Un cura llegado de Brasil
Cuando la fe mueve montañas
Mes a mes aumenta la cantidad de concurrentes a la misa carismática de los Agustinos Recoletos. Quienes tienen problemas familiares o de salud aseguran que les hace bien. Un fenómeno que más que explicarlo, tiene que ser vivido.
En tiempos de descrédito y escepticismo, el padre Ivanildo logra que muchos recuperen su fe. Foto: Pablo Aguirre
Agustina Mai
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Hombres, mujeres, jóvenes, adultos, niños, familias enteras, sanos y enfermos... todos asisten a la misa carismática del padre Ivanildo, el último jueves de cada mes en la parroquia Agustinos Recoletos.
¿Qué tiene de especial esta ceremonia que logra congregar a cientos de personas? “Nos hace bien espiritualmente”, afirman al unísono Susana y Marina, dos mujeres que llegan temprano para encontrar lugar donde sentarse. “Cuando el padre habla, te hace llorar, te liberás de un montón de tensiones. Hay que vivirlo porque contarlo con palabras no se puede”, dice Beby, que asiste desde hace cinco meses.
La misa de sanación congrega a muchas personas con problemas familiares o de salud, quienes aseguran que les hace bien. “Siempre tuve problemas en las cervicales, que me daban mareos. Desde que vengo a la iglesia estoy perfecta”, dice una señora.
“Algunos dan su testimonio: gente que sufría ataques de pánico agarra un micrófono delante de cientos de desconocidos y habla de su bienestar”, relata una joven.
“Mis hijos pasaron seis años sin dirigirse la palabra, hasta que mi hija vino a verlo a Ivanildo. ¡Es grandioso lo que Dios puede hacer!”, cuenta Cristina.
“Algunos vienen porque están con cáncer, otros porque no tienen trabajo o porque tienen un nene enfermo. Todos tenemos algún problema. Entonces oramos en conjunto para tener más fuerza. Algunos dicen que cuando están orando ven al Espíritu Santo o lo sienten”, trata de explicar otra mujer que asiste regularmente a la misa del padre Iván.
El poder de la fe
“Nuestra gente anda muy necesitada, con mucho vacío existencial y en busca de un sentido. Creo que en el fondo está esa búsqueda de algo trascendente para llenar su vacío. Esta misa viene con esta propuesta. El que sana es el Señor”, explica Ivanildo -con su acento brasileño- a El Litoral.
En un año, este cura logró multiplicar -de manera increíble- la cantidad de personas que asisten a la misa carismática. Él asegura que es “por obra del Señor”.
Ivanildo está convencido de que la fe mueve montañas: “Cuando hablo con la gente les repito las palabras del Evangelio: “Tu fe te ha curado’. Si te sanás de alguna enfermedad es por Dios, que obra a través de tu fe y de los sacerdotes, que somos meros instrumentos”.
Esta fe tan poderosa implica un compromiso por parte del creyente. “Siempre propongo la fe como camino, como algo dinámico, que supone participación. Mucha gente viene en busca de soluciones mágicas. Pero acá no hay soluciones mágicas. Lo que te puedo entregar es un camino a recorrer: vida de oración, sacramentos, dirección espiritual... y las cosas se van dando poco a poco”.
“A veces tenés un problema y necesitás aferrarte a algo. Tener fe ayuda mucho”, sostiene una mujer, minutos antes de la misa.
Ivanildo concluye que lo más importante es encontrar un sentido a la vida. “A veces la enfermedad sigue, pero uno ha encontrado un significado que la hace más soportable. Y eso es gracias a Dios”.