados y no temieron por su seguridad. Pocos líderes israelíes han gozado de la misma confianza” afirma Butt.
El 13 de septiembre de 1993, Rabin y Arafat se estrecharon las manos en la Casa Blanca, en Washington, en presencia del ex presidente Bill Clinton. Rabin, de 73 años, se mostraba reluctante a realizar este gesto ante el entonces jefe de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), porque pensaba que podía ser considerado un traidor por los sectores de extrema derecha israelíes.
El 4 de noviembre de 1995, fue asesinado a balazos por un joven ultraderechista judío llamado Yigal Amir, poco después de pronunciar un discurso por la paz frente a la intendencia de Tel Aviv, en lo que hoy se conoce como Plaza Rabin, cerca de la costa del Mediterráneo.
De inmediato, surgieron toda clase de teorías sobre quién había cometido el magnicidio.